La contribución de los documentos sociales de la Iglesia consiste no sólo en ofrecer orientaciones a los creyentes, sino también en dialogar públicamente con otros actores y otras miradas sobre la realidad. Este es justamente el ámbito social en el que quieren situarse documentos sociales como la encíclica Laudato si´, que trata “especialmente de entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común”.

¿Qué puede ofrecer la teología, la moral o una filosofía fecundada por una sabiduría religiosa al mundo de hoy? De entrada, alzar una voz pública como esta, puede generar rechazo ante la supuesta ausencia de posesión de una voz legitimada para hablar de asuntos mundanos, sin competencia científica o técnica. Es verdad que una tradición religiosa como la judeocristiana no provee de manuales técnicos y científicos para manejar o entender cada una de las realidades del mundo. Pero la contribución no es la de ofrecer un saber exhaustivo inmediato para manejar y descifrar el mundo, sino un saber reflexivo justamente sobre las técnicas, las ciencias, y los procesos sociales.

Para ello se vale de la mediación de las ciencias, pero estas no se usan sino para ser integradas en una mirada mayor de conexión entre partes y procesos aparentemente incomunicados, y para dialogar con ellas desde una sabiduría propia fundada en su tradición histórica y cultural. Esta tradición propia puede dar cuenta de dimensiones de la realidad donde los seres humanos se juegan su desarrollo y su sentido en el mundo que han podido ser injustamente negadas en los últimos siglos. Por ello, sobre las ciencias también se ejerce una cierta cautela epistemológica en la medida en que no contribuyan simplemente a profundizar en ciertos campos, sino que a su vez, pretendan alcanzar una posición prescriptiva acerca de lo humano o de su hacer en el mundo. Por ejemplo, si la ciencia económica llega al reconocimiento de un homo oeconomicus o de una racionalidad económica unidimensional, que establece como medida única de lo humano, la Iglesia (y otros), pueden reconocer otras dimensiones negadas o desplazadas por un tipo de ciencia económica que no agota la riqueza de lo humano y las posibilidades de su racionalidad.

La aplicación de un saber reflexivo e informado por las ciencias, como el que se pone en marcha en algunos documentos sociales de especial trascendencia, lo que ofrece es un discernimiento histórico, como apuntamos en la anterior entrada. Este discernimiento provee una síntesis y una evaluación de las líneas de fuerza que están marcando el rumbo de la realización social en algunos campos, y es fuente de inspiración para  alcanzar una posición más sabia, más realista y aterrizada que posibilite juzgar, orientar y animar las responsabilidades comunes, de creyentes y de otras tradiciones. El objetivo no es simplemente evaluar, sino ser capaz, con todos, de reorientar la marcha del proceso histórico del conjunto de la humanidad, donde juegan unas y otras tradiciones. Señalar límites, y reconstruir el rumbo. Buscar alternativas.

Ello implica también una mirada crítica (e intento de superación) del proceso cultural moderno que hoy es el que tiene más capacidad de configuración de la marcha del mundo. A mi juicio, ello es lo que se realiza en esta encíclica cuando se enfrenta la causa cultural de la crisis socio-ambiental en la que hoy estamos situados. Aquí se realiza una crítica de la cultura moderna que podríamos decir tiene un carácter post-ilustrado. No se trata, como puede leerse en sus análisis, de una reacción antimoderna o de una vuelta acrítica a formas premodernas de cultura y organización social. Pues no hay un juicio a priori del proceso cultural moderno, sino un discernimiento histórico de sus efectos y de sus presupuestos, que a estas alturas de la historia, pueden reconocerse como principios operantes en este proceso cultural. No se trata de repetir pasados, sino de reconocer en ellos elementos de una sabiduría que nos pueden servir para rehacer nuestros modos de vidas. Se realiza un cierto justiprecio de desarrollo moderno valorando el mismo como fruto de creatividad y de las búsquedas humanas que no se pueden ni se deben impedir. A partir de la lectura de este proceso, se ofrece una reorientación del mismo, reconociendo también las reducciones o cierres que opera y los excesos o desvaríos del proyecto moderno, y también los desvíos inauténticos de la tradición judeocristiana, para recuperar fecundos elementos originarios que pueden contribuir a una mejor redefinición del ser humano y de su realización integral.

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