Diaconado femenino y perspectiva de género

web El mundo 2012

El pasado 12 de Mayo la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG) comprometieron al papa Francisco  en el avance de algunas propuestas que nos son urgentes para que las mujeres podamos desarrollar con plenitud nuestra vocación cristiana sin discriminaciones por razones de género. El Evangelio como una Buena Noticia de liberación para el sexo femenino es un tema siempre pendiente en la iglesia, pero no fue así en sus orígenes. Hablamos del diaconado femenino.

web El mundo 2012La práctica de Jesús y las primeras comunidades, aun con muchas tensiones al interior de ellas mismas, inauguró la ekklesía de iguales como un espacio abierto y dinámico que subvirtió las jerarquías patriarcales y las clases sociales por las que se regía la sociedad del momento e inauguró también unas nuevas relaciones de género. Pero en su inculturación al mundo greco-latino terminó optando por la adaptación en muchos aspectos y uno de ellos fue sin duda, el de la subordinación de las mujeres hasta que el protagonismo femenino fue progresivamente neutralizado y silenciado como reflejan los Códigos  domésticos y las Cartas Pastorales (1 Pe 2,18-3,7),(1 Tim 2,12-15).

A partir del siglo II, el modelo de organización que se impondrá en la iglesia, concentrará en la figura del obispo buena parte de los carismas de liderazgos y proféticos, en deterioro de otros modelos más comunitarios y ministeriales que existían en ella. Laicos y mujeres saldremos perjudicados.web ATE

A partir de este momento las mujeres vamos a ser más valoradas por el ascetismo, es decir como vírgenes y viudas, que como  misioneras. La evolución de la figura de Magdalena de apóstol a penitente tiene que ver con este proceso. También la fijación del canon tendrá un efecto poderosísimo en la exclusión y subordinación de las mujeres, ya que la tradición oral y apócrifa será excluida y es en ella donde el liderazgo femenino se transmitía con  más fuerza en la primera iglesia. A partir de este momento la Escritura va a ser cosa de varones y las mujeres pasarán a ser meras receptoras. Aunque siempre habrá mujeres que salten las normas.

Un de los reclamos de la UISG al papa  Francisco ha sido sobre el diaconado femenino, prohibido por el Concilio de  París en el siglo IX al negar que ninguna mujer tuviera acceso al altar diaconado. Pero en las preguntas que la UISG han planteado al pontífice de Roma han abordado también existen otras cuestiones relevantes, como la  predicación de la homilía, asociada al ministerio profético, tema, en el que Francisco ha sido muy claro: La homilía le compete sólo a los sacerdotes. Al igual que ha sido muy claro en su calificación del feminismo como un peligro para las mujeres en la iglesia.

Sin embargo, muchas  generaciones de mujeres cristianas en el mundo estamos  convencidas que no podremos  avanzar  hacia la  superación  de la discriminación  en la iglesia si no es aplicando elementos que nos proponen los movimientos de liberación de las mujeres y entre ellos, la perspectiva de género, como un instrumento de análisis y transformación de la realidad para poder descubrir los hilos de la opresión de las mujeres y también la potencia de nuestras posibilidades.

Por eso defendemos que la categoría género no es una ideología, como tampoco lo fue la categoría clase en la teología de la liberación, sino un instrumento de análisis. Es decir, una categoría que cuestiona las relaciones sociales entre hombres y mujeres y la comprensión esencialista de lo femenino y lo masculino para concebirlos como una construcción que conlleva elementos culturales y que como tales pueden ser modificados.

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En la experiencia de las mujeres la perspectiva de género es extraordinariamente liberadora. Es una herramienta necesaria que nos ayuda a desarrollar nuevos modos de ser persona mujer y persona varón, nuevos modos de ser familia y comunidad, nuevos modos de amar y ser amadas reivindicando la autoestima, el amor propio, el respeto mutuo y que la diferencia no puede ser causa de desigualdad. Nuevas formas comprender y vivir la diaconía del evangelio liberándonos del servilismo y la mutilación de nuestras capacidades impuesta por el  clericalismo.

Quizás por eso, por las consecuencias que el análisis de género ha tenido en la vida de las mujeres, cuestionando roles, espacios y papeles sociales la iglesia se resiste a incorporarla. Pero no hacerlo es reducir la cuestión de las mujeres a puro esencialismo o complementariedad, lo cual nos mantiene en la misma situación de desigualdad y exclusión más allá de las buenas intenciones.

Por eso en cómo se conciba el diaconado femenino, en qué funciones se le dote y en la libertad y creatividad con que pueda desarrollarse será una cuestión liberadora para las mujeres y la iglesia o no. Pues en los tiempos de escasez de sacerdotes que corren el diaconado femenino puede ser también concebido como mera suplencia auxiliar, más de lo mismo… ¿ no?

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3 Comentarios

  1. Creo que en la Iglesia debemos dar el paso a reconocer el diaconado permanente a las mujeres, puesto que siempre han tenido su lugar, y Cristo vino a recordárnoslo, por lo tanto si Jesucristo las reconoce y su igualdad también, creo que nos hemos retrasado. Dejemos de ser machistas. Y luego con la escasez de vocaciones que cada día aumenta, las diaconisas darían respuesta a la falta de sacerdotes. Si tanto hablamos de derechos y de dignidad, hemos de ser coherentes. No creo que Cristo nos vaya a excomulgar, al contrario nos va a felicitar por avanzar en el reconocimiento de nuestra igualdad y nuestra dignidad de hijos de Dios.

  2. Estoy de acuerdo con el comentario anterior: de nada sirve reivindicar el acceso a una función/ministerio, si no se plantea al mismo tiempo su sentido y se debate la configuración actual y su adecuación o no para lo que se cree a que debe corresponder; en definitiva, hasta que, traspasando el lenguaje de igualdad de derechos, se reivindique la igualdad de responsabilidades que como discípul@s de Jesús a cada cual corresponde, aunque la concreción en cada individuo sea diferente. Dado que las mujeres somos mayoría notable en las comunidades actualmente existentes, en buena lógica deberíamos estar correlativamente presentes en el proceso. Si no es así, es que efectivamente pesan los siglos de clericalismo o que hemos dejado de sentirnos seguidoras de quien removió los cimientos de un templo que había dejado de ser custodio de El que Es para tratar de ser su administrador.

  3. Creo que efectivamente el debate en torno a la mujer en la Iglesia tiene mucha más trascendencia de lo que parece. Sería lógico que la Iglesia estuviese estructurada sobre la base de comunidades (de vida), como lo era en los primeros tiempos, y en el liderazgo de esas comunidades sería normal que hubiese muchas mujeres, como podrían serlo hombres. Que la mujer acceda al diaconado o al sacerdocio sin plantear esa otra cuestión se convierte como bien se dice en una mera suplencia auxiliar o en sentido contrario como acceso al poder representado por los sacerdotes. Ni una cosa ni otra me parece positiva. Entiendo que el sacerdocio en las primeras comunidades era una función entre otras y que así debería ser. Que en ese caso las mujeres accediesen al sacerdocio sería la lógica evolución del dinamismo de las comunidades.

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