[Por: Bert Daelemans, SJ]

Hoy, aniversario del nacimiento del pintor, genio, artista, ingeniero, visionario Leonardo da Vinci (15 de abril 1452), se celebra el día mundial del arte. La vida es un arte, y el arte es vida. El arte no tiene otra función que la gratuidad, y por lo tanto es sumamente ético, espiritual, religioso, y humanizador.

George Steiner ha dicho: “Ningún compositor, escritor o pintor serio ha dudado nunca de que su obra versaba sobre el bien y el mal, sobre el incremento o la disminución de la suma de humanidad en el hombre y la ciudad. Imaginar originalmente, lograr una forma con expresión significante, es probar en profundidad esas potencialidades de comprensión y de conducta, que son la sustancia vital de lo ético.” Y añadió: “En realidad, solo la basura, solo el kitsch y los artefactos, los textos o la música producidos exclusivamente con fines monetarios y propagandísticos, transcienden y transgreden la moral. Suya es la pornografía de la insignificancia.”

El arte también es una búsqueda; de autenticidad, de sencillez, de belleza, de vida, verdad. El arte es una feliz pérdida de tiempo, una lucha creadora y creativa. La vida sola es vida si se celebra. Ética es la estética cuando nos desplaza, nos descoloca, nos mueve por dentro. Sin mociones no hay vida.

El arte también es bálsamo. No medicina: no cura, no salva. Pero bálsamo sí. Ofrece espacio, aliento, anchura. Todo puede ser arte: palabras, sonidos, piedras, movimientos, cuerpos, materia, naturaleza.

El arte es fiesta de humanidad: la tuya, la mía, nuestra. El arte es la fiesta del creador que somos. No hay arte uniforme, no hay arte totalitarista capaz de sobrevivir nuestra humanidad. El arte es celebración, provocación, llamada. Si no lo es, no es arte. El arte es reflexión. El arte es humanidad, feliz, divina humanidad. ¡Feliz día del arte!