Día Internacional de la Mujer, ¿hasta cuándo?

Día Internacional de la Mujer. La controversia en torno a la necesidad de contar con un día específico para reconocer los derechos de las mujeres, regresa de nuevo. Un año más, en torno al 8 de marzo, surgen voces a favor y en contra de establecer políticas de discriminación positiva que favorezcan a este colectivo tan numeroso que representa casi el 51% de la población española.

La víspera de tan señalada fecha oí a un caballero preguntar por qué no existe “el día del hombre”. Podría ser una propuesta interesante, de estar convenientemente justificada. En diversas ocasiones he escuchado incluso a mujeres rechazar las políticas de igualdad. Consideran que fuerza a elegir mujeres por su condición de mujeres y no por su valía. Estos comentarios, que no dudo surgen de una voluntad sincera de respetar a todo ser humano, deben ser analizados.

Cuando se nombra un “día internacional” normalmente es para llamar la atención sobre una situación injusta, sobre una enfermedad o sobre la falta de derechos de un colectivo. Dicho esto, cabe desear que nunca precisemos proclamar un “día internacional del hombre”. El de la mujer se considera necesario porque siendo un ser humano como lo es el hombre, sufre desventaja cultural, social, laboral y, en ocasiones, incluso legal por el mero hecho de ser mujer. Es decir, que por ser fémina tiene un trato diferenciado desfavorable que no se justifica por ningún otro motivo.

Ejemplos de que la mujer sufre un trato desfavorable no precisan de una gran labor de investigación. Basta con ver las noticias o abrir los ojos en nuestra sociedad actual.

Reuniones de alto nivel con casi nula presencia femenina -obsérvese el Foro de Davos, en la foto-. O el índice de personas víctimas de violencia de género en España. En 2014, último año con datos sobre la violencia sufrida por el género masculino –ofrecidos por el CGPJ-, fueron 58 mujeres frente a 8 hombres.

Otras situaciones más cotidianas: presencia de papás a la puerta de un colegio en horario de recogida. Número de horas que dedican cada día hombres y mujeres (ambos, trabajadores) a tareas domésticas.

Podríamos seguir con un largo etcétera.

Claro que hombres y mujeres no somos completamente iguales; es evidente. También hay aquí un sinfín de ejemplos. Por naturaleza los hombres tienen, de media, más musculatura que las mujeres. Lo de que son más fuertes, depende de a qué fuerza nos refiramos. Las mujeres pueden tener hijos y los hombres no… Podríamos seguir con diferencias fisiológicas, neurológicas, sensoriales, sexuales, etc. Dicen que hablan los datos, aunque los estudios también deben ser cuestionados en cada caso.

El problema surge cuando estas diferencias se trasladan a terrenos donde no está justificada la diferencia en base a su condición de género. Si soy mujer, ¿qué me impide atender esa reunión “directiva”? ¿Por qué no puedo dirigir un Ministerio de Defensa? ¿Qué me condena a tener más probabilidades que un hombre de engrosar la lista de personas asesinadas por su pareja? ¿Qué justificación biológica hace que desempeñe unas tareas (las domésticas) cuyas habilidades está igualmente capacitado para desarrollar un hombre? ¿Por qué necesito trabajar 58 días más que un compañero varón para cobrar lo mismo?

Es evidente que nos queda mucho por hacer para recortar esta enorme brecha. También en las empresas, sin duda. ¿Hasta cuándo? Pues por lo menos hasta que la plantilla de una empresa refleje la proporción de hombres y mujeres que se da en la sociedad. O la que se da en las aulas, donde se modelan nuestras competencias profesionales. Eso ha de suceder en todos los niveles, incluido el jerárquico.

Hasta entonces queda un largo camino por recorrer y serán necesarios los 8 de marzo que modelen una nueva cultura. Sí. A ver si juntos, hombres y mujeres, lo conseguimos.

 

Imagen: PTI foto/ PTI1_23_2016_000293B (obtenida de www.elseminario.com)

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1 Comentario

  1. Y otra mismo he escuchado por parte de compañeros que hay muchas mujeres que “se aprovechan del cuento” palabras textuales y que con sorna felicitaban a todas las compañeras mujeres por “su derecho a trabajar”.
    Pues mira Anna, yo creo que jamás se debería dejar de celebrar el 8 de marzo por mucho que las brechas disminuyan (o desaparezcan?). El 8 de marzo también es un día donde se rinde homenaje a la lucha de mujeres que en su momento no lo vieron, pero que han hecho posible el avance que ahora es palpable (aunque no suficiente…)

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