Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión

Por Isidro Villoria. Fundación Alicia KOPLOWITZ

El concepto de agresión infantil es evocador de malos tratos, abuso sexual, explotación laboral, tráfico de órganos, sin olvidarnos del hambre, las enfermedades, los conflictos bélicos,  etc.

Para el mundo del bienestar, todas estas cosas parecen estar siempre muy lejos de nosotros. Forman parte de las noticias o de los programas de sensibilización de muchas instituciones que se dedican a la defensa de los derechos de la infancia. Podemos pensar que las organizaciones internacionales y una gran variedad de colectivos profesionales elaborarán protocolos para evaluar sus consecuencias y crear leyes que garanticen su protección. ¿Qué mejor documento que la Declaración Internacional de los Derechos de la Infancia?

Nunca está de más que un día universal sobre este asunto sirva de recuerdo y, si es posible, de reflexión sobre esta situación tan injusta que existe en el mundo.

Creo que también sería bueno que fechas como estas de tanto interés internacional, también sirvieran para reflexionar sobre la infancia más cercana, la infancia propia, la que tenemos a nuestro alcance y con la que convivimos a diario.

Muchas veces dudo que a nuestra infancia le estemos ofreciendo lo mejor de nosotros mismos. Está claro que las agresiones visibles son punibles desde todos los puntos de vista, pero ¿qué pasa con esta pérdida progresiva de credibilidad en el humano y sus leyes? ¿Con el déficit de esperanza en la propia potencialidad?

Está fenomenal que la cultura por el respeto al medio ambiente esté calando cada vez con más fuerza en la ciudadanía porque eso permitirá dejar un mundo en mejores condiciones para el futuro de nuestros hijos, pero en algún momento tendremos que plantearnos qué tipo de proyecto humano estamos fabricando. Está claro que si no tenemos un proyecto de vida para nuestra infancia más cercana, alguien lo hará por nosotros y eso podría dejar a los pequeños vulnerables y sin criterios suficientes ante la fuerza abstracta de las redes, los medios, los mercados…

En este “mundo de la información” necesitamos puntos de encuentro y espacios para la reflexión. La pérdida de ilusión y curiosidad por el saber y el conocimiento en la infancia, es algo que va mucho más allá del simple fracaso escolar. Es una anestesia latente, progresiva y paralizante que debilita la conciencia y la inteligencia.

Este tipo de agresión silenciosa y aceptada socialmente también debería ser en un día como hoy objeto de reflexión y debate en las familias, entre educadores y en la sociedad en general.

El compromiso existencial de unos padres con sus hijos, va mucho más allá de dejarlos en una buena situación social… Pasa por incorporarlos a la sociedad como buenos y positivos ciudadanos conscientes de la importancia de sus acciones en la configuración de su vida y su persona.

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