Desigualdad es violencia. Igualdad es paz

Buenos Aires

En la actualidad, presenciamos la existencia de múltiples tipos de violencias que suponen un reto para la paz mundial poniendo de manifiesto las fracturas del sistema global. Cuestiones como el terrorismo, los conflictos armados y las guerras golpean hoy en día a millones de personas dejando víctimas en todo el mundo; cabe resaltar entre ellas a las personas desplazadas o refugiadas, así como a los niños y niñas soldado.

Viviendo en un mundo cada vez más interconectado, los conflictos en partes lejanas del planeta no sólo suponen una amenaza para las personas de dichos lugares sino para la propia paz y seguridad del resto del mundo. Siria, Yemen, Sudán del Sur o República Democrática de Congo son algunos de los conflictos más graves de nuestros días, todos ellos, conflictos complejos y tan largos que incluso algunos ya caen en el olvido.

Pero también en nuestros entornos más cercanos existen muchos tipos de violencias. Violencias a la vuelta de la esquina en las ciudades, al otro lado del muro de nuestro apartamento, presentes en los medios de comunicación, en las redes sociales, etc. creando una cultura de la normalización de la violencia que va colándose hasta los propios hogares.

La violencia de género, los ataques terroristas, el bulling escolar, el acoso laboral, la xenofobia, son formas de violencia y agresión que con frecuencia amenazan la convivencia de las sociedades en las que vivimos.

Desde el acoso escolar, pasando por la violencia de género, las guerras o el terrorismo, presenciamos en nuestras sociedades una constante exposición a diferentes tipos de agresiones y violencias, unas más cercanas, otras más lejanas y, por supuesto de diferentes intensidades y consecuencias, pero todas ellas amenazando ese bien común tan preciado para el planeta y para las personas que es la paz.

Más allá de la obviedad de la violencia directa, existen otros tipos de violencias tales como la violencia estructural y violencia cultural. La violencia estructural está muy enraizada a la exclusión y a la desigualdad, generando así desajustes sociales. La violencia cultural se encuentra más bien en el ámbito de lo simbólico, de las creencias y los valores que sostienen los otros dos tipos de violencia[1].

Dado que la violencia cultural es en gran parte el sustento de los otros dos tipos de violencia, la educación resulta especialmente relevante para desmontar dichos valores, sutiles, no evidentes en la mayoría de los casos, para poder construir un sistema de valores, con nuevas simbologías y valores que construyan una cultura de paz.

En la mayoría de los casos, la violencia es una consecuencia de un proceso que podría prevenirse; dicho proceso es complejo y en él suelen encontrarse factores como la desigualdad y la exclusión. Por ejemplo, las sociedades con instituciones democráticas y representativas de las mujeres, las minorías, de los pobres y de los ricos, tienen más posibilidades de lograr estabilidad y paz que las que no. Cuando los grupos marginados no encuentran alternativas pacíficas para resolver sus reclamaciones, existe un alto porcentaje de que recurran al conflicto y la violencia.

La desigualdad per se es un tipo de violencia, pero además es un caldo de cultivo para que prospere cualquier tipo de radicalismo violento.

Una Europa segura, libre de terrorismo y de otras agresiones, ha de ser necesariamente una Europa equitativa y solidaria tanto al interno como al exterior, libre de la miopía de creernos que la flagrante desigualdad que ocurre al otro lado del Mediterráneo puede ser esquivada.

[1] Foro Mundial sobre las violencias urbanas y educación para la convivencia y la paz. Nota de presentación. Madrid; Capital de Paz; diciembre 2016.

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