Deseos y derechos en la maternidad subrogada

Ayer escenificó Ciudadanos en el registro de las Cortes una proposición de Ley sobre la maternidad subrogada. Lo había anunciado este fin de semana su presidente, Albert Rivera, en el contexto festivo de la celebración de la semana del orgullo LGTB. Ya el pasado sábado consiguió abrir los telediarios y volver a poner en primera línea de la agenda política un tema con el que poder distanciarse del PSOE y del PP. Los socialistas de Pedro Sánchez ya se habían mostrado contrarios al tema y los populares de Mariano Rajoy pidieron en su último congreso que se aplazara la cuestión. El portavoz de estos últimos ha llegado a decir que sobre este tema darían libertad de voto para que los diputados votaran en conciencia.

El partido de Rivera sabía que el Comité de Bioética de España había elaborado un importante documento sobre el tema del que también quiere distanciarse. En lugar de promover la reivindicación de la tradición liberal en otros temas de la agenda política, Ciudadanos ha encontrado en este tema un filón importante con el que generar una identidad propia y diferenciarse. Ya no podrán decir que es como el PP o como el PSOE porque en este tema tienen un discurso diferenciado. Esta voluntad de hacerse un hueco en el imaginario público parece justificar las prisas porque no es el sentir de sus bases, la sólida argumentación de sus diputados o los documentos orgánicos elaborados previamente en las diferentes agrupaciones del partido. Quienes conocemos a algunos responsables de política social del partido sabemos que el anuncio de su jefe de filas también les ha pillado por sorpresa.

El núcleo de la argumentación es sencillo y arranca de una, cada vez más habitual, confusión filosófica de primera magnitud: la transformación de ciertos deseos en determinados derechos. Y planteado ahora en el horizonte de la filantropía, el altruismo y la solidaridad, parece obvio que el nivel epidérmico de la opinión pública lo aceptará sin reparos. No olvidemos que la reivindicación de lo que en los nuevos debates políticos actuales se llama “nuevos derechos” desempeña un papel importante todo lo relacionado con el orden afectivo familiar y solidario.

El encendido discurso de Rivera es el siguiente: “¿Quiénes somos nosotros para decirles a los demás que no pueden ser padres? ¿Quiénes somos nosotros para impedir que alguien pueda crear una familia con una regulación clara, concisa y altruista?…Ya sé que hay gente a la que le cuesta entender que haya gente solidaria, pero ¡la hay!…¿Por qué no podemos donar vida? ¿Por qué no podemos ayudar a otras personas a ser padres libremente, siendo mayor de edad, sin remuneración y de manera voluntaria?… Los niños no pueden esperar a las puertas de un registro civil, no hay derecho a que estos hijos no puedan ser inscritos o tengan dificultades en función de la provincia en que estén. No hay derecho a que uno tenga que gastarse 150.000 dólares, hipotecarse e irse a Estados Unidos para ser padre o para ser madre?

Hay muchas cuestiones abiertas en el debate y tan solo me interesa poner sobre la mesa la clave política para que el lector esté más atento a los programas políticos de los partidos y, de la misma forma que no nos dejamos engañar cuando nos venden un coche usado, no nos dejemos engañar con los primeros destellos retóricos. Ciudadanos debería saber que los deseos de las personas, por muy nobles y loables que sean no pueden convertirse en derechos y no tienen de manera inmediata el estatuto de imperativo categórico. Estos nuevos liberales posmodernos deberían recordar que a los viejos liberales modernos del XIX no se les ocurrió codificar la felicidad, la salud, la alegría o el altruismo.

Vamos a ver posiciones interesantes porque los partidos tendrán que situarse y los propios diputados tendrán que mojarse en el tema. Conseguiremos hacerles pensar, hacerles argumentar y provocarles para que se alineen o discrepen con sus respectivas formaciones. También habría que recordarles los programas con los que se presentaron a las elecciones porque quizá Ciudadanos está cumpliendo con su palabra y promoviendo algo que llevaba en su programa.

Pero, por favor, lean bien el programa porque no lo llevaba apoyándose en la filantropía, el altruismo y la solidaridad. Lo llevaba en términos contractuales, como queriendo hacer puntos en la tradición liberal. Ahora no están en la misma posición porque ya no leen el derecho como una herramienta para proteger, garantizar y regular un orden moral mínimo, sino como una herramienta para canalizar, vehicular y desarrollar lo que llaman nuevos derechos pero, en realidad, son bien intencionados deseos.

Ojo con el lenguaje de los nuevos derechos porque en este tema se confunden con facilidad los vientres, la gestación y la maternidad, como si fueran funciones biológicas o biográficas diferentes. Como si el derecho tuviera que atender simplemente una función biológica, un órgano corporal, una parte del cuerpo o una instrumental transacción comercial.

En el derecho de familia, cuando se regula la maternidad, no se regula el funcionamiento de una parte del cuerpo, tampoco se atiende a la utilidad socio-biológica de una parte del cuerpo. No estamos ante simples vientres o simples procesos gestacionales que se realizan en un cuerpo que “se tiene” o pone a disposición de la ciencia o el mercado. Nos guste o no, el cuerpo no es algo que “se tiene” sino que “se es”. No está en juego solo una cuestión instrumental, utilitaria o accidental que afecta a los deseos de los individuos sino una cuestión sustantiva e identitaria en una mínima moral pública porque afecta a la dimensión histórica de la especie humana. Antes de legislar acaloradamente en el verano deberíamos refrescarnos un poco para pensar mejor.

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