Desde la convicción mutua de que “Juntos Somos Más”

Por: Elena Rodríguez-Avial, coordinadora de la Oficina de Comunicación de la Compañía de Jesús

Las primeras comunidades cristianas se caracterizaron por compartir la Misión desde la diversidad de sus miembros en una relación horizontal. Pero el paso del tiempo aumentó las distinciones y separaciones y aparecieron las relaciones piramidales en el seno de la Iglesia. Aunque el Concilio Vaticano II propiciara un impulso de la dimensión laical, no sería hasta 1996 cuando se habló oficialmente de la “Misión compartida” en la exhortación apostólica postsinodal Vita Consecrata, de Juan Pablo II. Después, ha tenido que pasar más de una década para que hablemos de ella con convencimiento.

CONFER (Conferencia Española de Religiosos) cree firmemente en ella. El año pasado organizó con gran éxito, el encuentro “Juntos Somos Más”. Participaron 1000 personas, religiosos/as y laicos/as de 90 congregaciones que viven su vocación cristiana en las tareas profesionales o voluntarias en instituciones educativas, sociales, sanitarias…etc de familias religiosas y en sus comunidades de fe. En aquella ocasión tomaron conciencia, visibilizaron y celebraron la dimensión eclesial de la misión compartida.

Aquel primer encuentro generó muchos frutos y por eso este año se ha vuelto a celebrar el pasado 14 de marzo en Madrid. Esta vez se ha reflexionado sobre tres temas concretos: los conceptos de “misión”, “compartida” y “futuro.” Aunque los organizadores querían un aforo limitado, la asistencia se ha desbordado.

En esta cita se ha constatado que la misión compartida no es homogénea. Entre las distintas congregaciones hay muchas diferencias, tanto en los caminos recorridos como en los procesos seguidos. Los asistentes han analizado, por grupos, sus experiencias del día a día. Se han preguntado si entendían la misión como un trabajo o como la colaboración en la gran misión de Cristo; cómo la integran con la vida familiar y la vida comunitaria; cómo se tejen entre religiosos y laicos relaciones no solo profesionales sino también personales. Han reflexionado sobre el nivel de compromiso en su tarea (¿colaboración?, ¿implicación?, ¿corresponsabilidad?) y sobre si además de trabajo comparten vida, tarea evangelizadora, formación, espiritualidad… Han abordado, sin miedo, el futuro de la misión, la comunión, la formación y la identidad.

Laicos y religiosos han hablado en voz alta de muchas cosas importantes como que compartir no es repartir y que la misión compartida no es sustituir a los religiosos por los laicos como consecuencia de la disminución de vocaciones. Se ha hecho explícita la mayor necesidad de formación conjunta; las dificultades en las obras con los compañeros que no comparten vocación y carisma; el deseo de una mayor presencia, aunque no lleve implícita la acción, de los religiosos en las obras. Los asistentes han confirmado que laicos y religiosos vibran con lo mismo y se enriquecen mutuamente desde sus distintas vocaciones y modos de vida. Han reconocido también cómo, en muchas ocasiones, las estructuras han desplazado del centro de la Misión al Evangelio.

También se ha imaginado el futuro con mucha esperanza, sin miedo, con valentía. “Si el Espíritu suscitó los carismas en los fundadores de las congregaciones, suscitará en esta Iglesia del siglo XXI lo que la misma necesite”, han explicitado algunos de los presentes. Es probable que desaparezcan algunas congregaciones, se cierren obras, adelgacen las estructuras y crezca el trabajo inter-congregacional en los próximos años.

El futuro será la hora de unos laicos líderes y promotores vocacionales entre sus compañeros. Una Iglesia que empezamos a construir hoy, en nuestro presente, en sintonía con el Papa Francisco, donde de verdad #JuntosSomosMas.

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