Desconectar de… para conectar con…

Fuente:Pixabay

Habitualmente no lo tenemos en cuenta, pero el derecho a las vacaciones -tal como las conocemos- es relativamente reciente, no supera al siglo de existencia. Más aún, en las dos superpotencias mundiales USA y China,  todavía no son obligatorias. El disfrute de las vacaciones es una de esas conquistas que una vez que se tiene, cuesta comprender cómo no ha existido toda la vida.

En el hemisferio norte estamos en verano y quienes tenemos consagrado el derecho a las vacaciones podemos estar ante una variante que amenaza a nuestro descanso, la conexión permanente.

El año pasado, la consultora Randstad publicó un informe en el que se afirmaba que en España, uno de cada 3 profesionales no logra desconectar de su entorno laboral durante las vacaciones; siendo las personas menores de 25 años las que mayor dificultad presentan.

La tecnología juega aquí un papel muy importante,  así como nos permite que podamos teletrabajar  también hace posible que la empresa nos encuentre allá donde estemos y a la hora que sea.

¿Es necesario desconectar?

Vivimos tiempos en los que estar en la oficina y mirar nuestro correo electrónico personal, un recibo on line o incluso consultar nuestras redes sociales no se considera mal visto, siempre y cuando se haga con moderación. Entonces, ¿por qué no atender a un mail del trabajo a las 21:00 desde casa mientras cenamos? Pareciera cuestión de reciprocidad.

No obstante, especialistas en recursos humanos, psicólogos y gurús de todas las disciplinas coinciden en que es necesario desconectar del trabajo todos los días y durante las vacaciones, porque influye en el descanso necesario, en la creatividad  y hasta repercute en la misma capacidad laboral.

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¿Es lícito desconectar?

No solo es lícito sino que comienza a ser legal. El año pasado, la reforma laboral francesa introdujo el derecho a la desconexión: todas las empresas que tengan más de 50 trabajadores están obligadas a negociar con su plantilla mecanismos de desconexión digital.

De la misma manera, una empresa de seguros en España ha puesto en vigor el primer convenio colectivo (Art. 14) en el que se establece el derecho a: …«no responder a los mails o mensajes profesionales fuera de su horario de trabajo».

¿Por qué no desconectamos?

Entre varias razones queremos destacar  tres que vemos con frecuencia: el miedo, la necesidad de aprobación y el enganche.

Miedo. Nos produce miedo saber que muchos están dispuestos a no desconectar y podrían hacer nuestro trabajo. Si desconectamos podríamos parecer poco comprometidos o poco digitales.

Cuando las reglas de juego no están claras, se genera una incertidumbre que puede conducir al miedo.  Esta es una de las razones por las que es importante que se regule la desconexión, para que no se convierta en un elemento que fomente la competencia inadecuada ni la inequidad en el contexto laboral.

Necesidad de aprobación. Todas las organizaciones construyen su propia cultura. En el contexto empresarial, lo habitual es que se incentive la contribución a  la consecución de los objetivos, el trabajo en equipo, la iniciativa y la orientación a resultados, por ejemplo; obteniéndose empleados comprometidos e identificados con la organización.

Pero, en la cultura organizacional también se valoran actitudes más prosaicas como no apagar nunca el móvil, permanecer activo en el grupo de WhatsApp a cualquier hora, estar siempre dispuestos a cambiar las vacaciones para poner remedio a las «urgencias» de la empresa, llegar el primero y marcharse el último, tanto en lo analógico como en lo digital.

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Digamos que, la aprobación, el aprecio social e incluso la promoción en una organización pende de dos hilos: el formal y el prosaico. De allí que, algunos trabajadores se vean motivados a cubrir este segundo flanco y eviten la desconexión.

El enganche. Algunas personas tienen dificultades manifiestas para delegar, para confiar su trabajo a otros e incluso para soportar que se tomen decisiones triviales durante su ausencia; y esto no le ocurre exclusivamente a grandes directivos. Así que, la tecnología pone a su disposición las herramientas necesarias para gestionar la participación en remoto, allí donde estés.

¿Para qué desconectamos?

No desconectamos para aquietar los pulsos digitales de todas las redes que nos envuelven. No se trata de un tratamiento de desintoxicación, ni de curación de adicciones. Ni siquiera, desconectamos para sumergirnos en lo analógico. Desconectamos para conectarnos con todo aquello que existe más allá de la jornada laboral.

Si desconectamos de… tendremos la mitad del camino andado, pero no deberíamos quedarnos a mitad de camino, desconectamos para conectar con

2 Comentarios

  1. Muchas gracias Jesús.
    En reiteradas oportunidades nos ocurre que, esperamos con ansias un tiempo para desconectar y cuando lo conseguimos nos olvidamos de cuál era el propósito de nuestra desconexión.

  2. Muy reflexivo el articulo, deja entre ver, si nos dejamos consumir con la proliferación y actualizaciones de las redes sociales, o nos desconectamos…para relajarnos, y desde otro punto de vista ver el cambio como ha cambiado la sociedad con la tecnologia.

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