Descanso, pobreza y bienestar

Lo mejor de la vida es descansar. Descansar, pero de verdad. La cabeza en modo electroencefalograma plano, pies en alto, libro en ristre… da lo mismo donde: playa, claro de bosque, sofá… La mente vacía. Las manos quietas. El cuerpo lánguido.

El descanso debería ser un derecho humano. Venga, es una exageración, pero no tan lejos de la realidad. El descanso, el de verdad, ese maravilloso momento libre de preocupaciones es la consecuencia de tener un determinado nivel de bienestar. Y si algo caracteriza la pobreza es el no-descanso. Vivir en la pobreza implica estar preguntándose constantemente de donde puedes sacar para poder cubrir un determinado gasto, hacer equilibrismos con la tarjeta de crédito, dejar una factura sin pagar para poder afrontar un gasto imprevisto… es vivir en un estado de estrés permanente.

Experimentar pobreza, según el estudio que Mani, et al. (2013), tiene un efecto considerable en el funcionamiento cognitivo. La investigación sugiere que la exposición a la pobreza hace que sea más difícil ejecutar habilidades fundamentales; elevar las preocupaciones financieras perjudica el desempeño cognitivo de las personas incluso más que pasar una noche sin dormir. Según los investigadores, la escasez económica ocupa una parte importante del “ancho de banda cognitivo”.

Para probar el efecto de la escasez en el desempeño cognitivo, Mani A. et al. (2013) realizan dos tipos distintos de experimentos. El primero consiste en inducir la sensación de escasez planteando situaciones hipotéticas sobre dificultades financieras a personas que se encontraban en un centro comercial en New Jersey. El resultado es que ante la resolución de problemas de bajo coste, las personas de altos y bajos ingresos tenían desempeños similares. Pero ante problemas que involucran altos costes, las personas de bajos ingresos tenían un peor desempeño frente a los de rentas altas. 

El segundo experimento mide el efecto la escasez económica en campesinos indios antes y después de la cosecha. Se midió el desempeño cognitivo en momentos de gran estrechez económica (antes de la cosecha) y en condiciones de “riqueza”, tras la cosecha, cuando obtienen el que es probablemente el único ingreso anual.

Los resultados que obtuvieron muestran que una misma persona varía de forma significativa e importante su funcionamiento en relación a la cantidad de problemas económicos: el desempeño cognitivo de una persona es mucho mejor cuando no está expuesto a la pobreza. No se trata entonces de la capacidad cognitiva que tengan las personas, sino del efecto reductor de la fluidez y la capacidad cognitiva que provoca la pobreza.

La pobreza es un problema estructural, pero tiene efectos muy concretos en las personas que la padecen. Es lo que muestra tan bien la investigación de Mani, Shafir y Zhao. Una misma persona expuesta a estrés económico permanente, tiene una menor capacidad para pensar a largo plazo o tomar decisiones económicas complejas. Y esa misma persona recupera el ancho de banda cognitivo ocupado por la escasez si esta cesa. No es la persona, es la pobreza.

Por supuesto, esta no es la única consecuencia. La pobreza y la exclusión generan múltiples efectos, el “ancho de banda cognitivo” es solo uno más. Lo importante es no confundir causas y consecuencias y generar políticas que asumen que quien es pobre es culpable de serlo, y diseña un complicado sistema para desenmascarar a quien es víctima. El que culpabiliza al pobre de su condición por no esforzarse lo suficiente olvida que la pobreza es el enemigo a batir.

 Referencias: Mani, A. Mullainathan, E. Shafir, y J. Zhao “Poverty Impedes Cognitive Function” Science  30 Aug.

Fotografía: Cris Saur @crisaur

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1 Comentario

  1. Según los expertos las personas que padecen penurias económicas ven también disminuida la posibilidad de ejercitar sus facultades cognitivas. Tienen, pues, mayor dificultad que los demás para pensar y tomar decisiones con sosiego. La preocupación por la factura sin pagar o la comida sin comprar acaba siendo angustiosa para quienes llegan sin aliento a fin de mes. Por eso de la pobreza se ha escrito que es el “no descanso”. El descanso vacacional es algo que solo se pueden permitir los que gozan de cierta posición social.
    Los expertos, que siempre o casi siempre tienen razón, nunca o casi nunca tienen toda la razón. Y es que suelen pasar por alto, en sus análisis, una variable imposible de medir. La ciencia habla de lo que puede medir. Del resto se abstiene. Por eso no cuenta nunca con el amor, la variable sin medida posible. Contra las preocupaciones que impiden pensar con calma sería muy triste concluir que no hay remedio y que los pobres son, pues, doblemente desgraciados: porque no tienen dinero y ni siquiera pensamientos propios, serenos, elevados. No pueden tenerlos porque hasta de la posibilidad de pensar se ven privados.
    Todos sabemos, sin embargo, que no es así. Los pobres –me decía una experta en ayudarles- “no son pobres en todo”. Pobres en todo son, tal vez, los que tienen dinero, segunda vivienda cerca de la playa, vacaciones pagadas y la posibilidad de darse algún capricho de vez en cuando. Son pobres del todo porque “nadie les ha regalado nada”, antes bien se lo deben todo a su propio esfuerzo. No tener la alegría de ayudar, con el propio tiempo y dinero, a quien lo necesita es no tener nada, ser pobre del todo. No hay riqueza ni descanso como el amor, esa variable que los hombres de ciencia nunca podrán medir.

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