El desafío educativo del cosmopolitismo incívico

El profesor Stefano Zamagni volvió a España para participar en la jornada del Atrio de los gentiles que se celebró en la Universidad Pontificia de Salamanca el pasado 20 de Octubre. En sus reflexiones sobre la responsabilidad social de la empresa recordó la importancia de la economía “civil” cuando hablamos del bien común. Aunque no detalló con precisión la historia de este modelo económico al que ha dedicado gran parte de su vida, recordó el valor que tiene el adjetivo “civil” para describir lo correcto, lo cortés, lo educado, lo amable, lo atento, en definitiva lo propio del mundo de la “civitas”.

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Este sentido de lo civil como cívico se mantiene también cuando pedimos que el sistema educativo incorpore entre las materias de los programas una verdadera Educación cívica. Hay grandes repararos para organizarla como una Educación para la Urbanidad o para la Ciudadanía. Lo primero porque tiene un aire excesivamente burgués, pequeñoburgués o conservador, aunque describe la necesidad de educar para las formas, virtudes y valores propios de lo que los romanos entendían como “civitas”. No es exactamente el mundo de la política y la “polis” sino el mundo de la sociedad civil en su sentido más pleno, vivo e intenso. Lo segundo porque acentúa la dimensión partidista, administrativa y luchadora de la actividad política en detrimento de su dimensión dialógica, reflexiva, constitutiva, constituyente y constitucional.

No es fácil organizar la programación del centro y del aula en este horizonte de civilidad y civismo para sentar las bases de una Economía civil o una Economía del Bien Común. Una de las razones por las que este horizonte se construye con dificultad se halla en la legitimación pública y la exaltación mediática del cosmopolitismo incívico. A diferencia de otras formas reflexivas y no violentas de cosmopolitismo, el cosmopolitismo incívico desprecia las formas, se desentiende de las dinámicas institucionales y legitima fácilmente el uso de métodos agresivos, violentos o destructivos. La colonización indiscriminada de las calles, el destrozo del mobiliario urbano, el abuso de sudaderas encapuchadas y los pasamontañas (no tanto para ocultar la identidad sino para diluir la responsabilidad) y, sobre todo, la fácil y rápida apelación a la violencia para eliminar al adversario (que convierten en enemigo mortal) son recursos habituales del nuevo activismo político.caretas

Quienes utilizan la política de los escraches, la movilización permanente, la apropiación de las calles, la alteración populista de las masas y la legitimación de la violencia para defender los derechos humanos pierden toda su fuerza cívica. Los cosmopolitas incívicos hacen gala de una teoría simplificada y restringida de los derechos humanos porque solo apelan a ellos en términos de mala retórica y mala política, como si fueran un descubrimiento que han realizado ellos, una administración que se les hubiera encomendado a ellos y una legitimidad que se les hubiera asignado monopolísticamente a ellos.

Esta instrumentalización sectaria, partidista y populista de los derechos humanos es cada vez más habitual en el discurso político populista. Se apela al horizonte moral y universalista del cosmopolitismo para ganar legitimidad pero se desconoce el mínimo sentido del civismo, la buena educación, los buenos modales y la urbanidad. Los educadores tenemos un problema muy serio en las clases cuando nuestros alumnos descubren que no importan los medios que se utilizan para llegar a ser un líder políticos, para cobrar un buen sueldo de las administraciones públicas con la nueva política y tener legitimidad mediática. Asaltar con violencia una capilla, impedir violentamente una conferencia, boicotear actos públicos, bloquear caprichosamente una actividad académica, destrozar impunemente el mobiliario urbano o los bienes comunes, rodear el congreso o tomar la calle, incluso burlarse cínicamente de las instituciones son actividades impropias del cosmopolitismo más serio. civismo

Y lo más grave de este cosmopolitismo incívico no está en la sectaria deslegitimación moral de las instituciones sino en el abandono y destrozo de una cultura de la responsabilidad solidaria. Este cosmopolitismo incívico se desentiende de la responsabilidad moral porque exime de culpabilidad de los individuos que realizan estas acciones. Si, además, la administración de justicia les exime de responsabilidad a los promotores de conductas “incívicas”, ¿con qué autoridad proponemos una educación “cívica”? ¿qué herramientas nos quedan para promover una economía “civil” o del “bien común”?

Algunos pensamos que mientras no se cuestione en todos los frentes la plausibilidad de estos discursos y se deslegitime este cosmopolitismo incívico, discursos como los de Zamagni se parecerán mucho a los lamentos de que aquellos profetas que predicaban en el desierto.agustin-con-zamagni

 

 

 

Créditos de las fotografías:

Intervención completa de Zamagni en Salamanca: https://www.youtube.com/watch?v=DOyFD0IVqhIZamagni en la UPSA:

http://diarioresponsable.com,

Zamagni en Semanas Sociales, Alicante 2014, http://uimp.es

 

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