Deporte y competencia

La selección española de baloncesto ha quedado campeona en el último torneo europeo. El deporte profesional se ha ido distanciando del aficionado al convertirse en un negocio que explota ciertos deportes, y muy particularmente el fútbol, como espectáculos de masas. Lo más reconfortante de la selección española de baloncesto es que los que hemos sido jugadores aficionados, y los aficionados en general, nos sentimos identificados con la actitud de sus jugadores. Observamos que por encima de la legítima recompensa que reciben por su trabajo, puesto que son profesionales, mantienen un espíritu de equipo, se divierten jugando y huyen de cualquier protagonismo, a pesar del encumbramiento en que algunos medios de comunicación les sitúan.

Por supuesto que eso es fruto de la personalidad y esfuerzo de cada uno de los jugadores, y en especial de los que ejercen un mayor liderazgo como Felipe Reyes o Pau Gasol, sin excluir la también ejemplar actitud del entrenador. Sin embargo, es también resultado de una larga trayectoria de la familia baloncestista en España, donde se ha logrado mantener de algún modo la conexión entre el ámbito profesional y el aficionado. Jugadores tan destacados en su momento como Juan Antonio Corbalán, Carlos Jiménez o el extranjero Walter Szczerbiak ayudaron a crear un ambiente de compañerismo, lejos de cualquier petulancia, por su talante en la cancha y fuera de ella.

En un mundo tan necesitado de referencias que no conduzcan a la manipulación o el fanatismo, es bueno contar con estos ejemplos. No sé si estarán justificados los sueldos que reciben algunos de estos jugadores, pero sin duda son fruto de su cualificación y espíritu de superación. Nadie piense que los españoles que se han ido a la NBA estadounidense han tenido una trayectoria fácil y cómoda. El acceso a dicha Liga de baloncesto es muy difícil y como a cualquier otra persona adaptarse a un país que no es el suyo requiere un sacrificio especial.

Habrá cosas criticables y que mejorar, como en cualquier persona y obra humana, pero sería una gran injusticia equiparar a la mayoría de los jugadores españoles de la élite del baloncesto con esa misma élite en el fútbol. Menos aún con los que reciben sueldos y pensiones millonarias en actividades que se benefician de la falta de competencia que les concede un desmesurado poder de mercado. Aunque en muchos casos coinciden en un mismo club o razón social los equipos de fútbol y baloncesto, caso del Real Madrid o el Barcelona, no son comparables los intereses y pasiones que se mueven alrededor del fútbol con los del baloncesto. Eso no quiere decir que los jugadores y aficionados al fútbol sean despreciables. A muchos de los que nos gusta el baloncesto nos gusta también el fútbol. Sin embargo, es difícilmente negable que en el fútbol predomina la función de negocio y de evasión alienadora (panem et circensis), alejándolo del deporte como ejercicio y diversión, y de una función educadora que fomente la solidaridad y la libertad en vez del individualismo y el gregarismo.

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