Denunciar a tu empresa en Twitter

Hace unos días, unas trabajadoras del Tommy Mel’s de Alcalá de Henares, publicaron un vídeo en el que se quejaban de que no habían cobrado y seguían trabajando. En él llamaban incluso a que los clientes no pagasen sus consumiciones, haciendo un paralelo con su situación.

Después de los miles de reproducciones del vídeo y de ser compartido otras tantas veces en todas las redes, además del interés por los grandes medios de comunicación que también se hicieron eco, se quedaron sin trabajo. Un “ERE extensivo” las ponía de patitas en la calle. Y reaccionaron con otro nuevo vídeo, que ya no tuvo tanto impacto, en el que sentían el respaldo de los sindicatos y organizaciones sociales. Ahora ya desde una cuenta nueva llamada @TMenlucha, eco al parecer de otras iniciativas similares. Por cierto, en esta cuenta se ve que lejos de centrarse en su caso quieren ser activas en otras causas. Hoy por hoy, la cuenta sigue pública con sus comentarios y mensajes, pero inactiva desde hace varios días.

Ya que ha pasado el momento álgido, reflexionemos un momento sobre lo que ha supuesto esta acción, espontánea según parece, y qué consecuencias ha tenido, más allá del caso concreto:

  1. Cuál es el objetivo y qué se consigue. Supongo que el objetivo era denunciar y presionar a la empresa para que pagase lo debido a sus empleadas. Pero de paso hay un gran daño a la marca, dentro de un sector muy competitivo que vive en parte de la imagen que da a sus clientes. Por lo que, al tratar la situación en público a través de las redes, se busca una respuesta solidaria de los usuarios de las redes que les ayuden a alcanzar su objetivo. Sin embargo, las redes sociales tienen mucho del momento de impacto y después desaparecen preocupaciones e intereses. De tal manera que las trabajadoras se quedarán, a pocos días, solas ante el peligro con un enorme revuelo creado dejando de ser foco de atención. Según parece han cobrado lo que la empresa les debía pero además han sido despedidas.
  2. La respuesta de la empresa. Las grandes empresas, ya conocedoras de lo que pueden suponer este tipo de iniciativas, cuenta con protocolos de respuesta (o deberían tenerlos) que las ayudan a salir del foco primero y calmar a la opinión pública. Respuestas elaboradas directamente para eliminar la presión e incluso usarlo como publicidad beneficiosa para su marca. Hasta donde he seguido el caso, Tommy Mel’s no es muy experta en este tipo de situaciones ni gestiona bien los conflictos. Prefirieron el silencio o no supieron hacerse con la voz principal en la escena; pero no entrar a valorar en público también es una estrategia comunicativa, conscientes de que en breve la situación pasaría. Y es que así funcionan las redes. No ejercen una presión continuada y significativa en el tiempo. Un buen consejero en esta materia, experto y formado, lo creamos o no podría haber sacado beneficio. Por ejemplo, poniéndose del lado de las trabajadoras contra los dueños del negocio en Alcalá de Henares.
  3. El alcance de la reivindicación. Sería interesante estudiar el daño hecho al negocio y la cadena en general, fruto de la aparente mala gestión y considerar para un futuro la fuerza real que pueden tener las redes sociales. Toda empresa sabe que puede sufrir ataques, más o menos sistemáticos, que dañen su negocio y modelo, porque hoy como nunca está la imagen por delante en muchos casos. Cuando la imagen no responde a la realidad, hay un conflicto posible gestándose, y si salen a la luz cuestiones como éstas el perjuicio puede ser grande. Pero la acción aquí es muy concreta, sobre un local determinado, y dicho esto desde el principio todo se concentra en un espacio de actuación reducido.
  4. ¿Podría haberse tratado de otro modo? Sin lugar a dudas. Quizá haya que plantearse que determinadas protestas o escándalos, ni favorezcan a los trabajadores ni tampoco a las empresas. Es ciertamente un recurso de nuestro tiempo, pero como vemos su impacto y límites son claros, y en días los trabajadores siguen como antes sin haber alcanzado una respuesta social más allá de la difusión de apoyo realizada. Se queda en poco, y tampoco incide en una nueva conciencia social más solidaria con quienes sufren situaciones de injusticia. Conocer estas circunstancias añade un poco más de indignación, que también puede llevar a la indiferencia.
  5. ¿Es un ejemplo de activismo digital? En parte sí, porque muestra el empoderamiento que las redes ofrecen. Pero ni ha sido estructurado ni pensado, se ha hecho a la carrera y de forma poco reflexionada, como un desahogo público del que quizá no eran ni siquiera conscientes del posible alcance. Como tantas otras iniciativas virales. La gente se queda, sin embargo, con el primer o segundo vídeo y poco más. No se trata el fondo, no se habla de lo que realmente sucede en el sector, no se generan simpatías ni estructuras capaces de sostener un activismo de mayor escala. Otras plataformas de peticiones (y quejas), en las que se suman unas y otras en una gran lista, tampoco se revelan totalmente efectivas salvo excepciones. De modo que el querer hacer algo y pensar que se puede hacer algo, con la frustración que genera no lograr los objetivos, alimenta más desencanto que esperanza.
  6. El daño hecho a su propia imagen. Hemos hablado antes del daño hecho a la imagen de la cadena, pero hay también que valorar el daño que se han hecho a su propia imagen de cara a futuros empleos. El hecho de viralizarse y ser visto por mucha gente, también por posibles futuros empleadores, no es un dato cualquiera. Como decía antes, este caso se estudiará por parte de quienes planifican estrategias y estudian cómo resolver conflictos en estos ámbitos. Su imagen como trabajadoras, incluso en este caso en el que presuntamente están denunciando una circunstancia claramente injusta, ha sido afectada.
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