Democracia y caridad en la ciudad secular

El miércoles 6 de mayo presentaremos en el salón de actos del Colegio Mayor San Pablo mi libro Democracia y Caridad. Horizontes éticos para la donación y la responsabilidad. Editado en la colección “Presencia social” de Sal Terrae, tiene como finalidad analizar las relaciones entre dos ámbitos de nuestra vida que suelen presentarse separados y a veces hasta enfrentados: el ámbito de los asuntos públicos, donde nos preocupa la vida democrática, y el ámbito de los asuntos privados, donde suele situarse la caridad como virtud. Además de invitar a los lectores del blog para que mantengan abiertas las cuestiones que el libro plantea, me gustaría que conocieran algo de lo que Unamuno llamaría la intrahistoria de estas páginas.

Hace unos años nos propusimos en los servicios centrales de Cáritas española refundar una de las revistas más relevantes de la iglesia española: Corintios XIII. Esta refundación supuso un cambio de formato y diseño para que los agentes de pastoral tuvieran mejores artículos, argumentos, testimonios y, en definitiva, herramientas reflexivas con las que afrontar los desafíos de una acción social y política cada vez más secularizada. De esta forma, los agentes de pastoral, los profesores de doctrina social de la Iglesia y los numerosos militantes eclesiales que bajan al ruedo de la vida política podrán tener un órgano de información ágil y atractivo con el que mejorar su formación.

En el consejo de redacción nos hemos hecho eco de los sucesivos congresos iberoamericanos de la caridad, hemos desmenuzado todos y cada uno de los textos eclesiales sobre la justicia y, sobre todo, hemos sido testigos del impacto social que documentos como Caritas in Veritate o la Evangeli Gaudium están teniendo en la vida cotidiana de miles de ciudadanos. Estos textos de la Doctrina Social de la Iglesia cada día son más importantes para todos los ciudadanos, no sólo para la comunidad de católicos a quienes van dirigidos. Aquí se sitúa mi libro cuando muestra el potencial que tienen estos textos para responder a los desafíos de lo que Charles Taylor ha llamado la “Edad secular” (A secular Age).

El primer desafío que analiza está relacionado precisamente con la secularización. Se puede plantear como una oportunidad para clarificar la autenticidad de nuestras convicciones cuando acudimos a ellas para hacer comprensibles nuestras responsabilidades. Cuando la secularización quiere imponerse como fragmentación de los espacios públicos y se interpreta como privatización de las convicciones, entonces se sientan las bases para un empobrecimiento social y cultural de una ciudadanía democrática. En este contexto es importante distinguir ámbitos y niveles para articular una ética cívica de mínimos compartidos por todos y una ética de matriz religiosa (o de “máximos”) que invita a propuestas de felicidad plena, sentido y gratuidad.

El segundo desafío está relacionado con la vida de las organizaciones sociales porque estos documentos proporcionan argumentos muy valiosos para repensar la ética de las instituciones. La bioética, la ética de la empresa, de las administraciones públicas, de las profesiones del cuidado y, en general, los diferentes ámbitos de la Ética aplicada pueden ser reconstruidos desde una urgente reanimación moral de las ciencias sociales. Hasta ahora, estos ámbitos del conocimiento se construían con mimbres positivistas, individualistas y simplificadores de la realidad. Ha llegado el momento de reconstruir las ciencias sociales desde el horizonte de la reciprocidad, la mutualidad y la donación como categorías que describen mejor la lógica de la investigación social. El individualismo metodológico y epistemológico es una abstracción y no puede tener la última palabra en la lógica de la investigación social.

Por último, hay un tercer desafío al que quieren responder estas páginas: la reconstrucción del horizonte motivacional de quienes trabajan por la justicia: ¿cómo cargarse las pilas para trabajar por la justicia? Los miembros de las mal llamadas organizaciones no gubernamentales, los técnicos de cooperación al desarrollo, los dinamizadores de la acción social y los responsables en la formación de cuadros políticos, deberían conocer con precisión tres conceptos que siguen siendo claves en los procesos de democratización. Me refiero a los términos buenas prácticas, responsabilidad y justicia social. Son términos lo suficientemente complejos para no dejarlos en manos de los activistas, los políticos, los economistas, los académicos o los expertos. En el caso de la “justicia social” lo vemos muy claro cuando  necesitamos contar con los afectados, con el “rostro”, con la “mirada”, y con los relatos del pueblo a la hora de construir instituciones justas. Y no olvidemos que los puentes que unen las orillas de los continentes de la justicia global, la justicia social y la justicia cordial necesitan el cemento de una conjunción importante: la “y” que vincula democracia “y” caridad.

 

Más información:

Democracia y Caridad. Horizonte éticos para la donación y la responsabilidad. Sal Terrae, Santander 2014. 

http://marineroet.blogpost.com

twitter: @adomingom

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