Del necesario posicionamiento en red

Al artículo del otro día “Del excesivo posicionamiento digital” añado su imprescindible contraparte, no en oposición sino en diálogo. Nuestro mundo ha globalizado la comunicación, obligando en cierto modo a considerar nuestro punto de partida en muchos asuntos que agitan permanentemente la opinión pública.

Con las nuevas formas de comunicación no sólo somos receptores, sino creadores y agentes con capacidad de impacto y transformación. Ésta es una primera situación que demanda nuestra reflexión y responsabilidad en el posicionamiento en red. Porque las palabras, incluso cuando expresan verdades, deben ser dichas atendiendo al contexto y a quién se dirigen. Pero mucho más si lo que transmiten son meras intuiciones, verdades a medias o creencias personales. Hecho en falta en la red, muy a menudo, más preguntas y algún “no sé” capaz de aprender de otros. Generar impacto no puede ser el objetivo último ni de la presencia en la red, ni fuera de ella.

Además, las redes sociales empoderan, capacitan para la expresión pública. Esto significa que, como con todo poder, convendría mantener cierta distancia prudente y responsable. Tener la capacidad de hacer algo no implica la necesidad de hacerlo. Son dos ámbitos diferentes: el de la posibilidad y el del acto. Ejercer un poder, como cometer una acción del tipo que sea, no sólo nos pregunta sobre el fin, también sobre los medios. Quizá determinadas cuestiones socialmente complejas, y mucho más las personales, deberían ser especialmente cuidadas en este espacio público tan novedoso y tan extenso.

La necesidad de posicionamiento en red hunde sus raíces en nuestra dimensión más personal, y de algún modo debería vincularse también con el pensamiento sobre la corporalidad. Incapaces de vivir el mundo de otro modo que no sea con los propios ojos, salvo en los límites de la poesía y la mística, la tentación omnipresente, de cuya debilidad nadie está presente ni por asomo, es el egoísmo puro y duro. Cuya justificación no es posible sino cavando aún más en él y atrofiándonos para aquello que realmente deseamos, que es amar y ser amados.

Por otro lado, saber que estamos posicionándonos tiene muchos paralelismos con saber de qué pié cojeamos y cuáles son esas verdades de las que decimos vivir, aunque quizá no siempre las vivamos de hecho. Revisar el propio timeline es un ejercicio muy similar a examinarse a uno mismo. Pero caemos en estos olvidos. Tener tanto escrito, tan continuamente y de forma tan pública debería llevarnos, en algún momento al menos, a repesar alguna cuestión de fondo. Para no cometer injusticias con otros al mismo tiempo que nosotros mismos las cometemos. Hay en el verbo “re-velarse” un acierto indiscutible que da testimonio de que toda persona que se muestra en “algo” (tweet, imagen, vídeo, opinión, lo que sea…) al tiempo que se deja ver también se oculta a sí mismo. Pues la persona, en todo lugar o tierra que habite, es misterio.

No igualaría todo posicionamiento. Los hay temáticos, dentro de un campo limitado, como también los hay políticos en sentido amplio o estrictamente personales. Estos últimos, que callan tantas veces lo que realmente piensan, no son siempre prudentes. Existe una ley no escrita en las redes sociales respecto al silencio en lo controvertido o políticamente incorrecto (o incluso interpretable como tal) que se va extendiendo con mucha facilidad. Refleja el poder de la masa -no del grupo- y su capacidad enérgica para destruir la reputación -no la popularidad, sino la imagen de la persona misma-. Semejante actitud es una forma más de complicidad con lo irracional y de menospreciar el diálogo mismo. Y no son pocos los intelectuales de nuestro mundo los que prefieren no estar directamente visibles de este modo, no tanto por lo que Facebook hace con nuestros datos, sino por incapacidad para generar pensamiento en un espacio dominado por la cerrazón.

Y termino con una pregunta, para la que no tengo respuesta sincera: ¿Tomar postura hoy, dentro y fuera de las redes, es asumir la necesidad de diálogo o mero afianzamiento y construcción monologuista de sí mismo?

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