¿Dejará de sonar la música de la SGAE?

El escándalo de la SGAE tiene visos de ser como la sombra del ciprés: alargada. No nos habíamos recuperado todavía de la rimbombante parafernalia montada por Teddy Bautista y su séquito. Y ahora vuelve a sonar una música que debiera ser discordante, pero que desgraciadamente en nuestro país ya suena hasta familiar.

Lo peor es que ya ni nos alarmamos: ¿Que nos aprovechamos de artistas nuevos forzándoles a firmar acuerdos para llevarnos limpios, sin esfuerzo, un 50% de sus derechos? ¡No pasa nada! ¿Que obligamos a la audiencia televisiva a soportar la improvisada actuación de unos músicos que no ensayan, mientras envuelven a una reina del tarot, y luego grabamos el mix y vendemos los derechos? ¿Pero a quién que vea a las güijas televisivas le importa la calidad musical? ¿Que mediante amiguismo y nepotismo influimos en la programación nocturna, esa que casi nadie ve, para emitir horas y horas de música barata? ¡Qué más da! Aquí se da visibilidad a músicos que no encuentran otro espacio, sí. Pero “mica en mica s’omple la pica”, que decía Manuel de Pedrolo.

¡Y no hablemos de la tajada que se llevan algunos “autores” –dudo que todos merezcan tal calificación- por “retocar” obras de los clásicos. Rescatan obras de hace más de 80 años (de ahí que ser catalogadas de “dominio público”). Cambian elementos de manera más o menos significativa y…voilà! A registrarlo y cobrar y cobrar y cobrar. ¡Una Rueda! Como el caso…

¿Cómo alguien, por mucho talento que tenga, puede componer 20.173 obras en tan solo seis años? ¿O ganar en un solo año, por derechos de autor hasta 8 veces lo que Alejando Sanz en ese mismo periodo

Solo así, tratando a la música como a una máquina churrera se explica que haya personas desconocidas, desde el punto de vista artístico, forradas. Con empresas pantallas, testaferros y presencia en paraísos fiscales.

¡Ay! Toca recordar que una organización nunca debe olvidar que su misión, el fin para el que fue creada, sólo está legitimada si aporta valor a la sociedad. Si no, ¿para qué? Y esto no es solo para empresas públicas. También esto cuenta para privadas, como es la SGAE.

Si el ingenio que demostramos los españoles a la hora de montar tinglados al borde de la ley (o al otro lado de la misma) fuera utilizado en pro del talento y del buen hacer, sería muy beneficioso para nuestra sociedad. Pero esto, señores, no tiene nombre.

 

Imagen: www.totmacedonia.cat

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