Deja marchar a mi pueblo

Según la Organización Internacional de Migraciones, todos los años mueren miles de hermanos, hermanas y hermanitos intentando salir… intentando llegar…

El Mediterráneo, la frontera Sur de Estados Unidos, las costas australianas, el Caribe, el Sáhara y la frontera de República Sudafricana se convierten en trampas mortales inundadas de sangre y muerte.

La Organización Internacional de Migraciones denomina a estos flujos de migración mortal como migraciones “económicas”.

La palabra “economía” significa “ley de la casa”. Por lo tanto, nuestros hermanos mueren por la forma en la que legislamos y administramos nuestra casa común, y por la forma en la que repartimos los recursos comunes que todos necesitamos para vivir. Ellos producen y todo lo que producen pasa la frontera para llegar hacia nosotros, pero nunca pasan ellos.

Hoy me siento como Moisés cuando, tras años de vida palaciega, se da cuenta de quién es, se hace consciente del sufrimiento de su gente y palidece al entender cómo él mismo ha contribuido a generar tanto dolor, alimentando desde pequeño un sistema de explotación salvaje.

Me siento como Moisés, y como Moisés, no sé si revelarme, si huir al desierto o si trabajar para formar una nueva Ley para esta “casa”.

También como Moisés, me siento pequeño, incapaz, frustrado, impotente… Y es que Moisés era sólo un pequeño hombre. Sólo eso… ¿Qué habría hecho Moisés sin su Dios?

Dios.

Esto lo cambia todo. Hay un Dios y un Proyecto de Liberación para todos. Dios será quien una vez más tome la iniciativa. Dios será quién, una vez más, enviará mensajeros a “Faraón” a gritar una y otra vez “¡DEJA MARCHAR A MI PUEBLO!”.

Nuestro Dios volverá a hacer toda suerte de prodigios. Veremos una vez más cómo se abren los mares y cómo brota alimento del desierto. Veremos cómo se caen todas las vallas y marchan libres los pueblos del mundo entero.

Veremos a nuestro Dios vencer de nuevo a la idolatría. Una vez más Dios vencerá al dinero. Veremos cómo las leyes salvajes de la acumulación, la exclusión y la explotación son sustituidas por nuevas leyes basadas en la fraternidad universal. Sin duda lo veremos.

Yo sueño con que en el año 2030 habrán caído todas las fronteras. Ni una sola quedará en pie. Ni un solo papel será necesario en ninguna frontera para nadie que tenga aspecto de “ser humano”.

De esta forma avanzamos hacia la gran promesa: Un solo mundo, una sola casa, una sola familia, un solo DIOS. 

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