La Injusticia no se soluciona a sí misma

El Debate Demócrata Electoral ha dejado claro que un sistema hipercapitalista injusto no se soluciona a sí mismo sino que hay que obligar a cambiarlo. La Agenda demócrata en Estados Unidos ha girado levemente a la izquierda con un discurso antioligárquico muy crítico con el poder de Wall Street y su destrucción de las clases medias. El debate presidencial demócrata nos deja un diagnóstico muy alarmante de la crisis estadounidense, una futura América ecológica e inmigrante y un ticket claro para la Casa Blanca: Clinton & O’Malley.

El primer debate presidencial demócrata

El pasado 13 de octubre tuvo lugar en Las Vegas el primer debate entre los candidatos demócratas para encabezar el cartel para la Presidencia de los Estados Unidos. Organizado conjuntamente por la CNN y Facebook, quizás ya tenemos ahí un primer signo de nuestros tiempos: las redes no sólo transmiten información sobre cosas sino que son cada vez más un lugar donde suceden las cosas.

El debate reunió al quinteto demócrata que pretende revalidar el dominio demócrata de la casa Blanca:

  1. Lincoln Chafee, un tránsfugo vapuleado por reconocer que no sabía qué votaba cuando apoyó la desregulación financiera.
  2. Jim Webb, un experto en política militar que desapareció durante el debate.
  3. Martin O’Malley, la estrella ascendente del progresismo demócrata.
  4. Bernie Sanders, un veterano socialdemócrata que enardece a los simpatizantes demócratas con su discurso radical por una revolución política.
  5. Y, finalmente, Hillary Clinton, quien simplemente se dedicó durante el debate a no cometer errores, mantuvo habilidosamente su posición de favorita en las encuestas y siguió demostrando que es la más lista de la clase.

Este primer debate presidencial ha presentado a un Partido Demócrata más a la izquierda de donde suele posicionarse. Lo más novedoso es la presencia de Sanders y de un crecido colectivo demócrata más antioligárquico dentro del partido.

El colapso de las clases medias y trabajadoras

Lejos de parecer defensivo -ya que los Demócratas han estado al frente de la Casa Blanca los últimos ocho años-, el quinteto demócrata sostuvo un discurso muy crítico contra la situación del país. Hillary reconoció que es Estados Unidos sufre la peor crisis desde los años 1920s. Bernie Sanders declaró que “nuestro país hoy se enfrenta a una serie de crisis sin precedentes. Ha ido desapareciendo la clase media de los últimos cuarenta años de este país. Millones de estadounidenses trabajan más horas por menos salario y casi toda la riqueza e ingresos que se han creado han ido para el uno por ciento más poderoso”. Sanders llamó poderosamente a no desviarse con asuntos menores que distraen y centrar el debate público en lo que realmente importa: “La clase media de este país está colapsándose. Tenemos 27 millones de personas en la pobreza. Éste es el verdadero asunto al que se enfrenta América”.

Si el Congreso no regula Wall Street, Wall Street regula el Congreso

Sanders galvanizó el debate inclinándolo todo el tiempo a una crítica radical contra el poder de Wall Street. A ello le acompañaron Jim Webb y Martin O’Malley. En mucha menor medida, Clinton, sólo señaló algunos excesos. Chafee no suscribió esa denuncia.

El debate dejó claro que el dinero ha corrompido casi todo el proceso político e intimida con su poder tanto a los políticos de ambos partidos como a los funcionarios de la Administración. Jim Webb llegó a afirmar que el poder financiero aprieta un torniquete que ahoga cualquier decisión política. JIm Webb reconoció que “ningún partido ha tenido el coraje de hacerse cargo del problema que supone Wall Street”.

Bernie Sanders sostuvo que las campañas electorales –incluida ésta en la que están inmersos- están corruptas y el pueblo está ausente: el 63% del electorado estadounidense no vota y entre los jóvenes el absentismo electoral alcanza el 80%. Estados Unidos, dijo Sanders, está gobernado por un puñado de bimillonarios, una oligarquía. “El Congreso no regula Wall Street. Wall Street regula el Congreso”, afirmó Sanders. “Nuestro sistema de financiación de la campaña es corrupto y está minando la democracia americana. Millonarios y billonarios están vertiendo increíbles sumas de dinero dentro del proceso político…. Para elegir a candidatos que representen sus intereses, no los de los trabajadores”, constató Sanders. El viejo senador fue retado a explicar por qué no se considera capitalista en una nación en la que el capitalismo parece formar parte de su ADN. Él se preguntó, “¿Me considero a mí mismo parte del proceso capitalista de casino por el cual tan pocos tienen mucho y tantos tienen tan poco ya que la imprudencia y codicia de Wall Street destrozó esta economía? No, no soy parte.  Creo en una sociedad donde todo el mundo pueda estar bien, no sólo un puñado de billonarios.” Sanders machacó el debate insistiendo que Wall Street es el principal problema del país. “Tengamos claro que la avaricia, imprudencia y comportamiento ilegal de Wall Street –donde el fraude se ha instalado como un modelo de negocio- ha ayudado a destruir nuestra economía y la vida de millones de personas”.

La injusticia no se soluciona a sí misma

¿Por dónde actuar? Martin O’Malley cree que la pobreza no se arregla esperando los futuros prometidos beneficios de un sistema financiero que es esencialmente injusto: “la injusticia no se soluciona a sí misma”, pone como claro criterio de discernimiento. O’Malley denunció que “Hay una profunda injusticia, una injusticia económica que amenaza con desgarrar nuestro país y que no se solucionará a sí misma. La injusticia no se soluciona a sí misma. Nuestras familias pobres están haciéndose más pobreza y el 70% de nosotros estamos ganando lo mismo o menos que hace 12 años. Necesitamos un nuevo liderazgo y necesitamos acción.”

Una revolución contra el “Shadow Banking”

Sanders reclamó una revolución política. “El poder de la América de las corporaciones, el poder de Wall Street, el problema de las compañías traficantes de droga, el poder de las corporaciones de comunicación es tan grande que el único modo en que podemos transformar América y hacer lo que las clases medas y trabajadoras desesperadamente necesitan, es una revolución política por la que millones de personas se junten, se alcen y digan: nuestro gobierno va a trabajar para nosotros y no sólo para un puñado de billlonarios. Necesitamos elevar la conciencia pública. Necesitamos que el pueblo americano sepa qué está ocurriendo en Washington, algo que hoy en día ignora”.

Martin O’Malley asumió dicha realidad pero su discurso fue más propositivo. Por un lado, sostiene que la base económica de Estados Unidos no es el capital que posee sino la calidad de sus recursos humanos: “Nuestra economía no es dinero sino las personas”, afirmó. Por otro lado, se propone volver a regular el sector financiero reponiendo la doctrina Glass-Steagall (tumbada por el Congreso en 1999 y origen legislativo de la estafa global del 2008) que separaba la banca comercial de la especulativa. “Para asegurar nuestro dinero, necesitamos separar la banca comercial del juego megabancario especulativo y de casino”, declaró O’Malley.

Por su parte, Clinton evitó censurar al capitalismo especulativo pro señaló que el próximo peligro potencial que más amenaza la economía es lo que denominó “una completa banca en la sombra”, la “shadow banking”, lo cual intensifica el secretismo, la conspiración y la deslegitimación del sistema político. Clinton también propuso penas de cárcel mucho más severas para los ejecutivos financieros. Pese a ello, no se mostró partidaria del regreso a la regulación –como O’Malley- sino más bien de la autorregulación del sector financiero. Sanders le reprochó esa postura benigna con el sector financiero, el cual sólo cambiaría obligado por la política. O’Malley sí cree que hay que trazar una línea roja contra el hipercapitalismo: “hay que poner un cortafuegos entre la banca comercial y el comportamiento especulativo y temerario de la banca en la sombra”.

Contra el racismo institucional

La crítica no sólo fue contra la injusticia económica sino contra lo que Sanders logró llamar durante el debate “el racismo institucional”. Martin O’Malley reconoció dramáticamente que “el movimiento ‘Black Lives Matter’ está haciendo señalando un punto muy, muy legítimo: como nación hemos infravalorado las vidas afroamericanas, de la gente de color”. Además de superar el racismo institucional, los demócratas estuvieron de acuerdo en reducir la población carcelaria -principalmente afro-. “Hoy en América tenemos más gente encarcelada que cualquier otro país del mundo. El desempleo de la juventud afroamericana es del 51% y entre los jóvenes hispanos el 36%. Me parece que en vez de construir más cárceles y llenarlas, quizás –puede que sólo quizás- deberíamos invertir más en educación y empleos para nuestros hijos. Hay que ser capaz de asegurar no tanto que pueda tener una celda en prisión como una plaza educativa y empleo”, lanzó Sanders. Clinton coincidió en que “necesitamos superar el encarcelamiento masivo. No podemos mantener prisionera más gente que cualquier otro en el mundo”. Los demócratas debatieron pero al final pareció claro que había que lograr el coraje político suficiente para perderle el miedo al Lobby del Rifle y tener el liderazgo social suficiente para regular mucho más estrictamente las armas en el país.

Los inmigrantes nos hacen más fuertes

Todo el quinteto demócrata sacó pecho para criticar la locura republicana contra los inmigrantes, víctimas de los insultos y demonización –dijo Clinton-. Sanders señaló la ruita: “una reforma migratoria integradora, poner vías para la obtención de la ciudadanía y sacar a la gente fuera de las sombras”. O’Malley fue categórico sobre la esencia de Estados Unidos: “Somos una nación de inmigrantes y los inmigrantes nos hacen más fuertes”.

La revolución USA verde

Cuando los moderadores preguntaron por el mayor problema internacional que reclama la intervención de Estados Unidos, Sanders cambió el enfoque que estaba señalando a China, el Dáesh o Irán: “El cambio climático global: esa es la mayor crisis. El planta que vamos a dejarle a nuestros hijos y nietos puede no ser habitable si no transformamos nuestro sistema de energía de los combustibles fósiles a las fuentes sostenibles”. Sanders apeló a que es una cuestión científicamente establecida e invocó al Papa Francisco, con quien se mostró de acuerdo: “Es un asunto moral”.

O’Malley intentó mostrar la visión futura de una América Verde y pidió “una revolución. Lo que necesitamos es una revolución energética verde. Necesitamos conducir América a un modelo eléctrico que logre ser 100% limpio en 2050 y que creará 5 millones de empleos”. O’Malley desgravará e incentivará en mayor medida la energía limpia solar y eólica. Aprovechándose del estéril enroscamiento republicano contra el cambio climático, los demócratas monopolizan la reputación modernizadora y moral del medioambientalismo.

Un militarismo avergonzado

Respecto a la política exterior, todos criticaron el militarismo estadounidense, reconocieron que ha sido fuente de desprestigio internacional y creador de nuevos problemas y en general nadie quiso comprometerse con el envío de tropas aunque sí con un militarismo indirecto basado en dar soporte logístico y armamentístico. “Hay que reparar la credibilidad internacional que Estados Unidos ha perdido“, dijo Chafee. Cambio ligero que tiene que ver más con las encuestas desfavorable a malgastar vidas de marines que a una convicción de otra cultura de paz en el ámbito internacional.

O’Malley, el que más ganó

Sanders impuso su relato crítico para todo el debate, pero Martin O’Malley fue el gran beneficiado del debate al combinar un perfil crítico con el sistema y credibilidad como candidato que puede ganar el apoyo mayoritario no sólo de los Demócratas sino del conjunto del electorado. Parece insólito que un autodeclarado “socialista” como Sanders pueda ser candidato en unas elecciones que siempre se juegan en el centro. Más bien juega el papel de conciencia moral del partido y así le trataron, como el abuelo moral de los Demócratas. Sin embargo O’Malley ha logrado algo importante: ser la única alternativa posible a Clinton. Webb y Chafee han claramente perdido su oportunidad y su derrumbe hace subir a un O’Malley que sólo puede ganar posiciones. Que Joe Biden no haya dado un paso adelante, hace que sólo pueda ser candidato si Hillary va a los juzgados por el asunto de los e-mails privados mientras era Secretaria de Estado. Puede que O’Malley no haya alcanzado a Hillary en las encuestas pero sí es ya al menos el más destacado candidato a una posible Vicepresidencia. Todos señalan que Clinton ganó pero O’Malley fue el que más ganó esa noche. La pregunta de Sanders permanece: Puede que gane uno y otro, pero ¿realmente ganará la gente?

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