De qué callada manera

las cosas de la Ruah

“De qué callada manera se me adentra usted sonriendo…” dice Pablo Milanés. Adentrarse calladamente, sugiriendo, es lenguaje de la Ruah.

En una calle, de una ciudad grande, en una farola, hay una pegatina pequeña, rectangular con el mensaje “j existe” (yo existo)… Un mensaje que sólo se puede leer a cierta altura. Está a menos de un metro del suelo. Como si quien lo pegó quisiera no molestar diciéndolo. Como si llevara la carga de los vergonzantes, de las vergonzantes que secularmente se han venido escondiendo porque no cuentan, y desde  ese lugar. Abajo, advirtieran de su existencia diciendo algo tan incómodamente evidente… Estoy aquí!!!

Y lo dicen a sabiendas de que ese mensaje no será visible para la gente que pasa por delante de la farola todos los días con su prisa, que no lo será para los medios de comunicación hasta que suceda algo noticiable. Que durará hasta que lo retire el servicio de limpieza del ayuntamiento. A sabiendas de que a su desconocido autor, a su desconocida autora, no le regañarán como pasaba con el ciego de Jericó (Lc 18,35-43) porque su grito está a una altura que no molesta… pero sin embargo está, y pretende adentrarse … a quien quiera recibirlo, claro.

De acallar, de invisibilizar, de negar a quienes son arrojados a las periferias va también este grupo escultórico que se encuentra en la Sede del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Ginebra:

Son personas inmovilizadas, a las que se ha privado de la capacidad de hablar y de ver porque lo que dirían, hablarían o harían resultaría demasiado insoportable. Son personas atadas y amordazadas con vendajes de modelos económicos que les excluyen, de políticas migratorias que les controlan, de actitudes paternalistas que les aplacan y conforman, de miedos que les atenazan y constriñen… de amenazas que advierten que cualquier actuación que cambie el estado de las cosas tendrá sus consecuencias… Open Arms, Maleno, Berta Cáceres.

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Ante la farola se pasa deprisa… y ante las esculturas se toman fotos… y entre tanto, la Espíritu se sigue adentrando y sigue revolviendo. A su callada manera.

 

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