De princesas a patronas

No. No estoy reeditando un artículo anterior (De patronas a princesas) aunque el título pueda llevar al engaño. He invertido intencionadamente las palabras. Por dos razones:

Una porque al hablar en estos términos en la primera vez que vinieron “Las Patronas” a España, alguien me recriminó la categoría “monárquica” que otorgué metafóricamente a estas mujeres tan luchadoras y tan poco “principescas”, candidatas a la categoría de Concordia 2015 de los reconocidos Premios Princesa de Asturias.

Y la otra es porque están en España de nuevo. En un viaje por distintas ciudades de la península, arropadas por muchos amigos para visibilizar de nuevo su trabajo tan ejemplar.

Celebrando el día internacional de la Mujer quiero, de nuevo, modestamente, difundir el ejemplo paradigmático de estas mujeres “a pie de calle o al pie de las vías”. Y de paso hacer frente ante tanta estupidez europea en la gestión migratoria con el ejemplo de mujeres sencillas (nada de Cenicientas convertidas en princesas) que nos facilite a la sociedad civil herramientas para la cada vez más necesaria creatividad para el encuentro, el diálogo y el entendimiento en la gestión del fenómeno migratorio. Y para que en medio del fragor electoral esta lucha pase a primer plano.

Ante el drama de los  Refugiados, hoy, uno  se pregunta con tristeza, ¿dónde están los partidos y los sindicatos? Así lo denunciaban Pepa Torres y Soledad Gallego Díaz con más gente en la Campaña ”Pasaje Seguro Ya” del 27 de febrero pasado. Y es que en este tema las Administraciones públicas se han rendido tan cobarde como  innoblemente (aunque habrá que seguir peleándolo) en la  lucha  para que  el bien común no quede en manos de intereses espurios. Por ejemplo, los mercantilistas.

Os los recuerdo. Al pie de la vías por donde pasa “el tren de la muerte”, llamado “La Bestia”, cruzando México, unas mujeres llamadas Las Patronas, (por  el lugar donde ejercen su labor en Veracruz, México) muy preocupadas por la “cosa pública” (republicanas en un sentido totalmente opuesto al republicanismo de  Donald Trump) cocinan todos los días, arroz y frijoles en enormes cacerolas que, con pan y agua, entregan en bolsitas a los migrantes en su peligroso viaje.

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Un 14 de febrero de 1995 (¡Día de los enamorados!) dos mujeres volvían a casa tras comprar algunos alimentos. Se pararon ante las vías para que el tren pasara. Oyeron gritos. Unos migrantes agitaban sus manos desde el techo de los vagones del tren y pedían comida. No lo dudaron. Y les lanzaron sus  bolsas de comida. Desde entonces – y llevan más de 20 años haciéndolo- no ha habido un solo día en el que Norma Romero y su grupo de mujeres no hayan compartido solidaridad y comida preparadas por ellas desde la madrugada. Cuando la esperanza parece perdida, Las Patronas ofrecen cotidiana y anónimamente un ejemplo sorprendente de solidaridad que contrasta con el descarte  que sufren muchos emigrantes en muchas partes del mundo.

Porque, mientras tanto en Europa, además del vergonzoso acuerdo entre Turquía y la Unión Europea para devolver refugiados , la frontera entre Grecia y Macedonia ha quedado bloqueada. 8.000 migrantes y refugiados atrapados,  haciendo de tapón escandaloso y fronterizo entre los dos mundos: el primero y el cuarto. Y la policía  se ha atrevido a lanzar gases y bombas lacrimógenas  para detener a los refugiados, entre ellos mujeres y niños.

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He visto fotografías como iconos que me interpelan. Las prefiero a las ráfagas televisivas porque las fotos las puedo contemplar quietamente. Sosegadamente. Dejando que me hablen ratos largos, incluso las puedo acariciar. Una de ellas es la de una mujer desmayada ante la que cae un chorro de agua fresca donde  una mano anónima intenta, en el “fragor de la batalla”, despertarla de su desmayo. Para “darle vida”, como si de un nuevo bautismo se tratara.

Los iconos orientales  atraen nuestra mirada de manera fija al mirarlos de frente  pero, si hay algo que nos sorprende es que, sea cual sea el ángulo en que nos situemos, tenemos la sensación de que ellos nos siguen mirando. No nosotros a ellos. Nos “persiguen” como esos rostros me “persiguieron”  por la noche. Las imágenes, esta vez grabadas a fuego en mi  corazón, me siguen “hablando”. Y  he comprendido porqué determinadas autoridades policiales aconsejan no mirar a la cara de los refugiados. Por ejemplo, la de esa niña – ¡ay los niños! – que casi ahogándose,  huye despavorida sin querer desprenderse de su sencillo juguete. Como si fuera su tabla de salvación.

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Y me ha parecido recordar a uno de los guardias que  ha disparado, con los ojos cerrados. ¡Ojos que no ven, corazón que no siente!  Pero esta vez no ha sido así. Dicen que el pobre hombre no ha podido borrar de su corazón -por mucho que haya cerrado los ojos-  la mirada de horror de los niños y de los pobres. Dicen que aquel policía de ojos cerrados se llama… EUROPA.

También me ha parecido ver que hacia él (hacia ella) se acercaba una mujer sin uniforme, agarrando con sus propias manos – sin criadas que le sirvieran- miles de  botellas de agua y miles de bolsas de comida para emigrantes y refugiados. Iba vestida de calle (nada de ropajes principescos). Dicen que se llama Norma, coordinadora de las PatronasDicen que para eso ha venido a España (Europa)  estos días…

Nota:

Las fotografías de portada es composición propia . La segunda es de Crònicas sociales http://cronicadesociales.org/tag/activistas/ . La Tercera fotografía ( de  Louisa Gouliamaki – AFP ) está tomada del Periódico La Vanguardia  de Barcelona del día 29/02/2016.

Y la siguiente de http://www.lanacion.cl/noticias/galerias/mundo/fotos-del-dia-29-de-febrero/2016-02-29/151437.html#

 

1 Comentario

  1. Efectivamente , José Luis, esos ojos , esas miradas que te persiguen y nos persiguen, esperemos que se queden clavadas en los ojos de Europa. Que miren con los ojos del corazón y reaccionen…llegará el día.
    Enhorabuena por tu artículo y por difundir tbn la labor de “Las Patronas”, que en ocasiones parecen tbn “las hadas madrinas

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