De Perseidas y personas

En este mes de agosto hemos podido contemplar en el hemisferio norte las “Perseidas”, una lluvia de meteoros, que también conocemos con el nombre de “lágrimas de San Lorenzo”. Al mismo tiempo, hemos podido observar la llegada (o los intentos de llegada) de miles de personas a las costas de Europa. Estos hechos nos han dejado algunas imágenes impactantes que nos lanzan también algunas preguntas inquietantes. Selecciono cinco de estas cuestiones.

[1] En un conocido texto situado en la conclusión de la ‘Crítica de la razón práctica’, el filósofo alemán Inmanuel Kant afirma: “Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí”. ¿Ética o estética? Cuando, en estos días de descanso en agosto, miramos el cielo estrellado para buscar Perseidas y cuando miramos el mar, ¿descubrimos esa ley moral dentro de nosotros? ¿A dónde nos lleva, qué compromisos exige, qué vínculos descubre? ¿O nos quedamos en una experiencia meramente estética?

[2] La noche de las Perseidas, al menos donde yo estaba, no estaba demasiado nítida. La primera vez que vi la fotografía de los náufragos en el mar, me costó reconocer las personas. Es como en un curioso pasaje del evangelio, en el que Jesús de Nazaret cura a un ciego, pero lo hace en dos etapas, porque al principio decía «Veo a los hombres, pues los veo como árboles, pero que andan» (Mc 8, 24). Y aquí surge otra interpelación sobre nuestra mirada: ¿es nítida o nublada? ¿Soy capaz de reconocer con hondura la común humanidad o me quedo en miradas y análisis superficiales?

[3] Las Perseidas son estrellas fugaces. Las personas que migran son, por definición, personas en movimiento. Nueva pregunta. Mi relación con todo esto, ¿es fugaz o permanente? Cuando pienso en el fenómeno migratorio y la crisis de los refugiados, ¿me parece que es un entretenimiento pasajero en verano? ¿O veo las causas estructurales? Y, personal o comunitariamente, ¿busco algún compromiso estable?

[4] En la mitología griega, Perseo logra liberar a Andrómeda petrificando al monstruo marino que la retenía, mostrándole la cabeza de Medusa. Esta escena nos lanza otra pregunta ante las muertes en el Mediterráneo, ¿somos de piedra o de carne? ¿Estamos petrificados, sin saber qué hacer o que decir? La filósofa judía Simone Weil decía que el horror de la violencia tiene un doble efecto, que nos petrifica: la víctima queda muda y el violento queda sordo. La víctima ya no puede gritar; pero nosotros, ¿escuchamos sus gritos?

[5] Podemos decir que los meteoros se mueven simplemente por la ley de la gravedad, que se mueven “per se”, por sí mismos. Los migrantes, sin embargo, son muchas veces forzados a salir de su tierra. De hecho, en estos momentos, se calcula que el 80% de quienes intentan llegar a Europa son personas perseguidas, que huyen de sus países (Siria, Somalia, Afganistán…) y que deberíamos considerar como refugiados o solicitantes de asilo, con las implicaciones jurídicas y políticas que ello supone. Pero nuestra cómoda Europa parece prefiere quedarse en la ilusión de la libertad, el moverse “per se”, y no asumir su responsabilidad ante la persecución humana.

Finalmente, quiero recordar que el nombre popular de las Perseidas como lágrimas de San Lorenzo se refiere, simplemente, a que tienen lugar en torno al día 10 de agosto. Pero este hecho suscita con alguna reflexión ulterior, con la que terminamos. En su famosa visita a Lampedusa, en julio de 2013, el papa Francisco lanzó una pregunta directa que sigue resonando hoy. “¿Quién ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas? ¿Quién ha llorado por esas personas que iban en la barca?” Ante el sufrimiento y la muerte de los hermanos migrantes en el Mediterráneo, ¿hemos llorado? Por otro lado, San Lorenzo fue un mártir del siglo III, quemado en la parrilla; cuando el emperador romano le exigió que entregase las riquezas de la Iglesia, Lorenzo se presentó con los enfermos, mendigos, harapientos y leprosos que la comunidad cristiana atendía. ¿Cuáles son hoy nuestras lágrimas de San Lorenzo? ¿Y a dónde nos llevan?

[Recopilo aquí algún material adicional para la reflexión, ya ofrecido en nuestra página web]:

Políticas migratorias en el Mediterráneo

Ante emergencias humanitarias, la callada por respuesta

Somos personas, no animales

Náufragos

Europa no es un castillo encantado

Insolidaridad estructural

La frontera como lugar hermenéutico

¿Por qué abandoné mi país?

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here