Cimbran las vías del tren, incluso vibra un poco el terreno donde se asienta el llamado camino de hierro, el tren está a punto de silbar…

Como si olfatearan unos caballos a galope , en ese momento,  ellas  dejan todo, toman bolsas de comida y corren a los lados de las vías del tren llamado “la Bestia” en busca de rostros hambrientos y cansados con un brazo extendido que les permita tomar algo que les refresque y les de vida. Y así siguen dando luz cada vez que pasa el tren. El primero pasó a las 11 de la mañana, pocos viajeros, pero mucha esperanza. Un grupo de mujeres permanecen en alerta, ya que les comunicaron que pasarían dos más de las llamadas “bestias” durante la tarde, (una de ellas con alrededor de 500 migrantes)

Son “Las Patronas” un grupo de mujeres que apoyan con comida a migrantes en su recorrido en los trenes de carga que pasan por la comunidad La Patrona, en el municipio de Amatlán. En Méjico. La Bestia, conocido también como “el tren de la muerte”, es una red de trenes que inicia su viaje en el Estado de Chiapas y recorre cerca de 2.400 Kilómetros hasta llegar a la frontera con Estados Unidos de América. Veinte años dando de comer. Once horas al día. Al principio se arriesgaron a ser penalizadas cuando en México era un delito ayudar a los  irregulares que transitaban por el país.

Y en los trenes un montón  de gente que  por escapar de la miseria arriesgan su vida y su integridad a bordo de una máquina de más de cien toneladas de peso y controlado por traficantes de drogas y personas. María Teresa Compte profesora de Doctrina social, tertuliana de los  medios y buena amiga, cuenta que teóricamente ese viaje es gratuito porque se trata de trenes de carga, pero ningún emigrante puede acceder a lomos de La Bestia si no consiente al chantaje que le imponen los traficantes. Se calcula que el importe que satisfacen los emigrantes asciende a unos 1.200 dólares para un viaje de 25 días. Un 60% de las mujeres que viajan en La Bestia son víctimas de violación y abuso sexual.Un 80% de los emigrantes son víctimas de robos y extorsiones, y muchos de ellos sufren secuestros con el único fin de que sus familias en EUA paguen un rescate por ellos.

Hay una campaña internacional que pretende que se les conceda el Premio Princesa de Asturias (2015) de la Concordia .El obispo de Saltillo uno de los primeros  impulsadores de su candidatura cuenta porqué lo hace:“Porque han sido mis maestras junto a las vías y frente al evangelio”

Como ellas mismas lo saben, los premios son plataformas para visibilizar las luchas que cada organismo o grupo humano  realiza. Y por lo tanto, convertir a las Patronas en Princesas – como si fueran las cenicientas del siglo XXI – es poner en valor la realidad de un grupo  que canaliza una labor organizadamente,  blanco sobre negro, desvelando la cruda  realidad de las y los migrantes en su paso por México (y por todos los caminos del mundo) . Y que descubre– y esto no es un cuento – sus  dolores y tragedias no solo en sus viajes de  tránsito, sino en sus países de origen y en los de su destino. Es más: Un acción individual que empezó con la Señora Norma,  se ha transformado – también paradigmáticamente –  en la acción de todo un pueblo

Estas mujeres compusieron una canción que se ha hecho popular cuya letra dice: “Salve su vida en La Patrona si va usted en el tren de paso. Ahí le avientan su comida si usted extiende los brazos. La Patrona es la esperanza del migrante en su camino. ”.

En esta  lucha paradigmática firmaron la propuesta para el premio los obispos de Migraciones de España. Es la lucha de los pobres que están actuando organizadamente por convicciones profundas – lo vi en sus ojos cundo tuve la gracia de entrevistarme con alguna de ellas – para producir transformaciones en la situación  social de la cual son víctimas.

Un ejemplo de esto que me contaron cuando me entrevisté con una de ellas  “De pequeña no venía al tren; nada más ayudaba a recoger las botellas para el agua o en la cocina, hasta que un día el tren se paró y todas vinimos corriendo. Esa fue la primera vez, casi ni les pude dar nada a los emigrantes. Solo alargué mi pequeño brazo de niña para intentar llegar al suyo que sujetándose en los asideros del vagón del tren se alargaba hacia mi mano donde ofrecía una bolsa de comida. Con Arroz y frijoles .Y una botella de agua. Luego me enseñaron a hacerlo mejor”, finalizó diciendo.

Un cautivador documental narra su epopeya. Se titula “Llévate mis amores” . Aquellos amores con los que llenan sus bolsas de plástico. Han paseado por España la petición de apoyo al citado Premio de la Concordia de los premios Princesa de Asturias 2015. No es mala idea, sino todo lo contrario,  que, feminizado el titulo, sean estas ejemplares mujeres quienes lo reciban.

Nota: Del 29 de junio al 30 de agosto en Caixa Forum (Av. Francesc Ferrer i Guàrdia6-8.) de  BARCELONA esta realidad es iluminada por la Exposición “Somos Migrantes” de Entreculturas