De mayor quiero ser como Malala

¿Qué quieres ser de mayor? Menuda pregunta que hacemos a los pequeños una y otra vez, sabiendo a estas alturas de la vida que si todo va bien y una vive con intensidad, la vida da para ser muchas personas, al menos así me siento yo. La identidad es un tema crucial en el ser humano, y creo que más que nada en la vida adulta. Por esa búsqueda de la identidad recorremos caminos insospechados, idolatramos y hacemos nuestra estéticas y pensamientos que años más tardes pueden provocar el mejor o el peor de los recuerdos.

Cuando les pregunto a mis sobrinas qué quieren ser de mayor, dejo de respirar por unos segundos y casi cierro los ojos, deseando profundamente que me digan “Quiero ser Malala Yousafzai”. Ya lo sé, soy una tía algo friki, pero qué voy a hacer, la búsqueda de mi propia identidad me ha hecho así.

Las respuestas de mis sobrinas, claro está, no son la esperada, pero bien está cuando me dicen quiero ser médica, bióloga o artista, lo malo es cuando en algún momento se les escapa eso de “princesas”: ay, ay, ay, que casi no respiro, aunque bien es cierto que las princesas, gracias a Dios, ya no son lo que eran.

No sé qué soñaba ser de mayor la joven pakistaní Malala, pero la realidad del tiempo y de la inmensa fuerza y fe de su padre, su madre y suya propia, ha hecho que a sus 18 años recién cumplidos sea una de las mayores activistas por el derecho a la educación de las niñas, ese derecho que 58 millones de niños y niñas en el mundo no disfrutan, ese derecho que personas en búsqueda de la identidad equivocada quisieron arrebatarle una y otra vez a Malala, incluso intentando quitarle la vida.

Su regalo de 18 cumpleaños ha sido inaugurar un instituto para refugiadas sirias en Líbano, 200 adolescentes que tendrán la oportunidad de tener presente y futuro, de olvidar por unas horas una de las mayores catástrofes humanitarias de los últimos tiempos como es la guerra siria. Como dice uno de los lemas de Entreculturas, “Educar es dar oportunidades”.

Muchos son los titulares y frases que el Papa Francisco nos ha regalado en su viaje por Suramérica, yo me detengo en su discurso en el encuentro con el mundo de la escuela y de la universidad en la Pontificia Universidad Católica de Ecuador. “Me pregunto con ustedes educadores: ¿Velan por sus alumnos, ayudándolos a desarrollar un espíritu crítico, un espíritu libre, capaz de cuidar el mundo de hoy? ¿Un espíritu que sea capaz de buscar nuevas respuestas a los múltiples desafíos que la sociedad hoy plantea a la humanidad? ¿Son capaces de estimularlos a no desentenderse de la realidad que los circunda? … Para eso hay que sacarlos del aula, su mente tiene que salir del aula, su corazón tiene que salir del aula… ¿Cómo generamos y acompañamos el debate constructor, que nace del diálogo en pos de un mundo más humano? Del diálogo, esta palabra puente, esta palabra que crea puentes”.

Malala no necesitó ir muy lejos de su aula de clase para saber que el mundo está lleno de injusticias, ni para conocer la realidad sufriente, pero el mayor de los dones recibidos es el espíritu crítico que le hizo entender desde bien pequeña que eso que vivía no era su destino, que podía decidir sobre su vida.

En este 2015 el mundo está diseñando su agenda común, lo que ya se llama, los Objetivos de Desarrollo Sostenibles, las metas que el planeta en su conjunto se pone como horizonte para los próximos 15 años.

Pero esas metas que gobiernos, sociedad civil, sector privado, etc…están diseñando no tienen sentido si cada uno de nosotros y de nosotras no nos preguntamos qué mundo queremos, que mundo construyo con mis hábitos día tras día, que quiero ser de mayor…Pues yo de mayor quiero ser Malala Yousafzai. ¡Feliz cumpleaños!

 Fotografía: google imágenes

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