De las ONG a Podemos. Un antecedente o dos

Podemos ejerce una fuerte atracción sobre muchos militantes de ONG, incluso entre los más reflexivos. En varias entregas –la segunda el sábado próximo–, analizaremos este fenómeno y discutiremos sus significados.

Empezamos curiosamente hace más de dos mil años, en la Grecia clásica. El filósofo griego Platón escribió uno de los primeros tratados sistemáticos de política, un diálogo en realidad (c.a. 400 a.C.), titulado Politeia, en español La República. El concepto central de ese tratado es la justicia: la política existe para hacer una república justa, de la misma manera que la ética existe para proponer la justicia a cada persona.

Pocos sostendrían hoy en su integridad el concepto de justicia de Platón, pero él levantó una de las banderas en un conflicto nuclear de la existencia humana. Porque o bien:

*La política es el arte de procurar la justicia en la sociedad, usando el poder en la medida en que ello sea útil para la justicia (Platón; a la vez Isaías y luego Jesús), o bien,

*La política es el arte de alcanzar y mantener el poder, usando la justicia en la sola medida en que ello sea útil para el poder (Maquiavelo; o Trasímaco, si se quiere un contemporáneo de Platón).

Esta diferencia es importante. Pocos en el ‘universo ONG’ español, cristianos o no, dirían  que están por la segunda concepción de la política en vez de por la primera. Quienes se comprometen con una ONG quieren normalmente actuar en el ámbito público buscando hacerlo más justo. Pueden eventualmente considerar la política como un instrumento de justicia, pero el poder solo les valdrá en la medida en que efectivamente sirva para propósitos de justicia. De hecho, el camino escogido sugiere que se trata de un instrumento secundario para estas personas: el partido o el sindicato no son su canal principal de realización de la justicia. Las ONG lo son; por eso dedican a la suya ocho, diez o doce horas al día.

Hasta ahí, Platón nos guía incluso sin que lo sepamos. Por eso es tan relevante la historia política del mismo Platón, su intento de poner por obra sus teorías políticas. Como está narrado en pocas pero muy recomendables pinceladas por Felipe Muñoz Plaza. Platón viajó tres veces a Siracusa con la esperanza de educar a los  sucesivos tiranos de la ciudad (Dionisio I, luego su hijo Dionisio II) para que concretaran su ideal político en esa ciudad-Estado, El primer viaje terminó con Platón (quien era de familia noble ateniense) vendido como esclavo, quizás a instancias de Dionisio I; el segundo viaje, con Platón expulsado de la ciudad por Dionisio II; y el tercer viaje con Platón preso, también por orden de Dionisio II, y rescatado in extremis por los diplomáticos atenienses.

No es un caso único. La relación entre quienes tienen el poder político y quienes tienen ideas bien articuladas sobre la justicia, pero no poder, es compleja. A mediados del siglo XX, buena parte de los grandes intelectuales de Occidente eran comunistas, stalinistas precisamente, porque veían en Stalin al “hombre de acero” capaz de realizar lo que ellos eran solo capaces de pensar. Tener una idea clara sobre lo justo para la sociedad, implica, a menudo, una disonancia interior, sufrir una impotencia. Para cerrar ese brecha y dejar de sufrir, la persona puede entregarse a un poder del que espere la realización de su idea de justicia. A menudo es una entrega ciega, porque dolería tanto reconocer que uno se ha equivocado: supondría volver a abrir la herida de una impotencia. El riesgo es, como muestra la historia de Platón, terminar como esclavo, exiliado o preso por el mismo hombre de poder al que se trata de convertir para confiarle la realización práctica de la justicia.

(Por cierto, hablando de algo distinto pero relacionado, hace un par de semanas mencioné la gran utilidad para España de que Syriza formara gobierno en Grecia. Puede verse mi opinión sobre el tema aquí.)

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