De imanes, detenciones, diferencias y confluencias

Hace unos días detuvieron a uno de los imanes de mi barrio. Su delito no fue otro que “no tener papeles”. Es un hombre muy conocido no sólo por la comunidad musulmana, sino por muchos vecinos y vecinas del barrio, por su carácter abierto y comunicativo, pese a que no domina todavía el español, aunque acude regularmente a clases y se esfuerza en su aprendizaje. Al imán, más que la erudición, lo que le caracteriza es la cordialidad y el haber abierto la mezquita a los colectivos del barrio preocupados por favorecer la convivencia intercultural y los derechos humanos y sociales. Le gusta aprovechar todas las ocasiones que puede para facilitar ese acercamiento. La información sobre los programas políticos de los partidos que se presentaban a las elecciones ha sido una de las oportunidades más recientes.

Su detención provocó mucho revuelo en el barrio. La comunidad musulmana le esperaba para iniciar la oración y al faltar a ella repetidamente y no encontrarle tampoco en su domicilio pensaron que le había ocurrido algo malo y empezaron a movilizarse en su búsqueda. Con ellos se movilizaron también algunos curas, religiosos, religiosas y otros activistas del barrio que se conocen por haber participado en algunos actos tras los atentados de Paris o en protestas ciudadanas contra la ley Mordaza, la guerra en Siria o la exclusión sanitaria.

Red Interlavapiés
Red Interlavapiés. Autora de las fotos: María Sierra Carretero

Otros colectivos pusieron al servicio de la comunidad musulmana su abogados y han presentado también algunas quejas al Defensor del Pueblo, pues consideran que su detención ha sido absolutamente irregular ya que el imán tiene la solicitud de su residencia en trámite desde hace meses y les parece una medida más dirigida a coaccionar y a humillar a los musulmanes y musulmanas del barrio que al cumplimiento de la ley de extranjería. El caso es que el imán estuvo detenido un día y medio en una comisaría del distrito Centro y cuando fue puesto en libertad un corro numeroso y diverso de gente le esperaba con impaciencia en la calle. Salió nervioso, aunque sin perder la sonrisa y dando gracias por haber vivido en su piel lo que tantos musulmanes sin papeles viven cada día en las calles y como él mismo dijo, “sintiéndose más cerca de los vendedores de gorros o de rosas, que son detenidos cada día”. 

Acabamos de celebrar la Semana por la Unidad de las Iglesias y aunque esta fecha tiene connotaciones ecuménicas está también cada vez más vinculada a la necesidad del diálogo interreligioso como un pendiente en nuestras iglesias y en las religiones en general. La detención del imán en estos día y el revuelo vecinal que se ha organizado en torno a ella me “da que pensar” y me evoca que el diálogo ecuménico o interreligioso, como todas las cosas importantes de la vida, empieza en el seno de ella misma. Es decir, en el encuentro, el cuidado de la relación, la buena vecindad y la amistad de quienes convivimos en un mismo territorio,aunque profesemos distintos credos y códigos culturales. La diferencia del otro no le convierte en nuestro enemigo, sino que es la oportunidad de seguir ampliando e interrogando nuestras visiones. Nuestra visión de la realidad y de Dios es siempre parcial e incompleta. Más allá de toda diferencia el valor de la dignidad de la persona, el respeto y la práctica del amor en la vida ciudadana puede hacernos confluir y encontrarnos.

Hace muchos años lo escribió dijo Raimon Panikker en su libro El diálogo indispensable:La verdad es siempre relacional (…) El mundo no puede ser completamente visto e interpretado a través de una única ventana (…) Ningún individuo, ningún grupo humano, ni siquiera toda la humanidad viviente en un momento dado de la historia puede encarnar la medida absoluta de la verdad. Contingencia significa que tocamos (tangere) nuestros límites y que lo ilimitado nos toca (cun- tangere) tangencialmente. El carácter abierto del diálogo participa de la naturaleza de la propia realidad (…). El diálogo no tiene como finalidad la victoria de uno sobre otro, es esencialmente un aspecto de la vida, como un todo del mismo ser y la vida no es torneo del bien contra el mal, o lo que sería peor, de los buenos contra los malos”

Lo tendrían también que aprender nuestros políticos…

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