Desde que SIMO se transformó en SIMO EDUCACIÓN hace tres años, se ha convertido en un punto de referencia para muchos profesionales inquietos del sector educativo, en particular aquellos que conciben las tecnologías como una herramienta imprescindible hoy en día para lograr un proceso de enseñanza-aprendizaje eficaz y adaptado a las necesidades de las personas del siglo XXI.

En la edición de este año, además de la feria en sí, se presentan más de 200 ponencias, experiencias y talleres prácticos de gran valor de las diferentes etapas educativas. Los asuntos típicos cuando se habla de la presencia de las TAC en la escuela no faltan: el uso de tales o cuales gadgets, la programación y la robótica, el aprendizaje por proyectos y/o colaborativo con apoyo TIC, el uso de apps y programas específicos, la gamificación, etcétera. Pero también se han incorporado otros menos habituales pero cada vez más tenidos en cuenta por las personas interesadas: la reflexión sobre el papel clave de la personalización, la relación entre recursos tecnológicos y resolución de problemas reales o la más que necesaria referencia a la calidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje, y así sucesivamente.

Estando agradecidos al planteamiento y organización, echo en falta comunicaciones y mesas redondas donde proveedores de recursos y usuarios específicos analicen sus necesidades específicas y dialoguen sobre ellas, para encontrar puntos de encuentro. No olvidemos que los auténticos interesados (stakeholders) de las tecnologías diseñadas por especialistas son docentes con necesidades concretas para cuya resolución reclaman soluciones ágiles y sencillas. En diferentes contactos que hemos podido mantener con responsables de empresas del sector de las tecnologías aplicadas a la educación y de las editoriales que han apostado por el mundo digital en estos años, hemos notado con frecuencia que nuestros lenguajes no sólo son diferentes, sino que tenemos objetivos no siempre fáciles de hacer confluir. Lo achacamos, en general, a una falta de comunicación real sobre cuestiones prácticas. Y solemos escuchar con frecuencia que son los docentes mismos quienes tienen que encontrar soluciones ingeniosas (no siempre breves o fáciles) para adaptar lo que el mercado les ofrece a sus necesidades y posibilidades. Como feria, SIMO EDUCACIÓN sería un espacio ideal de encuentro para fomentar este diálogo, al que animamos desde aquí.

cua_objetivos

También nos hubiera gustado la existencia de un espacio de reflexión sobre la evaluación de las actividades, de la práctica docente y del cumplimiento de las expectativas y objetivos planteados. Quizá no hayamos llegado a un punto de madurez suficiente como para comprender la importancia capital de la evaluación en los procesos de innovación educativa. Si la tecnología debe ponerse al servicio de un correcto aprendizaje de alto nivel (siguiendo a Bloom), y no ser simplemente un recurso motivador por ser novedoso pero carente de profundidad, deberá partir de la medida y el análisis de lo que se está haciendo realmente y de su eficacia local. En este punto, una mejor comunicación entre lo que los docentes y equipos directivos quieren, y lo que los recursos tecnológicos les pueden ofrecer sería de nuevo de gran ayuda. En un futuro podría dar pie a contar con herramientas de evaluación de la dinámica docente útiles para los profesores y sencillas de emplear.

Fuente de la imagen de cabecera: www.ifema.es