Dando oportunidades…

Son las cinco de la tarde, suenan los timbres de los diferentes colegios de los barrios de la Salut y de Llefià de Badalona. Treinta niñas y niños de primaria se dirigen hacia el Centre Obert la Salut Alta, otros treinta más se dirigen a una escuela pública del barrio que nos cede sus espacios para realizar el proyecto de ApreniJoc y otros tantos, ya de secundaria, llevan un rato en marcha en su proyecto.
Nos esperan tres horas de encuentros, ilusiones, vivencias, espacios lúdicos y educativos, que les ayudará en su crecimiento y formación.
Lo primero que debemos tener en cuenta como educadoras es el cómo llegan, qué han ido metiendo en su mochila a lo largo del día, qué aspectos agradables han vivido, qué experiencias no tan buenas han tenido, y lo más importante: ¡qué hacemos con todo esto! Y aquí entra en juego nuestra mirada… Una mirada tierna, acogedora, sincera, incondicional, de esas que hacen sentir seguro a cada niño o niña, que ayudan a gestionar tantas emociones. El trato que recibamos del otro es el que nos define, nos reconocemos desde el otro, desde su respeto que nos abre las puertas a la libertad, desde la dignidad que nos brinde, desde su escucha… una escucha dialógica, donde la comunicación verbal y no verbal nos lleve a un mutuo reconocimiento. Podemos tomar consciencia de todo ello trabajando las emociones en tutorías, actividades o asambleas y en las actividades y reuniones con las familias.
A veces vienen al Centro después de haber vivido situaciones fantásticas en casa y en el cole, pero también llegan después de vivir situaciones de nervios, secretos y preocupaciones. Las situaciones familiares son complejas: la crisis, la falta de empleo, la migración, la falta de red social, la insuficiencia económica, la dependencia de los servicios sociales básicos y la falta de gestión de las emociones hace que a veces los niños y niñas en casa no sepan qué es lo que pasa, a menudo no pueden expresar su opinión, no son parte de la solución, sólo deben sortear, como buenamente puedan, las emociones negativas y positivas que van llegando de sus referentes adultos.
Desde la Fundación ofrecemos a los chicos un espacio de aprendizaje, donde puedan hacer sus deberes; pero sobre todo trabajamos desde proyectos que les puedan parecer interesantes, que les ayuden a razonar, que tengan una posterior incidencia social, que les inviten a un aprendizaje motivador, vivo, del que se disfruta, que les ayude no sólo a memorizar sino sobre todo a entender, relacionar, captar, a emocionarse. Trabajamos hábitos, destrezas, y fomentamos que cada chico y chica tengan sus experiencias de éxito, que se luzcan en lo que son buenos, en lo que valen, donde destacan y donde se les valora: ya sea realizar una actividad concreta o tener muy desarrollada una habilidad social. A menudo son castigados eliminando esos espacios de éxito: “si no sacas buenas notas, te borro del fútbol”.
La intención es educar, “por eso sois educadoras” nos dicen muchas veces los niños, acompañar en el proceso de crecimiento, de madurez, de paso por las diferentes etapas evolutivas; de poner el límite que tanto reclaman los niños, de definir cuáles son las normas sociales en las que nos movemos. Generamos nuevas oportunidades, les animamos a que se esfuercen, queremos brindarles un buen trato que ofrezca un plus de calidad a lo que sería un simple “trato”.
Para ello es importante nuestra formación, tanto académica como interna, sabernos vulnerables, limitadas en nuestra acción, trabajarnos la paciencia que no es más que ser capaz de seguir el ritmo del otro, cuidarnos entre los miembros del equipo.
Todo esto lo hacemos desde ahora, porque los chicos no son el futuro, son el presente, porque sus vidas se les dan desde el momento que nacen, no cuando llegan a edad adulta, porque su vida es suya, no de sus padres ni de los educadores, porque así cada uno se hace responsable de su día a día, de sus experiencias, de su necesidad básica de aprender, y sólo así, sin tener que rendir cuentas a nadie más que a sí mismo, puede dar lo mejor de sí, para seguir viviendo, gozando y transformando su interior, su relación con el otro y con el mundo.
Debemos brindar a los chicos y chicas del barrio y a sus familias esta vivencia, estas oportunidades, este vibrar por aprender, por sentirse queridos, que sientan que se confía en ellos y que pueden confiar en sí mismos, nada distinto de lo que necesitamos todos y cada uno de los seres humanos.

Anna Santiago

Educadora de la Fundaciò Salut Alta

 

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1 Comentario

  1. Anna estic segura que la vistra feina es veu en cada un dels nens i nenes que tenen la sort de tenir-vos a prop.
    Escoltar… Saber que hi som… Ajudar amb aquells deures que es fan una muntanya.. Ajudar-los a confiar en ells… I ser persistents…
    Ànims que arribem a final de curs i tots sabem que el final és frenètic!

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