Curas, religiosos y religiosas… ¿cómo estar en las redes?

¿Cómo debe ser el perfil de Facebook de un sacerdote? ¿Qué puede y qué no puede compartir una religiosa en su Twitter o en su Instagram? ¿A quién conviene seguir y a quién no conviene hacer amigo? ¿Por qué debe haber curas en red, unidos? ¿Qué repercusiones tiene lo que escribe un consagrado, un cura, un diácono, un obispo… en las redes sociales?

No me digáis que esto de las redes, a priori y sin pensar demasiado, no podría calificarse como una de esas cosillas “de los laicos”, de esos que tenemos por encargo el estar en el mundo, en medio de la sociedad, siendo fermento desde dentro, como uno más. Es como si el tema y las presencias se complicaran si en lugar de laico o seglar, uno está ordenado o ha emitido ya votos en una congregación u orden religiosa. No son una ni dos ni tres las realidades eclesiales que forman a sus miembros en la especificidad de su presencia en las redes. ¿Miedo? ¿Prudencia? ¿Responsabilidad?

Yo tengo dudas al respecto y comprendo que es un campo que hay que explorar sobre el que nadie tiene la solución perfecta y delante del cual, posiblemente, se juega mejor con prudencia que con osadía. Aún así, son varias las cosas que observo y algunas las dudas que llevo tiempo reflexionando:

  1. La imagen con la que presentarse en el perfil es lo primero que llama la atención. En general, los sacerdotes y religiosos suelen presentarse como tales de manera evidente, siendo su ministerio o su profesión su rasgo más distintivo de presentación. ¿Por qué esto es así?
  2. La política de amistades y seguidores suele ser también clara, en general: aceptan a todo aquel que les pide amistad y a todo aquel que quiere seguirles, aunque en twitter, por ejemplo, eso no se corresponda con un seguimiento mutuo. ¿Es su opción por estar al servicio de todos la que marca la política? ¿Somos conscientes de las consecuencias? Si uno acepta a todos… sólo podrá compartir aquello que todos puedan recibir… Pensémoslo.
  3. Y con respecto al qué compartir, aquí se aprecia una sana diversidad. Hay quién parece sólo poder compartir “cosas de curas y religios@s” hasta el que habla de fútbol, política, actualidad y música como uno más. ¿Se puede? ¿Cuál es la línea que separa lo correcto de lo imprudente? ¿Su vocación conlleva un mayor riesgo? ¿Son personas sin más o son la cara también de la Iglesia, de una diócesis, de una institución?
  4. Si nos vamos a obispos, cardenales, etc. el tema se complica aún más. Pocos son los que comparten con naturalidad y pocos los que interactúan con libertad. ¿Qué nos estamos perdiendo? ¿Qué estamos ganando?

Muchas preguntas y no demasiadas respuestas. Y podríamos hablar de la influencia que su presencia en las redes tiene o tendría en futuras vocaciones… Apasionante análisis que, poco a poco, convendría ir realizando desde dentro y, si hace falta, con ayuda externa. Este es un tren en el que ya hemos subido y que convendría ir conociendo en profundidad. El tiempo de la prueba está ya pasando. Llegamos al momento de ir más allá, más adentro, juntos.

@scasanovam

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