El cuento de la criada

La serie basada en el libro de Margaret Atwood ha hecho que muchos vuelvan la vista a este relato y a la autora. La serie refleja fielmente la idea de la novela, una distropia que lleva hasta el extremo dos elementos que unidos generan una sociedad autoritaria y esclavista: la disminución peligrosa de la fertilidad junto a una  revolución religiosa  que lleva al poder un sistema autoritario basado en las escrituras desde una lectura rígida.

Como señala la autora: “El libro no está en contra de la religión. Está en contra del uso de la religión como fachada para la  tiranía: son cosas bien distintas”. Efectivamente podría tratar de  cualquier religión radical o cualquier ideología llevada al extremo.

Basándose en la literatura testimonial, que en este caso literariamente  resulta eficaz y que permite relacionar la obra con el testimonios de tragedias reales: como señala la autora el de Samuel Pepys que registró el Gran Incendio de Londres o Roméo Dallaire, que dejó testimonio  del genocidio en Ruanda o el de Ana Frank que  oculta en su desván relata su vida previa al Campo, construye un relato basado en las anotaciones de una esclava. Vemos el deseo de testimoniar el dolor, la humillación con la esperanza de que el mundo conozca, de vencer con la palabra la tiranía. Conmueve esa ilusión de combatir las armas con la verdad, con la palabra.

En la novela ha habido una revuelta que acaba con el gobierno e implanta uno que se basa en una nueva legislación. Hay varias clases sociales. La privilegiada se aprovecha de las mujeres fértiles que no son de su grupo para esclavizarlas con la idea de que tengan hijos de la pareja. El esposo fecunda a la esclava en las rodillas de la esposa tras una ceremonia sagrada. Si la esclava logra ser embarazada el hijo nace mientras que a su vez la esposa ejecuta un rito de falso parto paralelo. El hijo, tras una breve lactancia, le es arrebatado a la madre. La crueldad de la situación quiere relacionarse con la Bíblia, con Sara o Rahel quienes usaron a sus esclavas para dar hijos al esposo. Si bien el paralelismo es claro, en la Biblia no hay una crueldad sistematizada. Aunque evidentemente permite una nueva lectura.

Dice la autora: “Defred registra  su historia como buenamente puede” Defred tiene una hija y un marido que ha logrado huir. Es interesante el análisis de las distintas posturas ante el drama. La sumisión, el amor, la colaboración con el mal. Así como el deseo de huir.

La novela escrita en los ochenta es de terrible actualidad. Fanatismo religioso, esclavitud, niños robados. Sea en América o en Asia la privación de la libertad, el autoritarismo rompe el orden de lo que debe ser una sociedad emancipadora y libre. Por eso la obra ha tenido hoy un éxito insospechado, porque mediante un juego distropito señala con su dedo tembloroso el rostro de la línea, la frontera que debemos urgentemente proteger. Creo que el totalitarismo se combate si al inicio, antes las primeras señales, los mismos fieles al grupo son capaces de contener a los radicales. Luego es tarde.

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