El cuento de la criada y otras historias de terror

Hace poco he terminado un libro intrigante “El cuento de la criada” (Editorial Salamandra) de la canadiense Margaret Atwood, que os recomiendo encarecidamente. La autora crea una historia haciendo un ejercicio interesante: imagina qué sociedad acabaríamos siendo si los argumentos más extremistas sobre el rol que debe cumplir la mujer se hicieran realidad. El resultado es, ciertamente, desolador. Y es que cuando los extremos logran imponer su relato lo que queda es desolación.

[ctt template=”3″ link=”O2E8e” via=”yes” ]Cuando los extremos logran imponer su relato lo que queda es desolación[/ctt]

Pero los libros son fantasía, y la realidad es otra historia, dirán ustedes. Pues a pocos días de terminar el libro, cuando ya me había sacudido la inquietud del cuerpo, vi este reportaje de un reportero jordano preguntando a hombres qué harían si sus hermanas decidieran empezar a trabajar.  Es estremecedor escuchar esa vinculación entre las decisiones que una mujer tome (en el caso del reportaje la pregunta es acerca de una hermana que decide trabajar) tiene un efecto directo en la masculinidad -ese bien tan preciado- del entrevistado. Si ella decide trabajar arruinaría mi masculinidad, dice uno. Y otro defiende que si lo hace tendría derecho a matarla, porque se trataría de una cuestión de honor.

¿Piensa usted que eso pasa sólo en paises lejanos y atrasados? Pues esa es una razón que se escucha bastante entre los maltratadores de mujeres en España: ella hace cosas que me hacen sentir menos hombre, y tengo derecho a defenderme -no obedecer, trabajar, ver a sus amigas o a su familia- ¿Piensa usted que eso es algo ajeno a su realidad? Pues la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2015 señala que el 12,5% de las mujeres de 16 y más años que viven en España han sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida.

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Algunas de estas tristes situaciones las generan partidos políticos que las llevan adelante con nuestros votos. Esta semana Gonzalo Fanjul, de la Fundación PorCausa, describía otra de las realidades que descorazonan en el programa El Intermedio el giro que han ido tomando las políticas migratorias en la Unión Europea y cómo los partidos xenófobos han conseguido trasladar el eje del debate público hacia el extremo, hasta el punto que algunas medidas que hace algunos años nos habrían parecido inconcebibles, ahora nos parezcan tolerables. Por ejemplo, el acuerdo con Libia, ese “estado fallido” donde hace un par de meses CNN denunció la venta de inmigrantes y refugiados por 400 euros, y que recibe fondos europeos para ejercer demuro anti inmigración. Un estado de milicias fuertemente subvencionado para violar los derechos humanos en nombre de la región más rica del mundo. Y esto pasa en las fronteras de los países en los que vivimos.

[ctt template=”3″ link=”cD1Gm” via=”yes” ]Los partidos xenófobos han trasladado el eje del debate público hacia su extremo: medidas que hace algunos años habrían parecido inconcebibles ahora parecen tolerables[/ctt]

Escucho cada vez más argumentos irracionales, comparaciones exageradas, falacias flagrantes para sostener posiciones extremas. Se nos está quedando un debate público vergonzante, Trump-eando el ejercicio de la reflexión. No acabo de entender muy bien las razones que nos han traído hasta aquí, pero me temo que, tal como señalaba Fanjul, los extremos nos están cambiando el eje del debate en más dimensiones que las políticas migratorias.

Se nos está quedando cada vez más despoblado el espacio del bien común. Ahora resulta que la mesura es cobardía y la moderación tibieza. Los míos contra los que sean. Me niego. Aunque no sé muy bien cómo resistir porque a veces me siento impotente. Una opinión extrema y sin ninguna evidencia parece que deba ser tomada en serio si se grita lo suficientemente alto. Aún en contra de todo lo conocido del tema o de lo que los datos señalan. Hace poco escuché dos de estas perlas “los trabajadores pobres no existen” y “no hay pobreza infantil” ¿qué hacer ante el argumento exagerado que no acepta criterios mínimos de realidad? Pues yo no lo sé, pero se aceptan, amigos y amigas, todas vuestras amables sugerencias.

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[ctt template=”3″ link=”e8KG2″ via=”yes” ]Ahora resulta que la equidistancia es cobardía y la moderación tibieza: Los míos contra los que sean[/ctt]

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