Cuando el mercado mejore…

Foto tomada de: http://jugandoainvertir.com.ar/blog/el-sr-mercado-como-hacernos-ricos/

“Cuando el mercado mejore subirán los salarios; no es cuestión de acuerdos”. Esto, que afirma un empresario de renombre, la he releído varias veces para poder entender el trasfondo de lo que en ella se dice.

Ya de entrada, con esa contundente esperanza de que “cuando el mercado mejore”, me ha venido a la cabeza esa otra afirmación de que “el mercado se regula solo”. La verdad es que tengo que confesar que, tales sentencias me dejan desconcertada, pues no conozco a ese Sr. Mercado al quien todos aluden cuando no se sabe cómo explicar la situación laboral de nuestro país, bueno…, y de todo el mundo.

Claro, que también puede ser una forma de hablar. Porque explicar el entramado económico y financiero a profanas como yo, puede resulta ardua tarea y complicadísimo de simplificar para las que sólo vivimos el día a día.

Puede que por ello se utilice un término genérico, global y comprensible como Mercado. Pero al querer hacerlo entendible lo vuelve contradictorio, porque, por un parte, se vuelve abstracto al no especificar su verdadero nombre y apellido; y por otra, se le atribuye acciones que, supuestamente, alguien tiene que hacer.

Esto es lo que más me trae de cabeza, si no es nadie en concreto cómo puede hacer algo que afecta tanto a las personas y sus vidas. Cómo puede decidir cuánto cobrará una persona por el trabajo realizado, qué variables utiliza para pagar a unos más que a otros. Cómo es que tiene tanto poder ese Sr. tan escurridizo.

Qué le lleva a pagar un 40,3% menos a las mujeres que a los hombres por un mismo trabajo. Qué le hace suponer que el 20% de los asalariados que gana menos de 1000€ al mes va a vivir dignamente con ese sueldo.

Detrás de “mercado” se esconden todos aquellos que juegan a ser dioses en el mundo financiero, económico, laboral y político. Que reclaman regular, algo que dicen que se regula solo, con alguna ley que les siga ganando la partida y, a la vez, manteniéndose en el anonimato.

Las reglas de este juego, un monopoly a lo bestia, las ponen unos cuantos que dicen que “no es cuestión de acuerdos”. Claro, lo mejor es no tocar nada, no vaya a ser que mediante el diálogo tomemos conciencia de la injusta situación que viven muchas personas y nos veamos responsablemente obligados a cambiarla.

¡Cuánto se enfadaría el Sr Mercado!

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1 Comentario

  1. Hola Pino,

    Voy a intentar contestar a algunas de tus dudas acerca del mercado con la misma explicación que me dieron a mi en su día; a mi me sirvió, y tal vez a ti te sea también de utilidad.

    Tal y como me lo explicaron a mi, el mercado es Pino Trejo. Como no conozco personalmente a Pino, no puedo plantear un ejemplo real, pero voy a hacer una suposición plausible: voy a suponer que Pino solía comprar con frecuencia un refresco de una marca determinada y que, cuando llegó la crisis, se vio obligada a hacer algunos recortes en casa y pasó a comprar un refresco de marca blanca, y con menos frecuencia.

    Los fabricantes del refresco de marca culpan a Pino (y a otros miles como ella) de su descenso en ventas (no mencionan su escasa capacidad de adaptación a las necesidades de Pino, se limitan a explicar el hecho de que Pino ya no les compra) y eso les lleva a reducciones salariales y de plantilla. Muchos trabajadores tal vez piensen que Pino es malvada, avara o materialista, que no piensa más que en su propio interés y no le importa dejar a familias en paro por ahorrarse unos pocos céntimos, pero lo cierto es que Pino tiene que hacer sus propios ajustes, tiene que pensar en su propia economía.

    Ciertamente, esta es una visión muy simplista. Sin duda Pino es el mercado, pero no todo el mercado es Pino. En el mercado se mueven actores mucho más fuertes que Pino; algunos son bien conocidos, como el famoso Soros, que con cuidadas estrategias de movimientos de información y capitales, consiguen grandes beneficios personales que pueden tener gran efecto en economías mucho más pequeñas. Pero hay otros actores igualmente fuertes que suelen ignorarse cuando se habla del mercado: los estados.

    Los estados tienen una gran capacidad de alterar el mercado, porque juegan tanto con grandes cantidades de dinero, como con la posibilidad de cambiar las reglas del juego por la vía legislativa. Una forma muy directa de afectar al mercado son las subvenciones. Los estados, compasivos con los fabricantes de refrescos, pueden decidir subvencionarlas, reducir su precio, lo que puede llevar a Pino a cambiar de idea y volver a comprar más refrescos. Es más, tal vez Pino decida comprar sólo refrescos y dejar de comprar, por ejemplo, zumos, ya que los refrescos son más baratos, de modo que ahora son los agricultores los que sufren las consecuencias del mercado, es decir, de Pino, que compra más refrescos artificialmente abaratados por el estado, y deja de comprar zumos, insensible a la difícil situación en la que eso deja a los pobres agricultores.

    En mi opinión, todo funcionaría mucho mejor si los Soros y los estados no manipulasen el mercado, y los productores intentasen ajustarse a lo que demandan los consumidores. Creo que eso es lo que los liberales llaman la “autoregulación” del mercado, y que los antiliberales consideran imposible al mismo tiempo que se esfuerzan al máximo por impedir esa regulación.

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