Cuando las series lo hacen mal, activismo digital

Las series son el nuevo formato audiovisual estrella que conquista hogares de todo el mundo a un ritmo imparable. Parte de su éxito se debe a la revolución digital y tecnológica, esa que puede catapultar al estrellato o hundir en la miseria cualquier nuevo estreno televisivo. La misma que nos permite compartir y debatir cada capítulo, cada trama, cada personaje, con personas de cualquier parte del mundo, generando un universo paralelo que trasciende la pantalla.

Como cualquier producto comunicativo, las películas, series y telenovelas tienen un poder inigualable para afianzar o modificar los imaginarios y normas sociales que las ciudadanas y ciudadanos de los distintos países tenemos asentadas en nuestra manera de pensar y de actuar. No es casual que a raíz del éxito de ‘The Handmaid’s tale’, el debate sobre la gestación subrogada haya ganado protagonismo, o que las túnicas rojas hayan puesto color a las protestas del movimiento feminista estadounidense en esta era Trump. Tampoco es fruto de la casualidad que empecemos a ver un cambio sustancial en los papeles protagonistas femeninos después del éxito de las mujeres guerreras, inteligentes y valientes que toman el poder en Juego de Tronos.

El mes pasado Sony se vio obligada a cancelar en India su telenovela ‘Pehredaar Piya Ki’ por mostrar en horario prime time un matrimonio entre un niño de 9 años y una joven de 18, normalizando y desdramatizando la lacra del matrimonio infantil en un país como la India, donde cada minuto se producen 2 matrimonios infantiles. El revuelo generado en las redes sociales y una petición en change.org que logró 138.000 firmas pidiendo la retirada de la telenovela (tan solo un 0,01% de la población india), pusieron al gobierno indio y a la productora Sony contra las cuerdas, activando el protocolo de revisión del Ministerio de Información y Radiodifusión indio y llevando a Sony a retirar su serie de la programación.

El ejemplo de ‘Pehredaar Piya Ki’ resulta paradigmático: pese a que India ha promovido importantes avances normativos para convertir en delito el matrimonio infantil, esta barbarie sigue estando culturalmente instaurada y tan solo once personas fueron condenadas por ello en 2010. Por eso es tan importante que el mundo audiovisual indio, lejos de perpetuar esta sexualización y violación sistemática de derechos de la infancia, apueste por la ruptura de imaginarios y normas sociales que hagan avanzar a India en materia de derechos humanos.

Todo poder conlleva siempre una gran responsabilidad, y por ello todas las personas implicadas en una determinada creación audiovisual no pueden ignorar el impacto que su obra tenga en la perpetuación de las injusticias sociales con las que debemos lidiar. Y eso engloba, no solo a guionistas, productoras y programadoras, sino también a actores, actrices, equipos técnicos, y por supuesto a cualquier espectador. La valentía que mostró la actriz Teresa Lozano al desvincularse de la película ‘Ligones’ por hacer apología de la violación debe dejar de ser una actitud anecdótica para convertirse en tendencia.

El activismo digital funciona. Nos permite aglutinar la voz ciudadana para cambiar políticas, gobiernos, empresas, realidades, y también producciones televisivas y cinematográficas. Todas y todos somos responsables y tenemos la obligación de alejarnos de la indiferencia y tomar partido. Las grandes productoras y holdings mediáticos deben sentirse vigiladas, deben notar nuestro aliento y saber que no nos quedaremos indiferentes ante la normalización de las injusticias sociales.

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