Cuando todo está conectado…

José Luis Graus.

“Todo está conectado” (LS 16, 91, 117, 138, 240). Ya hemos oído y leído muchas veces que esta frase que el Papa Francisco repite varias veces en Laudato Si tiene gran relevancia. Nos gustaría seguir profundizando en esta idea que está llena de vida y de dinamismo…

En este mundo líquido y fragmentado, que todo esté conectado no deja de ser un signo de esperanza. Corremos el riesgo de pensar en que la ecología, la conversión ecológica, ocupen una parte de nuestra existencia, o un momento de nuestra historia. La ecología, tal como se presenta en este texto del Papa, y tal como la sienten y la viven muchas personas -creyentes o no- en el mundo entero, está en relación, está conectada con otras muchas cosas. Veamos algunas….

  • Ecología y bien común. Una vida más ecológica sin duda está conectada con el bien común, no solo con el bien de una pocas personas o con el bien en algunas partes del planeta. Una ecología vivida con honestidad suma, y mucho, en beneficio de toda la realidad.
  • Ecología y generosidad. Una vida ecológica no se vive sólo para sí, sino que se vive también para la realidad; comparte, está abierta hacia las demás criaturas… Sabe recibir respetuosamente, pero también sabe dar sin reservas.
  • Ecología y responsabilidad. Una vida ecológica, en conexión con la realidad, obra, decide, piensa, siente con responsabilidad, tratando de ser consciente de sus actos y consecuente en sus expresiones. Y cuando esa vida ecológica se une a otras vidas ecológicas no solo es responsable, sino que además se hace corresponsable.
  • Ecología y globalidad. Una vida ecológica se sabe, se siente, se reconoce, se experimenta como parte de un todo infinitamente más grande, más amplio, más hondo que su propia existencia. Se vive formando parte de un planeta, de un universo, y se  es capaz de transcender la pequeña historia personal para reconocerse en la Historia.
  • Ecología y cotidianidad. Una vida ecológica también sabe, al mismo tiempo, que se construye desde lo pequeño, desde el abajo y el adentro de su propia realidad. Se siente gota de agua y desde ahí suma, trabaja, construye.
  • Ecología y solidaridad. Una vida ecológica se sabe construida con otras vidas, sabe sumar para que otras vidas sean mejor, busca sumarse a la causa de la tierra y de las personas que la habitan. No puede vivir ajena, no mira para otro lado, no hace oídos sordos.
  • Ecología y austeridad. Una vida ecológica sabe que menos es más, que en el decrecimiento se esconde una sabiduría inusitada que alimenta el corazón. Reconoce que ser es más enriquecedor que tener, y que el desprendimiento libera de un modo no previsto.
  • Ecología y contemplación. Una vida ecológica sabe que en el silencio de la tierra se va gestando la Vida, que unos ojos atentos disfrutan de las maravillas que acontecen ante sí. Que en saborear cada instante, cada encuentro, cada experiencia… consiste lo importante.
  • Ecología y paciencia. Una vida ecológica se va tejiendo de un modo calmado, sin prisa, a fuego lento; no reconoce en la inmediatez a una compañera de camino. Caminando despacio está convencida que llegará lejos.
  • Ecología y alegría. Una vida ecológica no es ignorante de la realidad, ni de los esfuerzos necesarios, ni de los dolores de la humanidad, pero emprende su camino con alegría -serena, sencilla, pero real- y esa sonrisa que emerge del corazón es antídoto seguro contra cansancios y desesperanzas.
  • Ecología y humildad. Una vida ecológica sabe que la fragilidad, que la dosis razonable de incoherencia, caminan junto a ella. Por eso emprende su camino sin ponerse por encima de las demás vidas, sin juzgarlas, sin pretender ser maestra.

Y creo que podríamos continuar con una larga lista de palabras, de ideas, de conceptos, de valores, de sentimientos con los que la ecología está conectada. Quizás el verano sea un buen momento para redescubrir, cultivar, cuidar… todas estas y otras muchas conexiones que pueden establecerse desde una ecología integral que quiere ser Vida.

[Aquí iremos añadiendo las aportaciones significativas que nos hagáis llegar. Nuestro amigo César añade en su comentario:

  • Ecología y educación. Una vida ecológica se transmite con el ejemplo, se aprende descubriendo a quienes transitan por ella con naturalidad; requiere de toda la tribu, comenzando por la familia. Necesita de lugares escolares en los que el respeto sea una máxima común y la primera enseñanza esté constituida por la contemplación de lo demás, de las demás, de los demás, en todo su valor.]

 

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2 Comentarios

  1. Gracias, César. Queda añadida tu aportación al final de la entrada que comentas, por supuesto atribuida a tí.
    Un abrazo
    MIGUEL ÁNGEL

  2. Ecología y educación. Una vida ecológica se transmite con el ejemplo, se aprende descubriendo a quienes transitan por ella con naturalidad; requiere de toda la tribu, comenzando por la familia. Necesita de lugares escolares en los que el respeto sea una máxima común y la primera enseñanza esté constituida por la contemplación de lo demás, de las demás, de los demás, en todo su valor.

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