Crónica del Taller de Lectura: “Maldita verdad” de Empar Fernández

Hemos comenzado el cuarto curso del Taller de lectura y lo hemos hecho manteniendo la fidelidad y la ilusión de los veteranos integrantes del taller y celebrando las nuevas incorporaciones. La novela que ha abierto este nuevo ciclo ha sido Maldita verdad de Empar Fernández.

Empar Fernández (Barcelona) es profesora, columnista de prensa y autora de guiones para documentales.

Ha publicado entre otras obras de ficción, Para que nunca amanezca, Hijos de la derrota, Mentiras capitales y Sin causa aparente.

Ha sido finalista del Premio de Novela Fernando Quiñones con la obra El loco de las muñecas y ganadora del Premio de Novela Corta Rejadorada por La cicatriz.

Maldita verdad, de Empar Fernández. Ed. Versátil, Barcelona, 2016. 276 págs.

Esta obra pertenece a su trilogía sobre la culpa: La mujer que no bajó del avión, La última llamada, que leímos hace dos años en este taller, y Maldita verdad, su última novela.

Se trata de una historia policiaca que gira en torno a Olga Bernabé, una mujer con un divorcio traumático que la ha dejado muy marcada; su hijo Daniel, un muchacho de 17 años al que apenas conoce por su horario laboral intensivo en el hospital en el que trabaja; y un original investigador privado, Raúl Forcano, que descubre a lo largo de las páginas de la novela esa maldita verdad escondida, que no sabemos si la debemos conocer a toda costa.

No hay, sin embargo, una investigación policial, sino una intriga psicológica completamente desnuda de artificios. Ha sido esta la carácterística formal más subrayada  en el coloquio. Novela bien escrita, fácil de leer, pero sin grandes pretensiones desde el punto de vista formal; incluso algunos, si bien hubo otras opiniones discrepantes, llegaron a señalar falta de originalidad y de calidad en el lenguaje, situaciones inverosímiles y un  final flojo abordado por la autora con cierta cobardía. Novela policiaca, pues, sin muchas pretensiones estilísticas, pero con una trama consistente y algunos personajes muy bien definidos, que roza, en algunos momentos, lo histriónico y que nos puede recordar algún personaje detectivesco, aunque rebajado, de novelas de Eduardo Mendoza.

El impacto de la muerte en el seno familiar es uno de los temas recurrentes de las novelas de la autora; y, desde este punto de vista, consigue un  buen resultado, sincero y acertado a la hora de plantear la culpa: el sentimiento de fracaso de unos padres en la relación con sus hijos, la falta de comunicación en las relaciones familiares, los intentos de engañarnos a nosotros mismos y de justificar nuestras decisiones y comportamientos a la hora de enfrentarnos a una culpa que nos supera y que nos resulta inasumible, así como el cariño y la confianza, son abordados como temas cotidianos en la vida de las personas.

Fue esta cotidianidad en el modo de abordar los sentimientos y las historias de los personajes, enmarcados con gran realismo en una Barcelona actual y en una sociedad en crisis económica y de valores, la que más unanimidad consiguió entre los integrantes del taller. Es verdad que la cotidianidad de los personajes y de la situación planteada puede llevarnos a pensar que el tratamiento de un tema tan serio como es el de la relación de los padres con los hijos se haya afrontado con cierta superficialidad y que no se haya llegado a profundizar en otros temas secundarios que aparecen como es el problema que supone en los adolescentes uso de las redes sociales y la facilidad con la que puede llegar a convertirse en instrumento de acoso con consecuencias terribles; pero, ciertamente, es una novela que en pocas páginas, mediante la cercanía de sus personajes, nos lleva a reflexionar sobre nuestros comportamientos y sobre la sociedad de la que formamos parte.

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