Los cristianos al servicio de los desafíos de la humanidad

Los cristianos al servicio de los desafíos de la humanidad. Por todos los cristianos, para que, fieles a las enseñanzas del Señor, aporten con la oración y la caridad fraterna, a restablecer la plena comunión eclesial, colaborando para responder a los desafíos actuales de la humanidad.

Ignoro de quién depende la redacción de estas intenciones y precisamente por eso me tomo la libertad de comenzar expresando un deseo dirigido “a quien corresponda”: ¿no podrían estar formuladas con un lenguaje más parecido al que emplea el papa Francisco? Porque en su enunciado no consigo reconocer ni su naturalidad, ni su sencillez, ni su frescura.

0000997486Yendo más allá del modo de expresión, al tratar de conectar con las intenciones y deseos del Papa en torno a esos “desafíos de la humanidad”, veo que cuando habla de ellos nunca emplea un lenguaje teórico ni enuncia grandes principios universales: se refiere siempre a situaciones concretas y las aborda de un modo muy directo. Recientemente en su discurso de conclusión del Jubileo de la Misericordia habla de “los niños que no tienen nada para comer”, de “las personas que siguen emigrando de un país a otro en busca de alimento, trabajo, casa y paz”; de las cárceles con “condiciones de vida inhumana”, del analfabetismo “todavía muy extendido”, de “la cultura del individualismo exasperado, sobre todo en Occidente”, de la indiferencia de “mirar para otro lado ante las nuevas formas de pobreza y marginación que impiden a las personas vivir dignamente”. El modo concreto de servicio que los cristianos estamos llamados a hacer pasa por una nueva fidelidad a lo aprendido del Señor: “reconocer a Dios en cada persona y luchan para que otros también lo descubran, mirar a los ojos a los descartados y marginados mostrándoles cercanía, proteger y cuidar la casa común, renunciar al propio bienestar por el bien de otros, soportar con fe los males que otros nos infligen y perdonar de corazón”. Esa es hoy una nueva traducción de las Bienaventuranzas y, por lo tanto, la aportación peculiar de los cristianos a los retos que hoy vive la humanidad entera.

La plena comunión de los cristianos es otra de sus grandes inquietudes y por eso ha visto en la conmemoración común de la Reforma de 1517 una nueva oportunidad para acoger un camino común entre católicos y luteranos. Así lo expresó en la catedral luterana en Suecia:

  • “La separación entre católicos y luteranos ha sido una fuente inmensa de sufrimientos e incomprensiones” pero “también nos ha llevado a caer sinceramente en la cuenta de que sin él no podemos hacer nada, dándonos la posibilidad de entender mejor algunos aspectos de nuestra fe”.
  • “Hemos empezado a caminar juntos por el camino de la reconciliación”. “No podemos resignarnos a la división y al distanciamiento que la separación ha producido entre nosotros” y de la “oportunidad de reparar un momento crucial de nuestra historia, superando controversias y malentendidos que a menudo han impedido que nos comprendiéramos unos a otros”.
  • “Debemos mirar con amor y honestidad a nuestro pasado y reconocer el error y pedir perdón: solamente Dios es el juez. Se tiene que reconocer con la misma honestidad y amor que nuestra división se alejaba de la intuición originaria del pueblo de Dios, que anhela naturalmente estar unido, y ha sido perpetuada históricamente por hombres de poder de este mundo más que por la voluntad del pueblo fiel, que siempre y en todo lugar necesita estar guiado con seguridad y ternura por su Buen Pastor”.
  • “Los cristianos seremos testimonio creíble de la misericordia en la medida en que el perdón, la renovación y reconciliación sean una experiencia cotidiana entre nosotros”.

No puede quedar más claro para nosotros cuáles son los caminos a recorrer con nuestra oración, servicio y colaboración.

Dolores Aleixandre

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