Cristianismo sin homofobia

Todas las religiones deben luchar explícita y activamente contra la homofobia, persecuciones y agresiones contra las personas homosexuales. Es una cuestión de vida o muerte. No es una cuestión de doctrina sino de justicia y solidaridad. Grupos extremistas tratan de que la Iglesia católica se radicalice y no quieren que muestre el menor gesto de amistad con los cristianos homosexuales.

¿Son las religiones las principales fuentes de homofobia en el mundo? Tanto creyentes como no creyentes y tanto homosexuales como heterosexuales coincidirían en que sí. En los 70 países en los que la homosexualidad todavía es perseguida penalmente y los 8 que la castigan con la pena de muerte, hay una religión que da el principal soporte moral y doctrinal a tal represión. No tenemos más que recordar horrorizados las ejecuciones de personas homosexuales precipitadas desde torres y terrazas por los fundamentalistas de ISIS. Pero el problema no es sólo musulmán: en los países de tradición cristiana, los delitos de odio contra homosexuales son cometidos principalmente por fundamentalistas cristianos y la principal fuente de homofobia procede de núcleos cristianos. Las religiones y foros ecuménicos tendrían que actuar decidida y explícitamente contra los delitos de odio contra personas homosexuales en todo el planeta. Una mirada al pasado y el presente no puede sino provocar una palabra pública de perdón del cristianismo a las personas homosexuales por su represión sistemática. El posicionamiento de las religiones es crucial para frenar una homofobia que sigue siendo insoportable.

Desde comienzo del siglo XXI, cada 2 días una persona homosexual es asesinada violentamente en el mundo por su condición sexual. En países como México se llega a asesinar a 200 personas homosexuales por año. Datos de 365gay.com señalan que en Reino Unido el 17% de los adolescentes homosexuales han sufrido amenazas de muerte. En Alemania el 66% de los jóvenes homosexuales menores de 27 años ha sido agredido por miembros de su propia familia y el 27% fueron víctimas de burlas de sus profesores. Esa violencia intensa contra los homosexuales es criminal, No debe ser sólo objeto de condena sino que cualquier persona de buena voluntad debe poner su persona, palabra y acciones contra ella.

Los efectos de la violencia y discriminación contra las personas homosexuales produce además un efecto de autoviolencia de extensa repercusión: en Escocia la mitad de los jóvenes homosexuales (15-26 años) recuerdan haber tenido un intento de suicidio. En Irlanda fue un tercio. En Francia el 27% de los homosexuales menores de 20 años intentaron suicidarse y en Alemania el porcentaje es del 18% para los homosexuales menores de 27 años.

¿Es la violencia contra las personas homosexuales un fenómeno en retroceso? Por un lado, la tolerancia crece en todo el mundo en términos absolutos pero por otro lado hay núcleos confesionales que están intensificando la oposición contra el movimiento LGBT, la legitimación de sus relaciones y su presencia explícita en la Iglesia. Algunas iniciativas cristianas solicitan expresamente el odio contra los homosexuales. Un caso extremo es la iglesia baptista de Kansas, donde su plataforma “God Hates Fags” es conocida en todo el país.

El 82% de los estadounidenses evangelistas y pentecostalistas consideran que la homosexualidad en sí misma es pecado mientras que lo piensa también el 29% de otras religiones y confesiones cristianas como los católicos (el dato es LifeWay Research, una compañía cristiana de investigación radicada en Tennessee). La oposición del fundamentalismo cristiano a la homosexualidad está creando un efecto devastador en la religiosidad de las personas homosexuales. Según la agencia Pew Research (abril 2013) entre las personas LGBT hay más del doble de quienes no tienen ninguna afiliación religiosa. Son el 20% en el conjunto de estadounidenses y el 48% entre los estadounidenses LGBT. Es decir, en sentido inverso, entre los estadounidenses LGBT hay un 52% de personas pertenecientes a una confesión religiosa. Pero el extremismo anti-gay está aumentando la desafiliación religiosa y la Esperanza ve cortados sus caminos.

El discernimiento de las relaciones entre cristianismo y homosexualidad es complejo pero la homofobia sólo crea confusión, odio, división, multiplica los estereotipos, destruye todo respeto e impide la reflexión y el propio discernimiento cristiano. Los grupos homófobos critican aceradamente cuando la Iglesia católica es prudente, hospitalaria e inclusiva con las personas homosexuales y sus reacciones tratan de provocar miedo en la Iglesia, destruir los puentes de encuentro, diálogo y colaboración, y obligar a la Iglesia a posicionarse radicalmente contra la homosexualidad. Los extremistas católicos quieren obligar a que la Iglesia se radicalice en reacción contra la Pastoral del Corazón del papado.

Un caso práctico lo hemos tenido en Sevilla. Un grupo de cristianos LGBT llamado Ichthys recibió amenazas de agresión cuando en 2014 convocó una “vigilia de oración por un mundo sin homofobia”. En 2015 la convocatoria se realizó conjuntamente entre Ichthys y la Comunidad de Vida Cristiana, quien se unió solidariamente. Hubo una muy minoritaria pero convulsa reacción que insultó a quienes se reunían a rezar contra la homofobia violenta. Les trataron como degenerados, aberrantes, demoníacos, tonto-católicos, blasfemos, repugnantes, se les atribuyó una “pastoral godomo-gomorritana”, se llamó cobardes a los obispos y se atacó al Papa Francisco diciendo que al responder su “quién soy yo para juzgarlos” ha instalado la confusión en el papado. Pese a esa reacción puntual, los frutos pastorales de esa solidaridad cristiana fueron muy positivos. En el ámbito internacional, la CVX ha situado la pastoral con personas homosexuales como una de sus prioridades y en Chile ha creado herramientas pastorales expresamente asumidas por la Conferencia Episcopal Chilena. Véase en http://www.panyrosas.es/2014-09-Sinodo%20PADIS+CHILE.pdf o en https://waysoflove.wordpress.com/

La Iglesia católica ha experimentado cómo algunas estrategias provida han creado una mayor división en toda la población y dentro del mundo católico, han roto puentes de reflexión, polarizado y hecho imposible el diálogo, generado extremismos en ambos lados y han destruido la posibilidad de discernimiento y deliberación públicas. Ahora hay un poderoso lobby católico que quiere aplicar la misma estrategia polarizadora a la cuestión LGBT. El fracaso será tan o más grave que el que han logrado en materias como aborto y otros asuntos biofamiliares. Hay otra vía posible, más evangélica y menos ideológica, más pastoral y menos táctica. Coincidir en puntos comunes como la lucha sin ambigüedades contra la homofobia es una oportunidad para crear los encuentros en los que se pueda discernir y actuar colaborativamente. La Iglesia debería sumarse a las vigilias de oración contra la homofobia. El propio Cristo pondría su cuerpo en medio de las piedras para defender a las víctimas homosexuales. Como Él, ¿pondrá la Iglesia todo su cuerpo en medio contra la homofobia?

4 Comentarios

  1. Ojalá que se pueda partir de un consenso común: no beligerancia, no agresión, no insultos. Lo demás es manejable, cuando hay un poco de paz en la mente y el corazón. Estoy tan de acuerdo con este artículo, pero tampoco podemos negar cuánta agresividad existe en el lobby gay, posiblemente por toda una historia de ser golpeados y marginados. Pero si uno de los dos no comienza a cambiar, el problema seguirá. Quizás los cristianos seamos los que primero debemos cambiar.

  2. Buen día. Alex, desafortunadamente no todo el mundo tiene la sensatez que se desprende de tus palabras.
    La Iglesia católica no es contundente con este tema. Se anda con medias tintas. Recuerdo que no hace demasiados años la Compañía de Jesús expulsaba a aquellos de sus miembros que en algún momento manifestaban su condición homosexual. Algunos de los que ahora ad extra defienden los derechos de los gays y lesbianas, ad intra guardaron silencio cuando se expulsaba a estos compañeros.

  3. Estimado Jaime: no todos los homosexuales sentimos un odio generalizado hacia la religión. De hecho, algunos somos abiertamente religiosos (católico en mi caso), y llegamos a defender el ejercicio de la espiritualidad y la existencia de las religiones de personas ateas o agnósticas, homo o heterosexuales, que piensan que todas las personas religiosas son intolerantes y fanáticas.

  4. ¿Y que hay del odio generalizado del lobby gay contra todo aquel que profesa sus valores cristianos y se declara abiertamente católico? Cada vez más manipulación, cada vez más mentiras.

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