Crisis política, oportunidad social

La crisis económica nos ha llevado a una crisis política. En España llevamos seis meses sin que se haya podido formar Gobierno y en muchos países europeos se aprecia una gran incertidumbre política. Es una buena oportunidad para fortalecer el tejido social. Y si no lo hacemos es cuando esto puede derivar en una crisis social.

La crisis económica tiene su raíz última en unas políticas que presuponen una concepción individualista de la sociedad. Si el objetivo de la vida de cada uno es buscar su máximo beneficio, su propio interés, medido fundamentalmente en términos de riqueza material, el Estado debe ante todo facilitar que se pueda cumplir ese objetivo. Más aún, si interviene en cualquier otro sentido perjudicará la consecución de una mayor riqueza. Frenará o impedirá la competencia en los mercados, que según la concepción dominante se produce a través de los ajustes de precios. Esto se supone que es además una amenaza a la libertad de los individuos. Estos verán reducida su capacidad de elección al disminuir sus opciones, en vez de ampliarlas hasta el infinito, como se presume que se conseguiría con la competencia en los mercados y el consiguiente progreso técnico.

Esta subordinación de la política a la economía, del Estado al mercado, de lo colectivo a lo individual, sólo se puede revertir si se fortalece la sociedad civil, los valores compartidos y los lazos comunitarios. Lo que verdaderamente constituye al individuo y hace posible su libertad son una serie de instituciones y presupuestos sociales. No como defienden los planteamientos individualistas que fundan el espacio público, incluido el Estado, en una pretendida libertad primigenia del individuo que le lleva a buscar exclusivamente su propio interés. Los acuerdos políticos no pueden nacer sólo ni principalmente de un contrato social para salvaguardar que cada uno pueda actuar en beneficio propio. Se requiere que haya usos sociales y valores que hacen del amor al prójimo, de la búsqueda del bien de todos y especialmente de los más necesitados, el principio básico de la vida social.

Esta es una tarea política porque necesita del apoyo del Estado, pero no es el Estado el que la puede y debe imponer. Inclinar la acción del Estado, la política, hacia la sociedad civil más que hacia el mercado, implica que predomine, en los hechos y no sólo en las palabras, la solidaridad, la misericordia y el amor hacia los demás, frente al egoísmo, la revancha y el odio como motor de la vida. Es necesaria una religión, una acción y efecto que nos ligue fuertemente unos a otros, éste es el significado etimológico de religión.  Y eso no puede nacer del voluntarismo o de la imposición, sino del reconocimiento de la gratuidad, de la fuerza que nos transmiten los que han dado la vida por los demás, incluidos cada uno de nosotros. Sólo podemos amar si sabemos reconocer, incluso en las peores circunstancias, que hemos sido amados primero.
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Algunos creemos que Jesucristo es el “hombre nuevo”, que ha llevado hasta sus últimas consecuencias el amor a los demás porque ha reconocido mejor que nadie al Amor (Dios) recibido. Por eso es el hijo predilecto de Dios, pero todos somos hijos de Dios y todos debemos saber que el que pierde su vida por los demás es el que salva su vida, el que vive de verdad, y que el que trata de salvar su vida a toda costa, la pierde, muere aunque biológicamente siga vivo.  Ciertamente algunos en nombre del amor, de la fuerza que nos une y nos hace personas, han hecho todo lo contrario, desunirnos y llevarnos al egoísmo individualista, pero eso no es razón para negar la fuerza del amor. Negarlo equivaldría a no perdonar a los demás y a nosotros mismos, renegar de la vida porque a veces la hemos destruido con nuestras malas acciones, intencionadas o no. Hagamos de la crisis política una oportunidad para reforzar nuestros lazos sociales y así inclinar la balanza política hacia el lado de lo comunitario más que hacia el de los intereses individuales, pero no esperemos que sea  la política (el Estado) por sí misma la que reequilibre la balanza. Ésta es una tarea de todos y no sólo de los políticos o de unos pocos elegidos, aunque tengamos mayor responsabilidad los que más hemos recibido.

La imagen principal está extraída del vínculo referido a la etimología de la palabra religión: http://etimologias.dechile.net/?religio.n

La otra imagen corresponde a la viñeta de El Roto en diario El País del día 21 de mayo de 2016: http://elpais.com/elpais/2016/05/21/opinion/1463844296_415247.html

 

1 Comentario

  1. Excelente artículo Juan Ignacio. Por numerosos lados afloran reflexiones e iniciativas en este sentido, es decir, la esperanza viva. Entre otras muchas cosas, me parece especialmente oportuno por tu parte situar y diferenciar el papel del Estado y el de la sociedad civil en estos procesos.
    Ahora creo que necesitamos un aporte colectivo de creatividad, audacia y tesón, además de la imprescindible reflexión, para crear nuevas estructuras y formas de vida que favorezcan el desarrollo de los lazos que nos religuen de nuevo, que serán los de siempre pero con formas acordes a las nuevas circunstancias. Y también apoyar decididamente las iniciativas ya en marcha en el mismo sentido. Cada cual según sus capacidades y, sin exclusión alguna, pero sí priorizando en función de la diversidad en necesidades.

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