¿Creer en la muerte?

Una vida que da frutos...

Iniciada ya la Cuaresma desde ayer miércoles de ceniza, me apetece escribir una reflexión de tono homilético. Espero que esto no disuada al lector.

Y comienzo por citar un texto del Evangelio de Mateo que tiene su punto irónico:

Cuando Jesús estaba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los Doce y les dijo por el camino:

“Mirad que subimos a Jerusalén y el Hijo del hombre será entregado a los pontífices y escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles para que se burlen de él y lo

 Salón del Trono (Palacio Real - Madrid)
Salón del Trono (Palacio Real – Madrid)

azoten y lo crucifiquen; pero el tercer día resucitará”.

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró ante él para pedirle algo. Él le preguntó:

“¿Qué es lo que quieres?”.

Ella le dice:

“Di que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”. (Mateo 20,17-21)

¡Qué falta de sensibilidad de esta madre!, pensamos muchos: Jesús anuncia su muerte, y a esta mujer no se le ocurre otra cosa que querer ‘colocar’ a sus hijos en lugares privilegiados del Reino de Dios. Pero antes de juzgar a la buena mujer, haríamos bien en identificarnos con ella. ¿Por qué motivo? Por la sencilla razón de que su forma de recibir el anuncio de la muerte y resurrección de Jesús (v. 19) no es muy distinta a la de muchos de quienes nos declaramos seguidores de Jesús. Al menos, yo creo que cuando oímos hablar de la muerte y resurrección de Jesús, casi automáticamente pensamos que la muerte o la pasión de Jesús no es más que un trámite necesario para demostrar la divinidad de Cristo a través de la resurrección. Y sin embargo, la fe cristiana supone creer en la muerte tanto como en la resurrección.

¿Creer en la muerte?

Una vida que da frutos...
Una vida que da frutos…

¿Creer en la muerte? Creo que en Cuaresma debemos insistir en este aspecto; sí, la fe supone creer en la muerte. Esto es, supone asumir que debemos morir, pero hacerlo no como una derrota, sino como nuestro acto de entrega verdadera y definitiva en las manos del Señor. Creer en la muerte significa que, sea que muramos por un acto heroico, o por persecución, o por ‘simple’ senectud, nuestra muerte ha de ser el último acto de nuestra entrega a Dios en los demás. Significa que, contra la tendencia natural a creer que la ‘redención’ (como quiera que la entendamos) de los seres humanos se hace con buenos medios –como quien tiene dinero para rescatar a muchos esclavos–, asumimos que la verdadera redención sólo es posible poniendo la propia vida a disposición del otro.

Así, mientras Jesús se empeñaba en anunciar su muerte a lo largo de su vida, que era tanto como decir que ésta era un camino de abandono de toda forma de poder que, sin embargo tenía el poder de liberar a otros, muchos de sus seguidores nos empeñamos en tratar de dotarnos de los mejores medios para ‘seguirle’, para ‘cumplir su misión’. Pero, ¿no es esto como querer estar ya «a la diestra y a la siniestra» del reino de Jesús? (Cf. v. 21) ¿No es, a fin de cuentas, creer más en los medios de poder que en la entrega total, que en la plena disponibilidad de lo que uno es y posee? En realidad, esto es creer en la resurrección sin creer de verdad en la muerte. Y claro está, entonces nuestro concepto de resurrección también queda dañado, puesto que ya no se trata de una verdadera nueva vida, un nuevo reino que abre un nuevo espacio de vida por haber pasado por una verdadera muerte.

Cuaresma: un don de vida

Celebrar la Cuaresma supone poner a la propia persona, al ser desnudo que cada uno es, a la disposición del otro. La iglesia puede –y debe– prestar a nuestro mundo muchos servicios a través de sus distintas instituciones. Pero el regalo más alto que puede –y debe– darle a la sociedad, es el del mayor número posible de fieles dispuestos a hallar la vida verdadera en la entrega al otro. De ahí, necesariamente, ha de surgir una ‘economía y una política resucitadas’.

Imágenes tomadas de:

www.saintpauls-ucc.org

www.hola.com

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1 Comentario

  1. Hola Pedro, tengo que reconocer que me cuesta creer en la muerte como la describes. Tal vez porque no tengo la definición de la muerte como enseña la Biblia. También necesitamos entender a dónde van las almas o espíritu una vez que nuestro cuerpo físico deja de estar vivo. Un cariñoso saludo desde Perú.
    Oscar Chavez, de Donostia.
    P.D.
    Si puedes respondeme a oscarchavezgon@gmail.com
    Gracias

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