Creación, amor, justicia = trabajo

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El trabajo en nuestros tiempos se ha convertido para gran parte de las personas en una carga, algo pesado y monótono que sobrellevan como pueden.

El por qué está bien claro: este sistema económico en el que vivimos ha pervertido el sentido verdadero y profundo de la actividad humana convirtiéndola en pura mercancía, y con ella a la persona que lo realiza.

“La persona es la medida de la dignidad del trabajo”, nos decía Juan Pablo II. Pero la realidad ciertamente nos muestra otra cosa: “el dinero es la medida de todo” y la máxima de nuestra propia vida.

Hemos olvidado que el trabajo, no sólo es un derecho fundamental, sino que es un bien para todos los seres humanos, y por lo tanto debe ser respetado y protegido.

Porque el trabajo es Creación, Amor y Justicia.

Es Creación porque se nos ha dado la capacidad de crear, de contribuir a nuestro desarrollo personal, pero también de aportar a la construcción social. Somos creadores que recreamos lo que en custodia se nos ha dejado.

Es el Amor lo que dinamiza el proceso de creación, el proceso creativo y lo que le da sentido. Trabajamos por alguien y con alguien, creando lazos, comunidad. Nos damos nosotros mismos, por amor. Por eso no es posible separar trabajo de persona. No se pueden considerar variables económicas, ni números de una estadística.

Es Justicia. El trabajo como elemento inclusivo, como medio para integrarnos en la sociedad, para generar comunión, también debe servir para que cada persona obtenga lo necesario para vivir con dignidad. Sin olvidar que los bienes nos pertenecen a todos y tenemos que ser responsables con su uso.

De ahí la importancia de que se realice en condiciones justas, respetando todas las dimensiones de la persona: la personal, la familiar, la social, la laboral, la cultural, la espiritualidad…sólo de esta forma se contribuirá a desplegar nuestra propia naturaleza humana desde la vocación.

Una sociedad no se podrá llamar justa si sus ciudadanos y ciudadanas no tienen la posibilidad de trabajar, de tener un empleo digno para ellas y sus familias. Si este no es el objetivo principal de ese nuevo mundo, no podremos alcanzar la paz social, ni estaremos contribuyendo al bien común.

Todos y todas tenemos responsabilidad en llevar a cabo la tarea de restablecer el sentido del trabajo humano, como don, como donación.

En esto nadie puede sustituirnos, cada uno y cada una debemos contribuir para que el trabajo, sea remunerado o no, siga siendo creación, amor y justicia.


Imagen tomada de: https://sites.google.com/site/yisuscrist919constru/

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