El Movimiento Cosmopolita es el gran movimiento del siglo XXI

El Movimiento Cosmopolita es el gran movimiento social del siglo XXI y responde directamente al populismo que ha buscado criminalizar las migraciones y la extranjería, y apelar a lo peor de la gente. La lucha cosmopolita no sucede solo en la defensa política sino que el campo de batalla está en la propia interioridad de la sociedad.

La democracia no se sostiene por la arquitectura jurídica de un país sino por la cultura cívica del mismo. Esa cultura civil conecta el Estado con el pueblo o nación; la política con el proyecto vital de cada persona; las reglas con la interioridad del país. Los problemas graves siempre residen en esa interioridad colectiva, que está formada por los valores, creencias, las formas de sentir de un país, las capacidades profundas o la memoria de las experiencias que siguen orientando su conducta.

Esa interioridad se almacena en forma de principios constitucionales, marcos de referencia, relatos del curso histórico, celebraciones, tradiciones, ejemplos y figuras públicas, obras de arte (que crean iconos que transmiten por la belleza), capacidades de discernimiento público, etc. La Sociología clásica llamaba a esa interioridad alma o espíritu de un pueblo. La Sociología de final del siglo XX se acercó a esa estructura profunda de la sociedad con conceptos como los hábitos del corazón, las disposiciones cívicas o el capital moral.

Cuidar la interioridad de un país es una labor de largo plazo. Es fácil dañarla pero es difícil de hacerla avanzar. Generar humus en la interioridad colectiva requiere una sedimentación hecha con tiempo y transmisión intergeneracional. Un gobierno a corto plazo tiene capacidad para destruirla o degradarla, pero apenas tiene tiempo para crearla. Solamente la continuidad entre distintos gobiernos y partidos es capaz de generar y consolidar esa interioridad. Llama a una misión común que una a dos o tres generaciones. Ahora estamos sufriendo el momento más importante, “el instante más oscuro” de nuestra época.

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Las turbulencias sociopolíticas que sufre Europa giran alrededor de un chivo expiatorio que los populismos han logrado poner en el centro: los migrantes y refugiados, aquellos que tienen menos derechos en el continente. En un movimiento convergente, los secesionismos han pretendido hacernos aparecer a todos los demás extranjeros en nuestro propio país o continente. Han apelado al miedo, el egoísmo, las identidades excluyentes y el odio; han convocado lo peor de la gente justo en el momento de crisis económica en que más unidos necesitamos estar para superar la catástrofe.

Superar la crisis europea necesita dar a batalla no solamente en la defensa de los derechos y en la imaginación de nuevas políticas, sino en el ámbito de la interioridad colectiva. El desafío no es de números, inversiones ni presupuestos, sino de interioridad, de alma, de espíritu. La profunda herida de Europa necesita una conversión en su alma. La respuesta al movimiento populista y excluyente que se ha levantado en todos los países –en forma de políticas migratorias punitivas, secesionismos, antieuropeísmo, nuevos muros, nuevos centros de concentración, etc.-, debe hacer una muy amplia convocatoria que movilice a todas aquellas fuerzas sociales que contribuyen a la creación de interioridad.

El principal movimiento social de este primer cuarto del siglo XXI es el Movimiento Cosmopolita: un movimiento que aboga por la ciudadanía mundial, los derechos de movilidad de las personas, la integración social, el codesarrollo y la solidaridad Norte-Sur, la gobernanza continental y global, etc.  Los migrantes, refugiados y desplazados están en el centro de ese movimiento porque es en ellos donde se manifiestan las mayores contradicciones. Entre esos desplazados se encuentran también las personas sin hogar, llevados a un movimiento continuo y a carecer de un lugar y derechos de vivienda. Además, muchos migrantes y refugiados vierten permanentemente en el sinhogarismo. También quienes sufren la vivienda precaria o los que son expulsados de sus hogares y familias. El Movimiento Cosmopolita busca hacer del mundo un hogar y dar hogar a todo el mundo.

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El reto y la lucha está pasando en el interior de la cultura. El conflicto va más allá de la lógica de los derechos y el bienestar, no es un típico problema moderno, sino que sucede en el orden de las identidades: se pregunta por el ser del otro, por su derecho a existir y coexistir. Por eso en esta etapa de Última Modernidad, es tan importante centrarnos en la sanación y recreación de la interioridad colectiva, de nuestros países, las grandes regiones (Europa, las Américas, el Mediterráneo, etc.) y el planeta, con todo su tejido institucional alrededor de la ONU.

Solamente conseguiremos que el Movimiento Cosmopolita venza al dominio actual del Populismo Exclusor si movilizamos a los tejedores de interioridad. Entre esos, tienen un papel especialmente importante los actores educativos y universidades, los científicos, los artistas, las espiritualidades y religiones, los periodistas y comunicadores, así como los agentes sociales como sindicatos y patronales, etc.

Ya existen diversas experiencias de movilización. Se entronca en el Movimiento de Alterglobalización que se inició a principio de siglo alrededor del Foro Social Mundial, pero necesita ir mucho más allá, ser ideológicamente más transversal y, sobre todo, calar en las clases trabajadoras y populares de nuestros países. No es un movimiento intelectual, sino sobre todo apela a la Sociedad de los Cuidados y los proyectos vitales de las personas y sus familias.

No es un movimiento regeneracionista que busca restablecer la situación previa. Más bien se inspira en los logros positivos de nuestro pasado, para recrear un futuro mejor. El Movimiento Cosmopolita solamente puede avanzar si  es capaz de cambiar el modelo económico, mejorar la democratización de las instituciones, fortalecer la sociedad civil y profundizar la cultura. No se trata solo de dar a los extranjeros sino que la gente debe sentirse implicada en un movimiento de mejora integral.

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El Movimiento Cosmopolita nos llama a posicionarnos a todos y a participar activamente en él. Han saltado todas las alarmas. Ya es momento de que revisemos nuestras lecturas, dedicaciones, militancias, conexiones, etc. y busquemos los modos de unirnos a esta lucha a través e los distintos cauces que están formando este gran río cívico. Frente al egoísmo particularista y exclusor, unámonos a la Gran Revinculación.

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