Corrupción, desempleo, Cataluña y Venezuela

Noticias que no son novedad

Hay algunas cuestiones que se plantean recurrentemente. Las cuatro que probablemente más se repiten son: los casos de corrupción, la evolución del empleo-desempleo, la convocatoria de referéndum en Cataluña y la situación de Venezuela. Conviene tratar de sentar unas bases mínimas de discusión para evitar que se repitan tópicos que acaban por confundir más que aclarar.

La corrupción

La corrupción es por supuesto una cuestión de personas. No todas las personas de un partido político o cualquier otra organización son corruptas. Más aún, suelen ser una minoría. Ahora bien, como señalé en un artículo anterior, más allá de comportamientos personales existen estructuras, costumbres y funcionamientos más o menos institucionalizados que favorecen, toleran e incluso encubren y justifican la corrupción. Es la concentración del poder y la riqueza la que posibilita y acaba convirtiendo en “normal” la corrupción. 

Por tanto, convendría dejar asentado que más allá de juzgar a los culpables, se trata de remover los aspectos que favorecen la concentración del poder y la riqueza. El esencial es la persistencia en los cargos de carácter representativo. No es tanto una cuestión de limitación de mandatos, como de que lo normal debía ser que se renovasen los cargos con la mayor frecuencia posible. Con ello se evitaría que se conviertan en costumbres lo que en el mejor de los casos son vicios o malas prácticas. Supondría a su vez una mayor implicación y participación de todos los representados. La mayoría de los casos de corrupción corresponden a personas que han ocupado cargos de mucho poder y que con frecuencia han permanecido mucho tiempo en los mismos. Han convertido la representación (delegación de poder) en una profesión, lo que es un absurdo.

El empleo

El empleo está creciendo desde el tercer trimestre de 2014 y reduciéndose la tasa de paro. No cabe duda de que eso es mejor que lo contrario. El problema, no obstante, no es sólo de que sea un empleo precario, de carácter temporal, en un alto porcentaje a tiempo parcial, y con remuneraciones muy reducidas en la mayoría de los casos. La cuestión fundamental es que eso indica que es un empleo que se puede destruir fácilmente. Desde 1978 hasta ahora podemos observar que España destruye mucho más empleo que el conjunto de la Unión Europea y de los países de la OCDE en las fases de recesión (1978-1986, 1992-1995, 2007-2014), mientras que en las fases de auge (1986-1992, 1995-2007, 2014-¿?) ocurre lo contrario, crea mucho más empleo que los demás.

El único modo de crear un empleo más estable y mejor remunerado es ir creando unas estructuras productivas donde haya mayor competencia que garanticen una mayor demanda de trabajo y de mayor calidad. Eso implica remover leyes y estructuras que favorecen a oligopolios y monopolios, muchas veces de carácter local ya que se benefician de la arbitrariedad con que pueden actuar muchos ayuntamientos, y establecer unas regulaciones más acordes con los intereses del conjunto de los empresarios y sus clientes. A su vez, es esencial una reforma del sistema educativo que consiga que la práctica totalidad de la población alcance una cultura general suficiente, a partir de lo cual será más fácil que haya una oferta de trabajo más cualificada y con capacidad de adaptación a la demanda de trabajo

Cataluña

La existencia de una mayoría de diputados del Parlamento catalán que apuestan por la independencia de Cataluña supone un reto político mayúsculo. La Constitución Española no tiene previsto un mecanismo de desconexión de un territorio del Estado español, como el que existe por ejemplo en la Unión Europea que ha permitido el Brexit. Eso requiere considerar la conveniencia de una reforma de la Constitución para contemplar en qué casos y de qué modo se podría producir una separación de un determinado territorio de la estructura unitaria del Estado. Téngase en cuenta que nunca ha existido un Estado propio en ningún territorio español y que, por tanto, es muy distinto a los casos en que se ha producido una unificación a partir de Estados previos independientes.

Lo que en todo caso no tiene validez es argumentar que la democracia es votar y que en consecuencia cualquiera pueda plantear cuando quiera y como quiera que se vote lo que en cada momento se le ocurra. La democracia es capacidad de decidir pero dentro de unas reglas que entre todos nos hemos dado y con estructuras sociales que posibiliten una mayor implicación y participación activa de todos. Más que un “poder” elegido es un “poder” repartido”.

Como señalaba en el artículo anterior ya citado: “un poder más repartido es el que permite que haya iniciativas y organizaciones sociales que asumen responsabilidades y dirigen sus asuntos mediante su intervención activa en lugar de esperar que los que mandan lo solucionen. Una cosa es consultar a una asamblea o realizar una votación cuando es necesario decidir algo en lo que estamos implicados activamente pero no acabamos de encontrar una salida común. Otra muy diferente es tratar de implicarnos mediante una consulta o votación en una decisión sobre un asunto que nos resulta ajeno. En un caso es resultado de la participación, en el otro es consecuencia de la manipulación”. Ahí reside la duda fundamental sobre el caso catalán. No está nada claro que la independencia sea un asunto que desde los diferentes ámbitos y organizaciones sociales se haya planteado como necesario o conveniente, sino más bien que se ha puesto sobre la mesa desde arriba.

Venezuela

La deriva política de Venezuela ha llegado a su culmen con la imposición de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) como poder paralelo, y se supone que sustitutivo, del Parlamento. La mayoría de los regímenes autoritarios, cuando no han impuesto un partido único, han tratado de legitimar su poder sobre una base corporativa; es decir, estableciendo un sistema de representación orgánica de las diferentes asociaciones territoriales y sectoriales. El corporativismo supone la confusión entre Estado y Sociedad Civil. La Sociedad Civil pierde su autonomía y sentido para identificarse con el propio Estado. Así ocurrió en casi toda Europa en el periodo entre las dos guerras mundiales, y en España en particular con la dictadura de Primo de Rivera.

La situación de Venezuela no sólo es grave para la mayoría de su población, sometida a una progresiva degradación a pesar de partir de un nivel de vida relativamente alto (no se olvide que según el último informe sobre desarrollo humano de Naciones Unidas, Venezuela estaba en 2015 por encima de México y Brasil en el índice de desarrollo humano). Lo es también para el conjunto de América Latina. La emergencia de América Latina pasa por su integración y Venezuela es un país clave en los diferentes procesos de integración en marcha. La denominada alianza bolivariana (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos, ALBA-TCP) es incapaz de crear una verdadera alternativa que pueda servir de ejemplo a otras experiencias de integración latinoamericanas y que confluya con ellas. Sin lograr poner fin a la fragmentación de Centroamérica (hay pocos países del centro integrados en la citada alianza) y contar de algún modo con los países más grandes (Brasil, México, Argentina, Chile) cualquier proceso de integración está condenado al fracaso.

Las viñetas son de El Roto, diario El País. La foto de Chávez y Maduro es de la agencia Reuters. La imagen destacada es una composición propia a partir de los titulares de noticias de los días 1 y 2 de agosto de 2017 en distintos medios de comunicación

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