La co-responsabilidad en la protección a la infancia

Loli Urizar Nieto. Fundación Hogar San José

A mediados de marzo se encontraron  en Santiago de Compostela profesionales del ámbito de la protección a niñas, niños y adolescentes en sus diferentes modalidades: programas de apoyos familiares, de acogimiento residencial, de acogimiento en familia extensa y familia ajena, de niños, niñas y adolescentes no acompañados… buscando un espacio de reflexión que permita poner en el centro de la intervención a las niñas, niños y adolescentes.

Uno de los ponentes fue Jorge Barudy, referente en temas de maltrato infantil,  buenos tratos, competencias  parentales  y resiliencia que, junto a Maryorie Dantagnan, ha diseñado un modelo de intervención basado en cuatro conceptos básicos: el apego, el trauma, el desarrollo y la resiliencia.

En este modelo de intervención  los profesionales aprenden y experimentan  la importancia del apego terapéutico seguro, imprescindible para acompañar a los niños, niñas y adolescentes en un trabajo reparador destinado a superar las consecuencias de los procesos traumáticos. Barudy siempre habla de parentalidad o marentalidad, y a estas les pone dos apellidos diferentes: la parentalidad biológica y la parentalidad social. La primera es la capacidad de procrear o dar vida a la cría, y la segunda está ligada a las competencias parentales, es decir, a la capacidad que los padres y/o las madres tienen para ejercer una práctica parental suficientemente adecuada. Para ello deben ser figuras cuidadoras, empáticas y protectoras, con presencia, incondicionalidad y disponibilidad, estabilidad y accesibilidad, figuras capaces de aportarles los cuidados que necesitan.

¿Qué pasa cuando un padre/madre no puede ejercer una parentalidad social? Pues que nos encontramos ante padres/madres con incompetencias parentales que van asociadas a los malos tratos infantiles.

Las y los profesionales que trabajamos en este ámbito sabemos que uno de los grandes daños de los malos tratos no es sólo el sufrimiento y el deterioro del desarrollo infantil, sino su repetición. Los niños maltratados que no reciben una protección adecuada y coherente pueden manifestar su sufrimiento con comportamientos violentos hacia los demás o hacia ellos mismos muchos años después.

Puede interesarte:  El coste de informarse

Un porcentaje significativo de estos padres con incompetencias parentales, que violentan a sus hijos, son  victimas ellos mismos de una gran injusticia social, ya que ellos fueron niños o niñas maltratados y no adecuadamente protegidos ni ayudados por la sociedad para superar el daño de estas experiencias.

En una sociedad como la actual, los medios de comunicación y las redes sociales permiten la difusión inmediata y sin límite de las noticias, sin apenas tiempo para contrastarlas, y menos aun para hacer una reflexión ética sobre cómo abordarlas. Medios que incorporan a “expertos” dispuestos a emitir juicios y valoraciones con escasa, y a veces sesgada, base científica y documental, en la que se buscan audiencias y primicias, que a su vez generan opinión pública. En este contexto  nos podemos encontrar que en más ocasiones de las deseadas estos medios no informan sino que mal-informan. Todo ello favorece la expresión de una sociedad, de la que no debemos olvidar formamos parte, que por percibirse informada se erige en juez con capacidad de emitir sentencia firme e irrevocable, experta en síntomas pero incapaz de buscar el origen de los mismos.

Como neurona integrante del gran cerebro social, tenemos una gran responsabilidad y no debemos olvidar ni minimizar la importancia que tiene ser personas (Fernando Trias de Bes), personas comprometidas en  asumir nuestra co-responsabilidad en la protección a la infancia para romper la transmisión intergeneracional del maltrato.

La Madre Teresa de Calcuta solía repetirle a Dominique Lapierre: “El océano está hecho de gotas de agua, así que tu gota es importante porque, con otras gotas, podemos hacer un océano”. La frase, rotunda y conmovedora, nos lleva a una reflexión: todo fenómeno generalizado tuvo que ser iniciado por una primera persona. Si no somos la persona que inicia el fenómeno, dejémonos contagiar y seamos acompañantes-activistas.

Puede interesarte:  Humanizar desde el corazón de la ciudad

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.