Construir una sociedad a golpe de porra

Pablo Font Oporto

Universidad Loyola Andalucía

Los acontecimientos de este 1 de octubre revisten una especial gravedad que no permiten el silencio ni el sosiego. La incapacidad de las diferentes partes, en particular de los sectores más polarizados, para dialogar era ya evidente desde hace tiempo. No hay espacio aquí para reflexionar sobre las responsabilidades históricas que los diferentes actores en este conflicto tienen—que la tienen todos—.

De lo que pretendo hablar aquí es de los sucesos ocurridos este día. No cabe duda que desde un punto de vista estrictamente jurídico-legal la consulta convocada por el Govern no es legal y no respeta el marco actual (empezando por la Constitución y el Estatut), amén de no reunir los requisitos necesarios conforme a los indicadores internacionales. Hasta aquí todo claro.

El problema es cómo se gestiona una consulta a la que acude un alto número de gente esperando poder expresarse, y a la que tampoco se le está dando muchas otras opciones de hacerlo. Por mucho que no agrade, no cabe duda de que al menos el derecho a la libertad de expresión sólo puede ser limitado en situaciones de excepción. La cuestión por tanto es si esta es una situación en que puede hacerse y además es pertinente políticamente hablando.

Al respecto, resulta sorprendente en primer lugar la falta de lógica del actual Gobierno de España, que califica la consulta de “paripé” y simultáneamente aplica (después de suscitar e inducir la necesaria cobertura judicial y fiscal) una brutal represión contra la supuesta farsa. No tiene mucha lógica desplegar una gran cantidad de medios de dudosa pertinencia contra un acto que es jurídicamente ineficaz. En particular, me estoy refiriendo al inmenso dispositivo policial. Un despliegue que (aparte de posibles contraindicaciones, como la crispación que puede generar en esta situación) supone no sólo un menoscabo de la seguridad del resto del territorio estatal, sino también un coste económico importante en un momento en que mucha población sigue sufriendo los costes de una crisis que ha recaído sobre los hombros del sector más débil de nuestra sociedad.

En todo caso, es la propia actuación de esos cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado que, por supuesto, cumplen las órdenes de los responsables (por así llamarlos) políticos del Gobierno, la que concita ahora de manera urgente mi atención. Dicha actuación, desproporcionada e inmoderada, ha provocado en este día unas imágenes lamentables que no merece nuestra sociedad ni nuestros hijos. La falta de capacidad de hacer Política por parte de este Gobierno (incapacidad en la que el Govern catalán intenta secundarlo) le ha conducido a poner en riesgo y menoscabar, en primer lugar, la seguridad de muchos ciudadanos que estaban actuando de manera pacífica. En segundo, la propia seguridad de los mismos agentes. Por último, ha provocado un daño irreparable no sólo para la imagen del Gobierno, sino también de las propias fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, así como del propio Estado español.

La cuestión última es si se puede construir una sociedad de manera represiva. Nuestra opinión es que, en Occidente, y en pleno siglo XXI, no es posible forzar la cohesión social desde la mera acción represiva. El problema es que no es la primera vez que este Gobierno del Partido Popular intenta construir este Estado a golpe de porra. Lo vimos en el 25-S. Lo vimos con la aprobación de la llamada ley mordaza. Y seguramente lo hubiéramos visto en el 15-M si en aquél momento hubiera ocupado la Moncloa.

Ni siquiera la irresponsabilidad de los sectores más radicales del independentismo catalán merece recibir como mera respuesta las cargas policiales. Por cierto, sólo obtiene con eso más fuerza para reafirmarse en una posición victimista que le permite consolidar su relato.

En conclusión, este Gobierno, que no sabe hacer Política, que no gobierna para el bien común de la sociedad (y esto cabe verlo en otros muchos ámbitos como el económico o el energético—valga como botón de muestra el impuesto al sol—), que parece gobernar sólo para sus votantes (o incluso el sector más radical de sus votantes), acaba de cometer en este día un grave error que sólo puede conducir a una mayor fractura social y a que en los próximos días y semanas este conflicto suba de nivel.

El fin de constituir una comunidad política es velar por el bien común de la ciudadanía. Y en caso de conflicto interno, las únicas líneas rojas en el necesario diálogo deben ser los derechos humanos y la dignidad de toda persona. Si alguien cree que a palos es posible resolver los problemas y cohesionar una comunidad, se equivoca. Pronto lo verán.


Imagen: apuntoenlinea.com/

Compartir

8 Comentarios

  1. Mataiotes mataioteton kai panta mataiotes…
    (Mi teclado no tiene caracteres griegos a mano…).

  2. Querido Pablo Font, desde Cataluña, mi gran agradecimiento por tu artículo. Estoy globalmente de acuerdo y en sintonía.

  3. Estimado Don Pablo:
    No veo en mi comentario ninguna descalificación. A no ser que considere descalificación llamar falaz y absurdo a su artículo. Eso no es una descalificación, eso forma parte del diálogo razonado, del que tanto se presume en general, pero que tan poco se aplica en la vida real.

    Le agradezco su educada y detallada respuesta, que no hace sino confirmar mi opinión sobre la visión que Ud. ofrece del tema del 1-O.
    Cierto es que Ud. ha dicho en el 2º párrafo (no en el 1º) que la consulta es ilegal; sin duda Ud. parte de esa realidad. Pero el párrafo que yo le citaba es evidente que evita la palabra ilegal, ya que es la raíz de la situación, lo que genera la presencia policial por mandato de un juez, no del Gobierno. Porque, dicho sea de paso, el Gobierno ni siquiera hubiera mandado a las fuerzas del orden para intentar reconducir la situación a la legalidad. El Gobierno parece mostrar interés únicamente en la economía, y no precisamente en la de los españoles de a pie.
    Dice Ud. mismo: “tendenciosidad en cuanto a centrar en un aspecto…puede que exista”. Esa actitud contamina todo el artículo.
    Evidentemente conozco la diferencia entre Eta, TerraLliure y los movimientos de sedición, rebelión y desobediencia civil. En el caso del 1-O, la diferencia entre todos esos “movimientos” y las bandas armadas…se diluía en determinados lugares en ese fatídico día. Sobre todo en las sedes de los “movimientos” que organizaron y participaron en esos actos de sedición, rebelión y desobediencia civil. Hubo un número difícilmente cuantificable de personas normales, ciudadanos de a pie, – no de Etarras ni de TerraLliure- que ese día se convirtieron en delincuentes. Porque la palabra delincuencia no es vaga en absoluto, característica que Ud. quiere atribuir al palabro; quizá lo sea para Ud. pero la delincuencia, en cualquier sociedad civilizada, no es otra cosa que la acción de delinquir. No le busque tres pies al gato. Y delinquir…siempre es algo inmoral, al menos para un cristiano formado.
    Sobre la corrupción…no tiene que recordarme nada que relacione al PP y la corrupción, obviamente porque yo no tengo ningún vínculo con esa organización. Como Ud. dice, la corrupción política me repugna tanto como a Ud. sea del partido que sea. Y es inadmisible en una sociedad civilizada. Pero le recuerdo que a varios miembros del PP los hemos visto esposados y detenidos en los telediarios, cosa que estamos por ver en miembros de otros partidos a los que la Agencia Tributaria del PP les ha aplicado una misericordia poco habitual.

    Le vuelvo a recordar que los cuerpos y fuerzas de seguridad no son robots, son personas. Y que desde su llegada a Cataluña se les aplicó un asedio e intimidación feroz y rebosante de odio: las sirenas de los bomberos por las noches para evitar su descanso, o las sirenas de los estibadores del puerto, por ejemplo. O las caceroladas y las manifestaciones frente a las comisarias o los hoteles que los alojaban. De eso Ud. no habla, al parece para Ud. no son dignos de ser defendidos. ¿Quizá serán sólo policías violentos? ¿Quizá eran como orcos, incapaces de sentir como humanos…? Ni una línea emplea Ud. para empatizar o para establecer algún lazo de concordia entre los policías y quien lea su artículo. Los policías no se emplearon a fondo, o hubiera habido heridos de verdad, no bajas de marketing televisivo. Y omite Ud. las expresiones de odio enfermizo, ataques, insultos y todo tipo de violencia que los “pacíficos” ciudadanos catalanes infligieron a los policías. ¿Omite Ud. todo esas expresiones de odio deliberadamente o simplemente porque no forma parte del núcleo del artículo? El olvidarse de todas esas infamias (porque no voy a entrar en la organización previa de los actos, los delitos de ocupación de edificios públicos, y la violencia planificada que se vio, que es la raíz de todo lo que luego sucedió con los antidisturbios ) y ataques a las personas uniformadas no me parece casual y hace que todo su escrito sea, como le dije, tendencioso y falaz. En cuanto a lo de la moral…ha sido el Obispo de S. Sebastián quien ha dicho, catecismo en mano, que “el callejón en el que se encuentra Cataluña no sólo es ilegal sino profundamente inmoral”.
    Saludos.

  4. Estimado Don Jesús:
    En primer lugar, le invitaría a calmarse un poco y rebajar el tono de su comentario, que supongo se debe a un ímpetu involuntario. Paso por alto sus descalificaciones globales y poco fundamentadas que hace al inicio y le respondo en algunas cuestiones en las que tal vez no he sabido expresarme con suficiente claridad.
    En primer lugar, en cuanto a la tendenciosidad de mi texto y la omisión de la hispanofobia que desde el Govern se ha ido inoculando en diversos sectores de la sociedad catalana, es esta una cuestión que no forma parte del núcleo del artículo que, como puede ver, se centra en los sucesos de este 1-O. Ahora bien, si lee mi respuesta a Don Rául González Fabre verá que no niego estos hechos. Tendenciosidad en cuanto a centrarme en un aspecto de la actualidad puede que exista. Primero, porque los errores más graves se cometieron ayer por una de las partes, al abusar de la fuerza (dándole además de manera absurda, o bien extrañamente premeditada, munición a los independentistas). Segundo, porque no soy catalán y lo que más me preocupa es la actuación del Gobierno que supuestamente me representa.
    En segundo lugar, me acusa de evitar la palabra “ilegal”. Le aconsejo primero que lea el primer párrafo de mi escrito. Por otra parte, cualquier vulgar licenciado en Derecho sabe que un acto jurídico nulo (y en este caso lo es, por haber sido declarado ilegal en base a su objeto y la falta de competencias del que pretende llevarlo a cabo) carece de todo efecto en el plano jurídico.
    En tercer lugar, afirma que “no puede haber diálogo con el terrorismo, ni con la delincuencia, ni con la corrupción”. Respondiendo por partes a esta omnicomprensiva trilogía, le debo decir en primer lugar que no se trata de negociar con ETA ni con Terra Lliure. No sé si advierte la diferencia de matiz entre el terrorismo y un intento, en todo caso, de sedición, rebelión o desobediencia civil. Los matices son muy importantes, y la aplicación de concretos y contundentes términos con significados en el ámbito jurídico-penal de manera vaga y genérica, muy peligrosa. En ese sentido, la palabra delincuencia también es muy vaga, pues por el momento no se ha dictado ninguna resolución judicial condenatoria y los diversos procesos judiciales están abiertos. Tal vez el matiz “presunta” sería adecuado. Por último, me habla de corrupción. Triste es tener que recordarle la interminable lista de casos en los que dirigentes del PP han sido condenados o están encausados. La propia organización tiene abierto un proceso en el cual, por cierto, no observé tanta contundencia policial (ni judicial). Aunque esto son apreciaciones mías. Por otra parte, si habla de la corrupción del partido político otrora denominado Convergència Democràtica de Catalunya, me repugna tanto como a Usted, y tanto como la corrupción de otros partidos. Pero simultáneamente me asalta la inquietud de no poder explicarme por qué asuntos como un presunto sistema de financiación ilegal que parece haber durado tres décadas o la fortuna de dudoso origen del clan Pujol son cuestiones que han sido silenciadas durante años y han salido a la luz pública en el momento en que el independentismo ha ido tomado más fuerza. Como sabrá, la responsabilidad penal del encubridor puede ser de gran entidad.
    Agotados los supuestos concretos, recoge aquellos que pudieran haberse quedado en el tintero y habla de que no puede dialogarse “con ninguna entidad ni persona que vulnere la ley”. Vuelve a Usted a incurrir en una distorsión de intensidades. Si en este país no pudiésemos dialogar con todo aquel que no pagó el IVA en una factura estaríamos en una situación delicada.
    A continuación, tilda “el terrorismo, la delincuencia, y la corrupción” como “maldades”. Permítame que le haga observar que está confundiendo (y no es la primera vez) los planos moral y jurídico. Si el argumento es que la consulta en sí misma es ilegal, estoy de acuerdo. Si la tilda de inmoral le ruego que me aclare su punto de vista, pues en este punto no acabo de verlo así. Amén de que, en el terreno moral, y salvo las líneas rojas referentes a la dignidad y los derechos humanos, es posible la discrepancia.
    Por último, quisiera advertirle que, si bien los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado actuaban a instancias de órdenes judiciales, existe siempre un margen de discrecionalidad a la hora de ejecutarlas (lo que no justifica tampoco su incumplimiento, como parece haber sido en muchos casos la actuación de los Mossos). En ese margen pueden haber tenido mano los mandos superiores, pero también los responsables políticos (el Gobierno en última instancia).
    Para terminar, le invito a reflexionar sobre la importancia de la concordia, el respeto por las ideas del que piensa diferente y el diálogo en una sociedad democrática. Puede que en ocasiones la ley pura y dura no sea suficiente, y en ocasiones, políticamente hablando, su aplicación estricta no sea la más procedente. No me diga que jamás sintió un sentimiento de injusticia ante alguna decisión judicial que era conforme a Derecho pero que no tenía en cuenta el contexto social, económico, familiar, etc. No invioto con ellos a la desobediencia civil, sino a tener altura de miras y realismo, siempre en aras del bien común. ¿De qué sirve haber sido portada en tantos medios extranjeros por la violencia policial si ni siquiera la misma fue suficiente para paralizar del todo la consulta?
    Insisto en que las pertenencias sociales no pueden imponerse a la fuerza por mucho tiempo. Y el hecho de que la desafección se haya incentivado desde la otra parte no sólo no legitima el empleo de la fuerza para recuperar la cohesión perdida, sino que permite a la otra parte reforzar su posición y (en el modo distorsionado de percibir la realidad por parte de dicha parte) justificar su ruptura. Es mi modesta opinión.
    Un saludo.

  5. El artivulo es absurdo y tendencioso de principio a fin.
    Los pacíficos ciudadanos que se encontraba en el interior de los edificios o en el interior de los recintos (a los que habían entrado el día anterior, sábado) estaban com6etiendo por ese hecho un delito.
    Usted echa en cara las cargas policiales, y echa la culpa al gobierno nacional, omitiendo la profunda y la larga espiral de adoctrinamiento y odio que desde el gobierno catalan y diferentes entidades nacionalistas llevan años alimentando contra todo lo que sea España.
    Esa omisión es injusta, falaz y torticera. Flaco favor hace usted a la verdad y a la justicia siendo parte y criticando sólo una parte del todo. Reprocha Ud. usted construir un estado a golpe de porra; omite Ud. que tampoco se puede construir a golpe de odio nacionalista.
    Para terminar, afirma Ud.:
    “No tiene mucha lógica desplegar una gran cantidad de medios de dudosa pertinencia contra un acto que es jurídicamente ineficaz.”
    Emplea Ud. la expresión “ineficaz” a sabiendas, para ocultar la verdadera expresion: “ilegal”, que es la que da sentido a la intervención policial.
    No puede haber diálogo con el terrorismo, ni con la delincuencia, ni con la corrupción, ni con ninguna entidad ni persona que vulnere la ley. Y este 1 de Octubre todas esas maldades, y más, eran las que se han enfrentado a la legalidad nacional y a aquellos trabajadores del Estado (no lo olvidé, que la guardia civil y la policia son personas y cumplían su trabajo) que han ido a restituir la ley obedeciendo un auto judicial, no una decisión del Gobierno.
    (…Admoniciones personales suprimidas por el webmaster…).

  6. Estimado Raúl, muchas gracias por tu comentario que me permite además matizar aquellas cuestiones en las que puedo no haberme expresado con suficiente claridad. Humildemente te contesto con mi opinión siguiendo el mismo esquema que planteas:
    1º. Creo que el artículo que citas no se inserta en el sector más radical de votantes PP, ni de lejos. Mi respeto para las opiniones vertidas en ese artículo. Sin embargo, creo apreciar que entre los votantes del PP (dada la marginalidad de los partidos de extrema derecha en este país) existe otro sector que lo que quiere no es preservar el Estado de Derecho, sino dar una buena lección a los independentistas, que osan cuestionar la indisoluble unidad de España. Para este sector dicha indisolubilidad se asienta no en la Carta Magna de 1978, sino en la ley natural y una especie de “principios del reino”. Creo es que esas opiniones entroncan con algunas expresiones más o menos exaltadas y más o menos preconstitucionales que hemos podido ver estos días. Y mi temor es si esas opiniones no estarán de alguna manera influyendo en la actual pasión rojigualda que en los últimos días ha empezado a imperar en las fachadas de muchos barrios de clase media, media-alta y alta (ojo, no afirmo que todo el que coloque la bandera constitucional de España en su balcón pertenezca a ese sector extremista del que hablo).
    2º. Cuando hablo de los derechos humanos y la dignidad de toda persona deben ser las únicas líneas rojas que, a mi juicio, deberían existir en un diálogo cordial y leal entre las partes enfrentadas en un conflicto dentro de una sociedad, no estoy afirmando de ninguna manera la posibilidad de saltarse el marco legal a la torera, como está haciendo actualmente el Govern. Lo que estoy diciendo es que las normas legales se pueden cambiar (siempre que con esos cambios se sigan respetando, insisto, los derechos humanos y la dignidad de la persona). Y, por tanto, lo que afirmo es que, si bien la falta de respeto a las normas en un Estado de Derecho no es aceptable (siempre que, realmente, se estén respetando esos mínimos innegociables que ya hemos mencionado), tampoco es aceptable negarse a cualquier diálogo que abra la posibilidad de una negociación para un cambio normativo.
    Por tanto, niego la posibilidad de la legitimidad de una ruptura actual con el marco jurídico existente. No entraré aquí en la cuestión de si el hecho de que nuestro sistema legal actual naciese convalidado por las normas del anterior régimen le pudiese restar legitimidad al actual, pero en todo caso, en mi opinión, la situación de ruptura carecería a día de hoy de legitimidad.
    Sin embargo, la repetición incansable de que este es el marco legal existente (marco que, por cierto, este Gobierno y los anteriores aplican muchas veces a la conveniencia de sus ideologías e intereses, aprovechando la elasticidad del mismo) no es un argumento apodíctico. Las normas se pueden cambiar y de hecho se deben ir cambiando periódicamente, pues no son las tablas de la ley. De otro modo, las normas corren el peligro de quedarse anquilosadas ante realidades que las desbordan. Insisto, siempre dentro de las líneas rojas mencionadas.
    3º. No soy especialista en las cuestiones que comentas en este plano, pero en general estoy de acuerdo contigo en este punto en la imposibilidad de satisfacer todas las expectativas de todos indefinidamente. Sin embargo, más allá de la disputa café para todos/hecho diferencial, querría hacer un par de reflexiones. La primera es mi escepticismo hacia la tendencia que trata de reducir este conflicto a un problema de “pelas”. En este tema hay cuestiones no meramente económicas, sino también convivenciales, culturales antropológicas… La falta de estima por la cultura catalana (empezando por la lengua) es algo bastante extendido en España (a lo que, ciertamente no ayuda, hay que reconocerlo, la confrontación, el victimismo y la cierta hispanofobia de los independentistas más radicales). En definitiva, si en Barcelona estos casi 40 años se ha estado emitiendo (por diversos canales, como el educativo o el mediático) un relato de victimismo, confrontación y ahondamiento cerril en el hecho diferencial, desde el Gobierno central más bien parece haber habido, si no desprecio, al menos sí alejamiento, olvido y percepción del otro como un extraño portador de rarezas.
    Mi segunda reflexión es la siguiente. Sabemos que en este tema hay también una dimensión económica (y fiscal) muy importante. Pero el primero que intentan reducir esto a un problema que cabe resolver en este plano ha sido el Gobierno del PP (y los Gobiernos españoles, en general), tal como dejó traslucir recientemente el ministro Luis de Guindos. A fin de cuentas, recuerda al manejo de la cuestión que hizo el anterior régimen (no sólo en Cataluña, también en el País Vasco). Esta aproximación meramente economista al conflicto creo que no sólo no resuelve las cuestiones de fondo que pueda haber tras ellas, sino que exacerba el mismo por el sentimiento de agravio comparativo que con toda justicia pueden sentir los demás territorios del Estado español. Por tanto, lo que necesitamos es políticos no sólo con mayor capacidad de diálogo sino también que sepan asesorarse e indagar en las múltiples caras que tiene esta compleja situación que probablemente desborda la capacidad de entendimiento de una sola persona.
    Un saludo muy cordial.

  7. En general estoy de acuerdo con lo que dices, salvo más bien hacia el final, en dos aspectos explícitos y uno implícito:
    1. El sector más radical de los votantes de Rajoy apuesta que no quería esto, sino más bien esto otro que señaló Sebastián hace una semana: https://www.republica.com/el-manantial/2017/09/26/desmoralizacion-nacional-por-desistimiento/
    2. “Y en caso de conflicto interno, las únicas líneas rojas en el necesario diálogo deben ser los derechos humanos y la dignidad de toda persona”: la Constitución y la ley también marcan lineas rojas. Si no, se puede llegar lejos a base de ilegalidades siempre que sean políticamente fructíferas. El espacio para la manipulación emocional es absoluto si se rehúsa el mínimo legal.
    3. “el necesario diálogo”: El diálogo que planteó en su momento Artur Mas era económico: el llamado “cupo catalán”. Pienso que el actual sistema de financiación autonómica es absurdo, pero para mí es claro que el necesario diálogo debe ocurrir no entre Cataluña y el gobierno central, sino entre todas las autonomías a la vez más el gobierno central. Las reglas resultantes (más o menos federales) han de ser iguales para todos, sin privilegios cuanto más carlista hayas sido (o cuanto más rico seas en este momento). Esta es probablemente la madre del cordero. Cordero que no se va a resolver a porrazos, estamos de acuerdo, pero tampoco dejando correr las desigualdades todo lo que den de sí, como liberales de uña en el rabo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here