Conferencias, congresos y bolos

– “¡Vaya suerte que tenéis!: Acabáis las clases y a vivir!”

Eso dicen. Y no dejan de tener razón… Sólo que, de forma muy matizada. Como lo que el sentencioso portugués receta, muy elegantemente, cuando no quiere dejar en evidencia al contrario en la discusión: Voçê tem ração, mais não tem toda… E a que tem, não tem muito fundamento…

Y así es: las clases se acaban… Pero luego empieza un entretenido rosario de bolos, congresos y conferencias… en paralelo con la divertida y muy instructiva tarea de corregir exámenes y calificar trabajos de fin de grado, ahora llamados tefegés. A veces -como este año- los congresos primaverales, vienen con adelanto… Va la cosa en función de lo alta o baja que caiga la primera luna llena de primavera, que habrá de marcar la Semana Santa de cada curso.

Pues bien, la tarde del pasado Domingo de Ramos volé a Oporto. Al día siguiente, lunes, 10 de abril de 2017, tenía que impartir media conferencia inaugural en el III Congreso Internacional Cive Morum, organizado por el Instituto de Sociología de la Faculdade de Letras de la Universidade do Porto. Y digo media conferencia inaugural, porque en aquella oportunidad toreábamos al alimón mi amigo y colega de Deusto, Peru Sasía, y un servidor. Lo hicimos a razón de media hora por coleta, y abría la lidia el que suscribe. Como el hilo conductor del congreso era Banca e a Finança Ética, ya podrá la gentil lectora hacerse una pequeña idea, una mínima composición de lugar, de por dónde habrían de haber discurrido mis reflexiones.

Empecé hablando de lo fácil y habitual que es -y siempre ha sido- denostar el dinero -el “poderoso caballero” del maestro Quevedo-; lo bien que sienta criticar el afán de lucro de los ricos y los poderosos; de lo efectista que resulta tildar a prestamistas y banqueros de usurarios y parásitos, de chupasangres de los pobres, de traficar con la más puta de las realidades de la humanidad -Shakespeare dixit-… Y ya puestos, cuando el que articula el discurso contrasistema de turno se embala, es tentador no pararse en barras… Al menos, a mí me pasa… debo reconocerlo. A veces, a uno le apetece, de buen grado, instrumentar un repertorio de argumentos que sirvan, casi, como anticipación del Valle de Josafat para los de la gomina y el chanchulleo.

Y ciertamente, para eso, no hace falta tirar ni de lugares comunes ni de estereotipos: la paradoja salta a la vista con sólo considerar que la mayoría de nosotros -¿verdad, lectora amiga?- nos las vemos negras para llegar a fin de mes, mientras que, a tenor de las cuentas de resultados que presentan en primavera, con el ejercicio del año anterior cerrado, la banca siempre gana… O sea, que tienen mucho dinero… y ganan mucho más siempre -bueno: casi siempre; que la avaricia rompe el saco, a veces; y entonces, tenemos que sacarles entre todos las castañas del fuego, con el bonito juego de “¡vamos a socializar pérdidas en vacas flacas, tranlará!”; mientras que -¿quién lo duda?- se privatizan ganancias a tutiplén en tiempos de bonanza y alegría…

¿Se sabe por qué rescatan bancos y no familias?: Porque –din que– sin corazón no se vive… Pero cojo, ciego, marco, sin un riñón… todavía se puede ir tirando. Esto del orgnicismo metafórico aplicado a un sistema económico -¡qué quiere usted que le diga!-, a mí no me acaba de convencer del todo. Pero… ¡es lo que hay!

Con poco que los que dirigen bancos se esfuercen por no derrapar mucho, metiéndose por trochas estratégicas que no controlan -siempre por mor de un imprudente me too-, el negocio financiero no puede ser más redondo: los bancos reciben dinero de las unidades económicas con superávit -o sea, de los ahorradores- y se lo retribuyen a un interés determinado. Ese dinero, posteriormente, lo prestan a otros agentes económicos que lo necesitan para, a su  vez, invertirlo -las unidades económicas con déficit-. Pero, naturalmente, a éstos últimos, a los prestatarios, les cobran los bancos prestamistas un interés superior al que ellos abonan a los depositantes. Ahí está el denominado margen de intermediación… y una verdadera canonjía, si se sabe uno administrar. Sumad las comisiones que nos cargan de aquí y de allá, contad si son catorce… y está hecho: tenemos comprendido el mecanismo básico del tinglado de la antigua farsa, que diría don Jacinto, el del Nobel.

– ¿Y qué? ¿Algún problema, compadre? ¡Mire que yo doy clase de Derivados Financieros en ICADE…! Y no sé por qué me da que usted es un poco rojelio

– ¡Qué va, hombre! ¡Qué va!… ¡Problema, ninguno! ¡Al menos, en principio!… ¡En principio, no!… Pero es que -¡qué quiere que le diga!-, el dinero no goza de muy buena prensa, que digamos. Virgilio ya se quejaba de la maldita hambre de oro –auri sacra fames-; anticipaba con ello y con ese adjetivo –sacrum aquí vale por “maldito”- a Valverde, León y Quiroga que cantaron con maestría las penas de la desgrasiaíta María de la O. La pobre, había  dejado al gitano que había sido su querer; y aunque, junto al payo, ahora lo tenía y provocaba la envidia de quien la viera, mostraba, sin embargo, unos ojitos morados de tanto sufrir. ¿Y  quién tenía la curpita de tamaña desventura?: ¡Quién la había de tener, mi arma!: Er mardito parné… que mal haya…

– ¡Ya, ya!… Oiga: a usted le parece normal que me ande citando a copleros y hablando de toros a diestro y siniestro. Me parece que es usted un poco facha… O cuando menos, un tanto espanholeiro, que decían los de O bloco . ¿No será verdad, eh?…

– ¿Quién…? ¿Yo…? ¡Qué va, hombre!: Si soy medio perroflauta… De hecho, muerto Islero -¡anda que vaya nombre también tuvo Manuel que ponerle a su lobo checoslovaco…  al que ya no volví a ver a mi vuelta de Oporto-; digo que, muerto Islero, ahora me llevo muy bien con Skol, el perro de mi hijo Pedro… Y flauta no, pero la gaita me gustó de siempre, que para eso soy de Mieres del Camín… Si bien, en mi caso, los motivos son distintos a los que que esgrimiera aquella moza, berrionda de cachondez, cuando dijo en voz alta en el baile, que “¡si me gusten los mozos, ye po’ la gaita…!

Lo que pasa es que me gusta provocar: meter un poquito el dedo en el ojo-“¡la puntica nada más!”, como el de Artieda-; en el ojo de los enteraos… Sin ir más lejos: el otro día en un congreso en Barcelona, en la Pompeu Fabra, tomé un té en el tiempo del coffee-break con una señorita que era partidaria, no ya sólo dal prusás; sino que había dejado dicho en su exposición que la culpa de que el fútbol femenino no arranque ni con la inyección de dinero que aporta la Iberdrola del compañero Galán -¡qué bien lo podía aplicar donde nosotros dijéramos!, ¿verdá usté?-, la tenía el patriarcado, el hombre blanco y los que llevamos corbata… ¡Tal cual! ¡Como se lo estoy contando, oiga! Pues bien, como le digo, tomamos juntos un bebedizo en una mesa de las que te llegan a la altura del brazo, estando de pie. Ella se había acercado, ciertamente, a donde estaba yo con Raúl López Martínez y con otros compañeros de faena; ahora bien, el que hizo el ademán y la invitó a sumarse a nuestro grupito fui yo mismo. Me disculpé por llevar una corbata, que además lucía motivos taurinos… ¡por lo del ojo otra vez, como siempre que me dirijo en AVE allende el Ebro… que no me gusta a mí nada que me prohíban cosas!  Para mí la libertad se resume en averiguar qué puedo hacer, qué no me van a dejar hacer y qué me pueden obligara a hacer -que yo no quiera… Y por allí, hay menos libertad que por estos pagos… Pues, en fin, la señora encajó bien la broma…Y estuvimos departiendo amigablemente. ¿Se da usted cuenta de que, en el fondo, no soy tan malo?

– Ya, ya… Pero… Bueno… Usted viaja mucho, ¿no?…

– Algo… Aunque, a veces, no salimos de Madrid. Dese usted cuenta: Entre el congreso de Oporto y el de Barcelona, aún habría que mentar una charla sobre Doctrina Social de la Iglesia y Economía en la parroquia de Santa Ana y la Esperanza, aquí, por la parte de Moratalaz: mismo a la salida del metro de los Artilleros; una intervención en una de las torres más altas del foro: la de Price Waterhouse Cooper -esta vez, en el marco de una jornada internacional organizada por el Bufete Cremades, la Fundación Madrid Vivo, el IESE y la propia PwC-; y una conferencia que tuve en Úbeda, en la SAFA, sobre la necesaria colaboración entre la empresa y las instituciones educativas… Si de verdad aspiramos a hacer traza de resolver alguno de los intrincados problemas que tenemos todos en la agenda, no nos queda otra que arrimar juntos el hombro y remar con buen rumbo y mejor compás… En Úbeda me trataron a cuerpo de rey, me regalaron unas botellitas de verdadero oro picual…  Además tuve la suerte de que Antonio Almagro -el hermano de don Juan José- me explicara la arqueología, la historia y el arte de la iglesia de Santa María de los Reales Alcázares…

– ¡Pero, a lo que vamos! ¿Y en qué paró lo de Oporto? ¿Qué contó usted en la parroquia? ¿Qué dijo en la torre PwC?

-¡Tranquilo! ¡No se me revolusione!que diría don Mario Moreno… Todo irá por sus pasos contados, siquiera sea de manera muy sintética y en formato telegrama. Como hoy no me va a dar tiempo hablarle de todo, déjeme que nos centremos en Portugal… que este año, están que se salen: además del europeo de fútbol, van y ganaron el sábado Eurovisión… (¡Antoñito, toma nota!).

Pues bien, en Oporto, a más de comer un bacalhau glorioso y de disfrutar de una ciudad encantadora, en la que la primavera volvía a reír con claveles rojos -y perdonada sea la manera, tan sintética, de señalar-, dejé a la consideración del respetable una serie de afirmaciones que, por no hacer el cuento más largo de lo deseable, le sintetizo para que me las valore. Como le digo, otro día le cuento lo de Úbeda, lo de Barcelona, lo de PwC… ¡Ah! Y una más: la de la jornada técnica sobre la Directiva referente a la Información no Financiera que tuvo lugar el pasado jueves, día 11 de mayo, en ICADE, organizada por las Internacionales por la Marca España… y en la que también tuve el honor de poder ilustrar al respetable sobre el concepto de “brindis al sol”…

Las reflexiones de Oporto -¡y no me pida que se las desentrañe!… para eso, léame, en mi Finanzas y Ética -puede hacerlo “de” gratis, que dicen los “inorantes”… pinchando aquí-. Y sobre todo, documéntese en: Ansotegui, Gómez-Bezares y González Fabre (2014). Ética de las Finanzas, Bilbao: Desclée de Brower-; digo que las reflexiones de Oporto fueron las siguientes:

  1. Todo proyecto económico requiere financiación: Son las finanzas que sirven… Así las llama mi amigo Paul Dembinski en un muy interesante libro, editado en Pirámide… Son las que ponen en contacto a ahorradores con inversores con vistas a financiar los proyectos económicos, capaces de cebar la bomba -¡y quiera Dios, que de un sistema sostenible!… Pero esta es otra guerra… de la que, si se terciare, ya hablaremos en otra oportunidad.
  2. Un sistema financiero eficiente resulta de valor estratégico para la empresa porque le ofrece mejor financiación y es esencial para sustentar el crecimiento económico. Constituye un elemento esencial del Bien Común.
  3. Ahora bien, la falta de ética -las finanzas que engañan– distorsiona el sistema, incrementa la desigualdad y constituye un peligro real: las finanzas -pasan de ser un medio, a convertirse en un fin en sí mismas.Por ejemplo: en los mercados de divisas –FOREX- más del 90% de las operaciones son especulativas… bien alejadas, por consiguiente, de la realidad económica de la economía real… Cui prodest?… ¿Quién gana con esto? ¿A quién beneficia? ¿Es cosa que aporte algo al bien común o se trata, más bien, de un casinillo vitando y, en todo caso, embridable… desde el principio de subsidiariedad…? Si tal fuere, ¿a qué esperáis, paisaninos del G-20?
  4. Esta autorreferencialidad, el too big-to-fail… y, sobre todo, la sofisticación de los productos… -que, dicho sea de paso, a veces, no los entiende ni la madre que los parió, y no digo yo ya el mesmo Aristóteles les desentrañara el sentido, aunque resucitara para sólo ello…, sino que, ni siquiera los propios profesores del departamento de Gestión Financiera del ICADE se hacen siempre con el busilis de la cosa… ¡qué faremos los probes mortales!-; digo que a  menudo aquella mirada al ombligo va unida al intento de sustraer la actividad financiera, de manera ilegítima, a las consideraciones éticas y a la valoración moral.

¡Y ya, querido Lucilio, vale! Mañana será otro día. Y en el próximo artículo te seguiré dando cuenta y razón de mis andanzas congresuales, de mis bolos y conferencias en esta primavera reidora… de clases cerradas y notas puestas.

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