LAS LEYES PARA LA CONCILIACIÓN FAMILIAR, UNA ASPIRINA PARA CURAR UN CÁNCER

Es cada vez más difícil en España la conciliación laboral y familiar. Según dice el informe publicado en diciembre de 2015 por el Instituto de Política Familiar y el Instituto para la mujer y la igualdad de oportunidades, más de la mitad de los encuestados considera que, con la incorporación de la mujer al mercado laboral, se ven perjudicados los hijos menores a cargo. Sobre todo, cuando ésta tiene una jornada laboral completa.

En este contexto ¡sean bienvenidas las leyes españolas para una mejor “conciliación”! Intentan lo que siempre hemos dicho “trabajar para vivir y no vivir para trabajar” como se ve en los siguientes detalles:

  • reducción de jornada con reducción proporcional del salario,
  • excedencia por cuidado de hijo o familiar sin derecho al salario,
  • permiso por lactancia de menor de 9 meses,
  • permiso retribuido de dos días por paternidad/maternidad …

Pero yo opino que estas leyes son un placebo para la enfermedad antropológicamente cancerígena del capitalismo, la de considerar al ser humano un individuo y no una persona. Ésta tiene la dimensión social ineludible de entrar a  formar parte de una familia, como bien dice la Doctrina Social de la Iglesia (CDSI 254).

Pongo un caso real de esta contradicción, entresacado de Ana Mª Rivas “Trabajo y pobreza” páginas 133-136.

La fábrica de ultracongelados “La Cocinera”, instalada en Madrid desde 1965, fue cerrada y trasladada a Valladolid al ser absorbida por la marca Maggi. El Expediente de Movilidad Geográfica afectó a 190 trabajadores. La empresa propuso un plan de jubilaciones o prejubilaciones para los mayores de 53 años, y una alternativa para el resto: trasladarse a Valladolid con rescisión de contrato laboral.

Eso suponía al trabajador/a la siguiente alternativa: dejar parte de la familia en Madrid y coger el empleo en Valladolid; o bien quedarse en Madrid con la familia y perder su empleo en Valladolid.

El desgarro familiar ante esta solución lo expresó de manera lúcida una señora de 44 años que se trasladó a Valladolid sin su marido y sus hijos, pero renunció a su puesto de trabajo durante el año de adaptación en Valladolid: “Yo me vine
con todo el dolor de mi corazón porque me dejé allí la mitad de mi vida, mi familia; y si me voy, me voy con todo el dolor de mi corazón porque dejo aquí mi puesto de trabajo, un puesto de trabajo por el que he luchado día tras día”.

Este Expediente de Movilidad Geográfica de “La Cocinera”, siendo legal, pone en evidencia la guerra irreconciliable entre la lógica de la familia y la lógica del capitalismo. La movilidad geográfica, al igual que el resto de prácticas empresariales que se rigen por el principio de la flexibilidad, está al servicio de los intereses productivos, pero no de los productores.

Lo vemos al analizar las causas por las que la empresa “La Cocinera” decidió cambiarse a Valladolid:

  • reducir costes laborales porque el convenio colectivo del ramo de alimentación en Valladolid permitía sueldos más baratos que el de Madrid,
  • reducir a más de la mitad la plantilla de trabajadores de Madrid,
  • ingresar la plusvalía por la venta de sus terrenos de la fábrica que se habían revalorizado al pasar de calificación industrial a urbana.

Está claro que las decisiones de la empresa fueron tomadas desde la lógica capitalista de la búsqueda del beneficio, en oposición a la lógica de la sostenibilidad de la vida humana y familiar. El reto para los trabajadores es caminar por encima de un alambre, aunque tengan una débil red de ciertas leyes que pueden amortiguar la caída.

La sociedad tiene que entender, de una vez por todas, que criar hijos es un regalo que le hacen los padres. El capitalismo, tan aficionado a la contabilidad, debe apreciar que  la familia le ofrece gratis el cuidado de la vida de los futuros trabajadores y consumidores, sin los cuales no sería nada. Si fuese así promovería políticas de conciliación laboral y familiar que harían felices a los padres en el hogar e incluso más productivos en la empresa al trabajar más distendidos.

Dejo para otro momento desarrollar la posición de subordinación de la mujer en la estructura familiar patriarcal, otra de las causas que impide la conciliación laboral y familiar. En esta estructura la mujer ejerce la doble militancia en el trabajo de dentro de casa y de fuera, mientras que el varón sólo asume el trabajo de fuera; en el mejor de los casos aporta una “colaboración” en el trabajo familiar.