Cuando oímos o leemos la palabra que da título de este artículo, a todos nos viene a la cabeza el sustantivo que este adjetivo califica: “enseñanza”. “Enseñanza concertada”. En ocasiones se amplía la expresión y se la denomina “Enseñanza privada concertada” para enfatizar la imagen de contraposición con el otro apellido de la enseñanza: “Enseñanza pública”.

La enseñanza pública y concertada conviven desde hace más de tres décadas. La suya, como todo tipo de convivencia, no ha estado exenta de vaivenes.  Ahora mismo, podríamos decir que no pasa por su mejor momento en algunas Comunidades Autónomas. Y estamos en puertas de elecciones –una vez más–.

“Humildad y estereotipos” era el título que hace algún tiempo utilicé para otro artículo en este mismo blog. En él, con el ejemplo que allí se exponía, intentaba advertir de que el estereotipo, esa concepción simplificada y comúnmente aceptada sobre determinados fenómenos sociales, no siempre es cierto, o mejor, no siempre se cumple. En aquella ocasión, el estereotipo incumplido sería la “tendencia apensar en una cierta sintonía entre la Iglesia y el poder político … de derechas”.

En el tema que nos ocupa hoy, el juicio previo o el estereotipo estaría en la tendencia a pensar que los centros escolares públicos (la enseñanza pública) son objeto de mayor defensa por los poderes públicos de izquierda, mientras que los centros escolares concertados (la enseñanza concertada) son objeto de mayor defensa por los poderes públicos de derecha, atribuyéndose de ese modo una opción –global- por “lo” público a un color político y una opción –global- por “lo” concertado (o privado) al otro color político.

Posiblemente sea así en un determinado número de temas, pero no en todos. Si en vez de hablar de centros escolares, hablamos de centros de protección de menores, (en ambos casos estamos ante instrumentos que dan respuesta a derechos constitucionales de nuestros niños y jóvenes), veremos que el panorama cambia notablemente. En la casi totalidad de las autonomías, de uno y otro color político,el porcentaje de centros concertados es superior (o muy superior en algún caso) al de centros públicos, y en algunas de ellas, precisa, o casualmente gobernadas por partidos de izquierda, se están desarrollando en la actualidad, instrumentos legislativos que prioricen el modelo de concertación sobre cualquier otro.

Que la protección a la infancia sea pública o concertada, no parece ser objeto de acalorado debate; que la educación sea pública o concertada, sí. Esto nos llevaría a deducir que, quizás, la cuestión no sea el apellido: público o concertado, sino el sustantivo: educación, y más en concreto, el control de la educación.

¿Es éste un artículo en defensa de la enseñanza concertada? No es ése su objetivo. ¿En defensa de la pública, pues? Tampoco.

Sólo pretende ser (otra cosa es que lo consiga) un pequeño alegato  en pro de la colaboración, el debate dialogado, la sinceridad, la paciencia, el trabajo conjunto y la mirada en común y a largo plazo. Ingredientes, no únicos, pero sí imprescindibles para cocinar una sabrosa política educativa para nuestros hijos y nuestros nietos.

 

Imagen tomada de: www.heraldo.es