Internet nos ha dado la posibilidad de tejer auténticas redes comunitarias, verdaderas comunidades digitales fuertes con impacto social capaz de transformar la realidad. Brillan y se nombran más los influencers, pero serían nada sin la comunidad que los rodea. No es la persona, sino la comunidad quien tiene verdaderamente la capacidad de transformar, de liderar y de impulsar un proyecto. Internet lo sabe. Seguir pensando en internet como máquinas y claves carece de sentido.

Una comunidad digital fuerte se define por tres parámetros, que pueden analizarse claramente, y de ellos se deriva su capacidad e impacto en la realidad social:

  • Personas comprometidas. No seguidores, como estamos acostumbrados a medir, sino personas que participan activamente, que forman parte imprescindible de la red e interactuan compartiendo y comunicándose entre sí. Por decirlo de algún modo, este núcleo constituye un centro que genera y pone en marcha un movimiento, proyecto, etc… pero no es el último paso.  Anonymus se creó y formó en un chat, que a su vez tenía otros chats más pequeños donde se desarrollaban estrategias propias.
  •  Entorno cercano amplio. La comunidad digital, en su alcance, va sumando personas a su proyecto que permanecen en un segundo plano pero que son esenciales. No son consumidores digitales sino verdaderos agentes de cambio. Este entorno que responde activamente es tan esencial como el primer punto. Su contribución está en la capacidad para referir y expandir el proyecto de forma decidida y constante. A mi modo de ver estas personas, con su acción aparentemente sin importancia, dan vigor y fuerza al proyecto o merman su impacto real. De ahí que un buen proyecto digital dependa de la capacidad de fidelización y cuente con la acción de estas personas. El mundo hacker ha desarrollado técnicas, por no decir tácticas, en las que apoderarse de los ordenadores ajenos es esencial para atacar sus objetivos.
  • Calidad de sus aportaciones y contenidos. Adaptados al medio en que se mueven. Calidad que se define por su contenido y forma, por tanto. En cierto modo, el contenido viene después de lo anterior. Sinceramente creo que hoy se relega el valor del contenido a la formación de una auténtica comunidad. Es más, diría que es la fuerza de la comunidad la que provoca también que surjan buenos contenidos. En este sentido, dos comunidades digitales son muy interesantes: por un lado Wikipedia, en la que el espacio común también comporta discrepancias; por otro, comunidades de noticias e información compartida como Menéame, cuya vitalidad es enorme, pero en la que participar siendo significativo es una tarea muy costosa. En ambos casos, la calidad se define por la recepción que hacen otros usuarios y por la significatividad del contenido.

El poder de estas comunidades es notable. Quienes creen que sólo son un grupo de amigos que divulgan mensajes o que escriben cosas, poco a poco se van dando cuenta de la realidad. Ya hemos escuchado el jaleo que tiene EEUU en sus redes y la posible influencia de Rusia en sus elecciones. Algo que también preocupa a otros países como Alemania. Luego eso que llamamos “digital” no se diferencia tanto de lo que llamamos “realidad”. Son dos caras de la misma moneda.

  • Impacto social. Todo lo digital impacta sobre lo social. Se vinculan mutuamente. Es inevitable que se produzcan cambios en las formas de vida y de ahí las alertas y urgencias por humanizar lo digital y no digitalizar lo humano. Su impacto provoca un pensamiento concreto, unas preocupaciones.
  • Visibilidad de ciertos temas y lenguajes. En línea con lo anterior, lo visible es poder. Lo que se invisibiliza se debilita, se relega a la vida y preocupaciones de unos pocos. Ya sabemos que la creación de #TrendingTopic provoca estar pendiente de unos asuntos, olvidando por tanto otros. Con sus perspectivas, con sus diálogos.
  • Identificación y pertenencia. La comunicación hoy tiene mucho de relación. Quien recibe un mensaje puede reaccionar públicamente a favor o en contra, alineándose con una tendencia o con la otra. Y de ahí a pasar a formar parte de un grupo y sentirse dentro de un proyecto. Cuando un mensaje impacta sobre una persona, con su reacción pública se verá dentro de un grupo.
  • Presión y respuesta social. Las redes sociales ejercen presión sobre las opiniones públicas, y así sobre quien tiene la capacidad de tomar decisiones. Comunidades como change.org en la que se recogen firmas, crecen por la efectividad de su acción. Pero no se pondría en marcha sin la sensación colectiva de que sirve para algo. De ahí que haya alguien que tome la iniciativa de redactar su petición, que luego será apoyada o no.
  • Sensibiliza, despierta inquietudes. Por supuesto, también lo contrario: insensibiliza y adormece. Pero quiero pensar lo contrario, que las redes sociales con su capacidad para aproximar tienen el poder de humanizarnos más que lo contrario. ¿No es muy interesante vivir una época en la que el mundo se hace más pequeño, más humano, más diverso?