Como si fuera un liberal

En mi anterior post sobre la Teoría General de las Chuches intentaba explicar que ante un escenario de incremento constante de la productividad, tal y como viene sucediendo en los últimos 200 años, si queremos generar empleo, no queda otra que consumir vorazmente o repartir el trabajo. Esto no lo digo yo, lo dicen las matemáticas. Yo naturalmente opto por repartir el trabajo.

Pero terminaba el post diciendo que el reparto del trabajo no sería suficiente si no va acompañado de una distribución de las remuneraciones más justa.

Sí, querido amigo liberal, sé que esto te suena a Marxismo, y ahora estarás a punto de hablar sobre Venezuela. Así que, para tu gusto, escribiré este post como si fuera el mayor defensor de las teorías liberales. No importa, cuando nos guía el sentido común, todos los caminos nos llevan al mismo sitio.

El buen liberal, para hacer su diagnóstico de lo que ocurre, lee el periódico EL MUNDO. Pues leamos lo que dice aquí: http://goo.gl/mljJhJ

El periódico El Mundo dice que de cada euro que pagamos los españoles cada vez que compramos un producto, más de la mitad va a pagar beneficios empresariales.

¿Y qué opina la teoría liberal de este diagnóstico? Para eso hay que recurrir a Adam Smith. Adam Smith en todos sus escritos no hace más que intentar defender aquellas políticas que reduzcan los beneficios empresariales a la mínima expresión, ya que los beneficios altos son los causantes de que la vida se vuelva mucho más cara ya que aumentan los precios y reducen los salarios. Leamos sus propias palabras:

En realidad, los beneficios elevados tienden a aumentar el precio de las cosas mucho más que los salarios elevados. Las subidas salariales actúan como el interés simple mientras que las subidas de los beneficios actúan como el interés compuesto. Nuestros comerciantes se quejan mucho de los efectos perjudiciales de los altos salarios y nada dicen de los efectos dañinos de los beneficios elevados. Guardan silencio sobre las consecuencias perniciosas de sus propias ganancias. Sólo protestan ante las consecuencias de las ganancias de otros.

Y es que el buen liberal, como lo era Adam Smith, no se fía de las políticas que vienen dictadas por empresarios y banqueros, sino de las políticas sensatas de los que defienden los verdaderos intereses de los trabajadores. Él decía:

Cualquier propuesta de una nueva ley que provenga de los empresarios debe siempre ser considerada con la máxima precaución, porque provendrá de una clase de hombre cuyos intereses nunca coinciden exactamente con los de la sociedad. Tienen generalmente un interés en engañar e incluso oprimir a la comunidad, y de hecho la han engañado y oprimido en numerosas oportunidades.

Y decía:

El interés general de la sociedad se haya estrechamente ligado al interés de los trabajadores. Lamentablemente, la voz de los trabajadores nunca es escuchada. Por el contrario, el interés general de la sociedad siempre suele ser contrario al interés de los empresarios. Un país en progreso tiene beneficios mínimos, mientras que un país en decadencia tiene beneficios máximos.

Del diagnóstico de El Mundo y de la teoría de Adam Smith y pensando de forma liberal, obviamente sacamos la conclusión de que estamos viviendo un abuso inadmisible.

Pero no se queda aquí la cosa. Aún queda lo más grave: Los que reciben esos desorbitados beneficios, pagan a hacienda muchísimo menos que los que reciben los salarios. La última reforma fiscal puesta en marcha por el partido “supuestamente liberal” permite que una persona que gana 1 millón de euros de renta de capital tenga el mismo tipo impositivo que una persona que gana 50.000 euros de renta salarial.

¿Y por qué, en contra de todas las teorías liberales, se están poniendo en marcha política que solo van en favor de los empresarios y en contra de los trabajadores? Pues el periódico liberal El Mundo nos lo explica muy bien en el artículo citado. Dice:

“Está cambiando la estructura de la distribución de las rentas por la internacionalización de la economía y la presión a la baja de los salarios. Pero, sobre todo, por un sistema fiscal que favorece el beneficio a corto plazo y la baja tributación de las ganancias de capital y empresariales”.

Podemos hablar y hablar y hablar, pero nada se va a resolver hasta que no repartamos el trabajo y las remuneraciones. Porque si hablamos como liberales, sabemos que hay que dar oportunidades a la gente (trabajo) y adecuados incentivos (remuneraciones justas). Lo primero lo conseguiremos fomentando la reducción de jornada conforme aumenta la productividad, como nos dicta el sentido común. Lo segundo lo conseguiremos con un acuerdo global para establecer salarios mínimos en todos los países del mundo y para que el capital pague los impuestos que le corresponde en España, en Irlanda y en las Islas Seychelles.

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