Combatir los peligros del activismo digital

El sinfín de oportunidades que la revolución tecnológica y digital aporta al activismo ciudadano, entraña también serios peligros para las personas que se movilizan en las redes por el cambio social.

Si además eres mujer y tu lucha es feminista, el patriarcado se activa en todo su esplendor y las amenazas para tu seguridad son más alarmantes todavía. Es fundamental ser consciente del riesgo y conocer los mecanismos básicos de ciberseguridad para proteger tu identidad. En muchos países, tu vida dependerá de ello.

En nuestro país estamos hartas del hostigamiento digital cargado de amenazas y violencias machistas que sufrimos las mujeres en general y las periodistas o activistas feministas en particular. Las redes sociales no dejan de ser un espejo del sistema patriarcal y de la sociedad machista en la que vivimos, solo que sin ningún tipo de filtro o autocontrol. El anonimato que permite el Social Media, junto con una libertad de expresión mal entendida, están provocando una oleada de acoso machista desmedido y violento absolutamente insoportable.

La persecución que sufren las activistas feministas puede ser más acuciante aún en aquellos países que aprovechan el rastro digital que van dejando sus acciones para identificarlas. Esa vigilancia panóptica de la que ya hablé en este blog y que amenaza con dinamitar todo el potencial del ciberactivismo.

Los peligros del activismo digital los conoce bien la activista saudí Manal al-Sharif, cofundadora del movimiento #Women2Drive y CEO de Women2Hack Academy. En un artículo que publicaba recientemente, hablaba precisamente de las luces y las sombras que rodean al activismo digital en un país como Arabia Saudí, donde como ella misma afirmaba, “lo más cerca que he estado de experimentar la democracia ha sido desafiar el statu quo a través de mis tweets”.

Las activistas digitales, cuanto más usan las herramientas tecnológicas para conectarse, pensar colectivamente, movilizar a la ciudadanía y promover el cambio social, más vulnerables se vuelven. Porque cuando los datos no están plenamente protegidos, los gobiernos tienen la posibilidad de convertir el Social Media en un arma que destruya el activismo y a las personas que están detrás del mismo.

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Y los datos no están protegidos. Incluso con la mejor configuración de privacidad que pueda desarrollar una experta en seguridad digital como Manal al-Sharif, el negocio de las grandes multinacionales del social media puede jugar una mala pasada. Eso ha ocurrido por ejemplo con Twitter, que este año ha comenzado a ofrecer por 99 dólares al mes el acceso al archivo de tweets desde 2006 de cualquier usuaria, permitiendo a los regímenes autoritarios disponer de la información necesaria para perseguir y silenciar a activistas, disidentes y opositores políticos.

Las ciberactivistas debemos protegernos cada día más y mejor para que los peligros asociados al activismo digital nunca superen las oportunidades que ofrecen para el cambio social. Y esto pasa, como comentaba Manal al-Sharif, por utilizar plataformas tecnológicas alternativas más seguras como Crabgrass, Mastodon y Diaspora, mientras los gigantes del Social Media no den pasos firmes y reales hacia el uso seguro de sus herramientas digitales.

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