Las colas del Neoasistencialismo

Indudable que hay que ayudar, pero ¿no se puede hacer de modo que no se caiga en asistencialismo? ¿No puede hacerse de modo que se genere comunidad ciudadana, fraternidad transformadora y tejido sociopolítico? ¿No puede la “beneficiencia” crear el tipo de capital social y simbólico que transforma la vida social y personal?

Una concejala me dijo una vez su estrategia para ayudar a las personas sin hogar en su ciudad: “Aplico el 30/30/30”, me confesó. Yo me quedé perplejo pues conocía distintas leyes como 20/20 o 20/80, pero nunca había escuchado aquella ley del 30/30/30. -¿Y cómo es ese 30/30/30?-, pregunté curioso. Ella presumió muy satisfecha: “¡Ah! Le doy 30.000 euros a la ONG X, 30 a Y y 30 a Z y ya me quito el problema de encima-. Quedé sin palabras. Carecía de ninguna política ni plan; ni siquiera una idea. Subcontrataba el problema y el pensamiento sobre él. La Ley del 30/30/30 es de nuevo el viejo clientelismo: convertir a las ONG en clientes que hagan de los pobres clientes a su vez. Políticos y mecenas generalmente deciden según el número de beneficiarios, no por cuánta gente realmente se puede medir que se ayuda a sacar de la pobreza. A las ONG no se les suele preguntar por la metodología que emplean sino por las instalaciones que tienen. En Estados Unidos, los políticos pugnan por sacarse fotos en los comedores sociales pero nunca quieren hablar de pobreza, según ha señalado la profesora Tiziana Dearing, de la Social Work School de Boston College (@tiziana_dearing).

El sociólogo José Manuel Parrilla nos dice que estamos sufriendo un tsunami de Neoasistencialismo. Si se observa la respuesta general a la crisis y sus efectos, se podrá comprobar que hay una fuerte tendencia que es así. La respuesta de la principal solidaridad ciudadana y las políticas no van a la raíz del problema. ¿Y cuál es la raíz?

Las campañas sociales han tocado techo, ha escrito la activista y pensadora británica Deborah Doane @doaneatlarge en un reciente artículo The Guardian (http://www.theguardian.com/sustainable-business/2015/aug/24/protest-movement-failings-i-dont-believe-in-it-anymore?CMP=share_btn_tw). Efectivamente, los resultados de transformación están por debajo de lo necesario y esperado. No pasa así con las campañas de recaudación, que siguen batiendo récords. Este año en Reino Unido se ha recogido más dinero para ONG que en toda la historia. A la vez, la mayoría de británicos votó al gobierno conservador de Cameron, al que la ONU acaba de decir que va a investigar porque sus reformas del Estado de Bienestar se sospecha que están violando los Derechos Humanos de las personas con discapacidad. ¿Y qué propone Deborah Doane para lograr mayor eficacia en la Advocacy de las ONG y movimientos sociales? Doane concluye que para tener resultados de mayor alcance, las ONG deben incidir en la transformación de los valores de la sociedad y del estilo de vida de las personas. Y lo cierto es que el asistencialismo no transforma valores ni impulsa nuevos estilos de vida.

Responder a la crisis es luchar por modificar ese modelo neoliberal (con economía social, disciplina fiscal solidaria, regulación de plusvalías globales, etc.). Y como el neoliberalismo también ha infectado las relaciones y culturas, el cambio de modelo económico necesita reconstruir vínculos, comunidad y familia, así como una sociedad civil multiplicada. Y necesitamos una sabiduría cultural diversa, participativa, abierta y profunda. Muchos se dedican a achicar agua pero… ¿se repara la brecha que el neoliberalismo ha hecho en la nave de la Humanidad?

Enseguida sale un argumento: pero hay que dar comida, vestido y techo a la gente. Y eso justifica las colas de reparto de alimentos, los comedores sociales, la multiplicación de roperos… Y ciertamente, mientras se cambia el sistema, las personas necesitamos comer cada día. El problema no es dar comida al hambriento y vestido al desnudo sino el cómo lo haces. La cultura de las colas benéficas ha metido a esta sociedad en crisis en un hoyo peor. Se pierde una oportunidad para generar comunidades alternativas resilientes y el enfoque pierde orta vez la mirada de los derechos. En la cola las personas no se ven cara a cara: son un colectivo porque todos ven al mismo, al que da; las personas no se ven unos a otros. En la cola vives la vergüenza de recibir pero no celebras que puedes dar. En las colas no hay participantes sino clientes de la pobreza. En la cola no hay círculo, asamblea ni comunidad. La cola bienintencionadamente asistencial convierte la sociedad en una descomunal cola de clientes. Hasta los voluntarios forman colas esperando que les den su turno para ayudar. En algunos comedores colectivos se da comida a la gente pero se engorda a los financiadores. ¿El modo como das comida, ropa o techo cambia el sistema? ¿O estamos alargando las lógicas del sistema que nos ha llevado al desastre? Se puede dar comida, vestido y techo de modo que además cambie el modelo, se genere economía sostenible, se teja comunidad y se profundice en el sentido de las cosas.

A una parte del sector ONG se le valora -aun a su pesar- por las colas y se reciben tantos paquetes de comida y bolsas de ropa que se llenan enormes hangares sin saber qué hacer con ello. Y parece que algunos poderes no quieran medir la eficacia de los métodos que emplean las ONG sino la publicidad que reporta la masa de dependientes de su ayuda. Las ONG deberíamos renunciar al prestigio que da el asistencialismo y evitar su visibilización. Pero por otro lado, algunas ONG saben que esa visibilización les da mayor favor de los políticos, atrae donantes y da poder mediático. Si sólo se va a valorar el poder mediático, ¿entonces para qué van a invertir las ONG en eficacia e innovación? Si no hay meritocracia sino clientelismo, entonces se incentiva a que las ONG dediquen sus esfuerzos a conseguir el favor de la “Corte” y no a solucionar los problemas del pueblo. Hay un nuevo viejo clientelismo entre político y ONG: yo te doy fondos y tú me transfieres el capital simbólico del prestigioso asistencialismo. Las ONG que hacen colas de pobres acaban haciendo colas ante los políticos. 

Cuando uno observa la respuesta a la multiplicación de la pobreza, se da cuenta de que la respuesta es asistencialista, que no ha habido la innovación necesaria ni las comunidades se han reforzado. Parece que el debate se ha centrado en recortar versus aumentar. Si llegáramos a recuperar los niveles de gasto social pre-crisis y siguiéramos haciendo lo mismo que entonces, la pobreza no haría sino seguir aumentando. Desde luego hace falta mayor inversión social pero no para hacer lo mismo. El centro del problema es la tecnología social: una tecnología de Trabajo Social capaz de crear ciudadanía, democracia y solucionar problemas sosteniblemente. En los años de máximo crecimiento económico y máximo gasto social, en España la pobreza no disminuyó.

Hay quien dice que en estos momentos de crisis hay que resignarse a sólo poder ser asistencialistas. Pero el asistencialismo siempre es lo más caro de todo. No se es asistencialista por tener pocos recursos sino por querer seguir teniendo a la gente dependiente. O por ignorancia y estar lejos de lo que realmente le ocurre a los excluidos. O por querer repartir dinero a los de siempre y quitarte el problema de encima. Por ahora creo que tiene razón el teólogo y sociólogo José Manuel Parrilla: hay formada una gran cola neoasistencial. ¿Quién quiere buscar métodos eficaces y no clientes? ¿Queremos salirnos de la cola y formar una comunidad transformadora para alternativas de verdad?

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